El futbol en los tiempos del Cóndor

Las dictaduras de Sudamérica utilizaron el futbol para intentar legitimarse. Brasil no fue la excepción. Un gran aparato represivo y de propaganda usó los Mundiales de 1966 y 1970 para conseguir apoyo interno y foráneo a la Junta Militar. Fue un éxito. Diversas investigaciones han comenzado a hurgar en ese fenómeno: ya se descubrió que incluso Pelé ofreció sus servicios a los golpistas.

RÍO DE JANEIRO.- A 50 años del golpe de Estado que dio lugar a una dictadura militar (1964-1985), los brasileños están descubriendo el control impuesto por los soldados sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana. El futbol, una gran pasión popular en el país, es uno de ellos.

“La bala no dejó de girar durante esta noche que duró 21 años. La bala giró y hasta fue muy bien usada por los militares para intentar legitimarse”, escribió en la revista Trivela el periodista Leandro Stein.

Dos años después del golpe, en 1966, la Junta Militar comenzó a utilizar el futbol con fines propagandísticos: El gobierno decidió “crear” cuatro “selecciones nacionales” que recorrieron todo el país, jugaron contra equipos locales y se presentaron al lado de los golpistas. “Las selecciones de 1966 representan un país unido, lo que le convenía a los militares”, resume Gerson Wasen Fraga, historiador especialista del futbol y profesor de la Universidad Federal de la Frontera Sur.

En realidad, en Inglaterra 1966 la Selección brasileña –que era bicampeona mundial– fracasó desde la primera ronda y fue eliminada tras jugar contra Portugal y Hungría. “Esto se explica justamente por el uso de la Selección con fines de pura propaganda. Al final, formaron sólo un equipo a partir de los cuatro, pero que no tuvo tiempo suficiente para prepararse”, considera Leandro Stein.

Réditos políticos

En 1970, para el Mundial en México, la Comisión Técnica de la Selección estaba todavía más militarizada que en 1966, pero los gobernantes privilegiaron el desempeño deportivo sin dejar la propaganda de lado. La canarinha ganó. Por primera vez, el torneo internacional fue transmitido en televisión a color, lo que ayudó a dar el espectáculo de un país feliz cuando, en realidad, Brasil estaba entrando en los peores años de la represión.

Aquel año, el presidente Emílio Medici hizo todo lo posible para que la victoria del “tricampeón mundial” fuera asociada a su imagen. No perdía ninguna oportunidad de aparecer en la televisión con una bandera en la mano, un balón en la otra y hasta mostrando su álbum personal de estampas. Medici recibió a la Selección victoriosa a su regreso de México, levantó el trofeo Jules Rimet y ganó un enorme apoyo popular.

Afuera del Palacio de Gobierno, 1.5 millones de personas fueron filmadas por la Asesoría de Relaciones Públicas –es decir, el órgano encargado de la propaganda gubernamental– coreando la canción  Pra Frente Brasil (Adelante, Brasil), que se convirtió en el himno de las autoridades. Su creador, el publicista Miguel Gustavo, es repudiado en los círculos artísticos del país por haber hecho una canción tan perfecta para divulgar la política de Medici. Y no es azar que la firma Mastercard haya retomado la melodía para promoverse en el Mundial 2014.

En aquel tiempo el público no tenía idea de que los militares vigilaban de cerca a los jugadores para evitar cualquier “subversión”. Pero los soldados infiltraron soplones en el futbol, como lo comprobó el periodista Lucio de Castro durante la realización de su premiado documental Memorias de los años de plomo. El futbol en los tiempos del Cóndor. “Cuando le pasé al jugador Alfonsino toda la documentación de su ficha, él se quedó sorprendido. Sabía que los militares lo vigilaban pero no a tal punto. Estaba ‘acompañado’ en todos, absolutamente en todos sus viajes”.

Fernando Antunes Coimbra (Nando) fue el primer jugador perseguido y detenido por la dictadura, en 1970. En 2011 él recibió por parte de la Comisión Nacional de Amnistía una pensión por “haber tenido que abandonar su carrera profesional” y huir hacia Portugal, donde también fue hostigado por la embajada brasileña.

Sus dos hermanos, Zico y Edu, presentes en el homenaje de 2011, fueron grandes jugadores. Pero Edu se quedó fuera del Mundial de 1970 justamente por las dudas del régimen sobre sus opiniones políticas, después del acoso contra Nando.

De hecho, durante el Mundial de México 1970, un torturador infiltrado, Roberto Guaranys, era el responsable de la seguridad de los jugadores. “México fue un auge en el control porque era el momento más duro de la dictadura. El poder militar controlaba hasta los periodistas que fueron a cubrir el Mundial. Uno de ellos fue impedido de ir a México por orden directa de la Presidencia, como lo comprobó un documento que encontré”, refiere De Castro.

El entrenador Joao Saldanha, que nunca había escondido sus preferencias políticas de izquierda tuvo que abandonar el cargo a pocos meses del Mundial. “Era una contradicción de la dictadura tener a un entrenador abiertamente comunista. Hacía mucho sabían de sus actividades “subversivas” porque lo vigilaban, y era demasiado peligroso mantenerlo en esta posición durante el Mundial. Por eso lo quitaron”, añade el reportero.

