La huella de FIFA

RÍO DE JANEIRO.– En el lujoso hotel Copacabana Palace de esta ciudad está hospedada la cúpula de la FIFA. Ahí, la policía civil brasileña detuvo al inglés Ray Whelan el lunes 7. En un gesto de deferencia sacó por la puerta trasera al director de Match Services, polémica empresa propiedad de los hermanos mexicanos Jaime y Enrique Byrom.

Desde 1994 ese consorcio se encarga de vender los boletos para los juegos y de rentar las habitaciones de hotel durante los mundiales de futbol (Proceso 1962). Ray Whelan, de hecho, es esposo de Ivy Byrom, hermana de Jaime y Enrique Byrom y también accionista de Match, compañía con sede en Suiza.

El británico está acusado de revender boletos para Brasil 2014. No obstante, a pesar de una “sólida investigación hecha desde hacía meses” dentro de una operación especial denominada “Jules Rimet”, fue liberado al día siguiente de su captura, después de pagar una fianza y dejar su pasaporte a las autoridades brasileñas.

La policía encontró 84 boletos en su cuarto de hotel. Analizó además sus llamadas telefónicas y descubrió que Whelan recibió 900 telefonemas de Lamine Fofona –acusado de ser el jefe de una red de reventa en aquel país, y preso en una cárcel de Río de Janeiro junto a otros 10 presuntos cómplices.

Sin embargo, el viernes 11 Whelan se dio a la fuga. Huyó de su hotel por una puerta exclusiva para empleados, según quedó registrado en las imágenes del circuito cerrado de televisión del inmueble. Dejó sus pertenencias en su habitación. La policía brasileña lo considera “prófugo” de la justicia y su nombre fue incluido en la lista de personas buscadas por Interpol.

Desde hace años, el periodista especializado en la FIFA Andrew Jennings ha denunciado este tráfico de boletos, pero es la primera vez que hay detenciones a un nivel tan alto.

En conferencia de prensa, el inspector encargado de la indagatoria, Fábio Barucke, aseguró que ejecutivos de la FIFA están siendo investigados por el mismo “tráfico de boletos”. Él considera, igual que Jennings, que la red funciona al menos desde hace cuatro mundiales, que este tráfico genera cerca de 70 millones de dólares por cada Mundial, y que parte de esos recursos llega a los directivos de la FIFA.

Naturalmente, esa cantidad no aparece en las cuentas de la Federación Internacional de Futbol Asociación.

Mil millones en un mes

Los años del Mundial son años de oro para la FIFA. Y todo indica que esta Copa es la que más dinero le ha dejado.

Si bien ese organismo se caracteriza por su opacidad, está inscrito en Suiza como una agrupación “sin fines de lucro”. De este modo, las leyes de ese país lo obligan a informar de sus haberes.

Casi todos los ingresos del Mundial provienen de la venta de los derechos de retransmisión para la televisión y los derechos comerciales de sus socios corporativos, como Adidas, Emirates, Sony, Visa, Hyundai y Coca Cola.

La FIFA no publica cuánto paga cada televisora o empresa, pero sí difunde el total. Para este torneo, la asociación vendió por 601 millones de dólares los derechos para transmitir los partidos y obtuvo otros 404 millones de dólares merced a los “derechos comerciales”; es decir, provenientes de sus patrocinadores más grandes. La venta de boletos le permitió ganar 47 millones de dólares e ingresó otros 26 millones de dólares por derechos de licencia (pagados por otras empresas que no llegan al rango de “socias”).

En total, la FIFA ganó mil 78 millones de dólares. Esto equivale a 14 mil millones de pesos. En contraparte, la agrupación erogó 560 millones de dólares para organizar el certamen mundial: es decir, 41 millones menos que lo que consiguió gracias a los derechos de retransmisión. La cifra también puede compararse con lo que Brasil invirtió en el torneo: al menos 15 mil millones de dólares.

Las “socias”

No solamente la FIFA se embolsó mucho dinero con el Mundial; también las empresas “socias”. Ellas tampoco informan los términos de sus contratos con la federación internacional.

La gran mayoría, eso sí, tiene un vínculo añejo con la FIFA: desde 1982 Coca-Cola y Budweiser se aliaron con el organismo, y Adidas y McDonald’s lo hicieron en 1998. Todos esos consorcios han informado en sus comunicados de prensa que esta alianza les permite vender más y mejorar su imagen corporativa.

La firma Adidas, por ejemplo, produce la pelota oficial del Mundial desde 1970 y las camisetas de varias selecciones (Alemania, Argentina, México, España, Colombia). No obstante, no difunde los términos de su contrato con la FIFA: “Debido a políticas globales no podemos compartir datos por respeto a nuestros socios”, responde Rodrigo Chávez Trejo, de la oficina de comunicación de Adidas México, cuando Proceso le pide datos al respecto.

En sus boletines, empero, Adidas informa de ventas “récord” ligadas directamente, según la empresa, a su asociación con la FIFA. “Este año Adidas va a vender más de 8 millones de jerseys (camisetas de Selección) en conjunto, mucho más que en el año del Mundial Sudáfrica 2010 (con una venta total de 6.5 millones de unidades). La camiseta de Alemania tiene un récord de ventas de más de 2 millones de unidades”, se lee en un comunicado.

Otras bestsellers son las camisetas de Argentina, México y Colombia, con ventas de más de 1 millón de unidades cada una. “Además, Adidas va a vender más de 14 millones de pelotas del Mundial 2014: 1 millón de balones más que en el Mundial 2010”.

Zona oscura

En este mundo de negocios de ensueño, la policía civil de Río de Janeiro está molestando a mucha gente con su operativo “Jules Rimet”. Ocurre que no es la primera vez que el mercado negro de boletos sale a la luz pública.

En 2006, el vicepresidente de la FIFA, Jack Warner, no recibió ningún castigo por haber colaborado en la reventa de 5 mil boletos durante el Mundial de Alemania. De nuevo, en Sudáfrica 2010 unos correos electrónicos entre los hermanos Byrom y el mismo Warner fueron dados a conocer por Andrew Jennings; en ellos se evidenciaba que ese negocio seguía.

En Brasil, no obstante, es la primera vez que una policía especializada en fraude logra inmiscuirse en “negocios da FIFA”. El organismo mundial negó cualquier lazo con la red de tráfico y se molestó por la difusión que las autoridades brasileñas le dieron a un asunto que, consideró la FIFA, debía manejarse con discreción procesal.

En respuesta, la policía dio a conocer una foto de Lamine Fofona con el propio Joseph Blatter, presidente de la FIFA. Esta actitud parece demostrar que la tensión que siempre existió entre la agrupación deportiva y el gobierno brasileño está llegando a su clímax.

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