Años después, Saldanha confirmó que durante sus viajes al extranjero filtraba a los periódicos internacionales documentos sobre los presos y desaparecidos. Fue conocido como Joao Sem Medo, es decir, Juan Sin Miedo.

El rey ofrecido

Pelé también fue vigilado, pero poco tiempo: los militares rápidamente se dieron cuenta de su “lealtad”, como se muestra en un archivo encontrado por Lucio de Castro. Pelé se prestó al ejercicio de propaganda desde 1969, cuando fue recibido por el presidente Medici por haber marcado su milésimo gol, y desfiló después en las calles de Brasilia rodeado de generales.

“En 1972, en una entrevista al periódico La Opinión, en Uruguay, Pelé había declarado: ‘No hay dictadura en Brasil. Somos un pueblo feliz. Los gobernantes saben qué es lo mejor para nosotros y nos gobiernan con patriotismo y tolerancia’. Lo que encontré en los archivos es un documento inédito de la policía de Sao Paulo, tres meses después del Mundial de México. Explica que el delantero contó que jugadores comunistas quisieron hablar con él sobre la tortura durante un viaje, y que él rechazó este diálogo. Incluso se propuso para hacer propaganda en favor de la dictadura. Él se dispuso a defender el régimen en una dependencia donde se mataba y se torturaba. Es un documento que se quedó 40 años olvidado, pero que explica muchas cosas para entender al Pelé del pasado y también del presente”, relata De Castro.

“En Brasil hay muchas dificultades para hablar del tema y reconocer lo que pasó. Aquí la Confederación Brasileña de Futbol (CBF) esconde los archivos o un jugador como Pelé rechazó hablar con nosotros”, sintetiza el investigador.

Otro caso: Entre 1975 y 1980, el presidente de la Confederación Brasileña de Futbol fue el almirante Heleno Nunes, muy ligado a la dictadura. Fue él quien organizó un partido de futbol especial para la toma de poder del presidente Joao Baptista Figueiredo, en marzo de 1979.

“Tiranos, temblad”

Después de esos años, llegó la generación de Sócrates, Zico, Júnior, Oscar, Éder, Raul y Reinaldo. Este último, mejor jugador en 1977, fue apartado de la Selección por razones políticas, lo que generó un movimiento estudiantil que preguntaba: “¿Por qué Reinaldo no puede tener ideas políticas?”. Ese jugador terminó el Mundial de Argentina 1978 levantando el puño, tal como habían hecho los atletas estadunidenses Tommy Smith y John Carlos en los Olímpicos de México 1968. En ambos casos se trató de protestas políticas que exigían mayores derechos civiles.

El descontrol de los militares se incrementó con el equipo Corinthians, que a partir de 1982 comenzó a colocar mensajes políticos en sus camisetas. La palabra “democracia” provocó un fuerte impacto y se volvió un tema recurrente. En 1983 las playeras tenían un mensaje todavía más claro: “Perder o ganar pero siempre con democracia”. Para la final del campeonato en 1984, el público gritó más fuerte que el himno nacional: “¡Derechos ya!”.

Mientras eso ocurría en Brasil, en Uruguay los aficionados gritaban a todo pulmón, antes de los partidos, un pequeño trecho del himno nacional que reza: “¡Tiranos, temblad!”. Esa nación, al igual que Argentina, Chile, Bolivia o Paraguay, también enfrentaba su propia dictadura militar.

Los tiranos de esos países se aliaron entre ellos y con la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) para destrozar a los opositores izquierdistas del Cono Sur, en un programa secreto que se designó con el nombre clave de Operación Cóndor.

“Lo interesante es ver que el futbol fue también usado en todos los países del Cono Sur como instrumento de  la resistencia. En Chile fue la primera manifestación pública contra los militares: había un jugador que se apellidaba Pinochet y, cuando llegó a jugar, el público se puso a gritar ‘¡Fuera Pinochet!’. En Uruguay también. Los primeros gritos de ‘¡Se va a terminar la dictadura militar!’ se escucharon dentro de un estadio, retoma De Castro.

Así, el futbol usado por los soldados durante años se volvió finalmente contra ellos con una fuerza popular creciente.

“En Brasil, a diferencia de Argentina, existe todavía muy poca información sobre este periodo de la dictadura, y no se sabía casi nada de la relación con el futbol. Escuché toda mi vida a las personas decir: “La dictadura usó el futbol”, pero sin explicar cómo o por qué. Mi deseo era saber si era cierto y qué había pasado con nuestros vecinos en Argentina, Uruguay y Chile, que como nosotros tuvieron regímenes militares y equipos de futbol de alto nivel”, recapitula el periodista Lucio de Castro, quien entre otros galardones por su investigación recibió el Premio Gabriel García Márquez en 2013.

Expresa que él pudo documentar el control de los jugadores y la infiltración de los militares en todos los clubes del país. “No pudimos tener acceso a los archivos más importantes, que son los archivos militares y el archivo sobre la Selección nacional, que está en poder de la Confederación Brasileña de Futbol. Es una entidad privada que se rehúsa a permitir el acceso, lo que es ilegal. Por eso todavía quedan, seguramente, muchas cosas por  contar”, concluye.

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