China y América Latina, la necesidad los acerca

BEIJING (apro).- El presidente chino, Xi Jinping, llegó el pasado lunes 14 a Latinoamérica con una agenda política y económica densa para los siguientes ocho días.

Xi estuvo en Brasil, donde acudió a la sexta reunión de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) celebrada en Fortaleza y después a la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos  y  Caribeños  (CELAC). Argentina, Venezuela y Cuba son sus siguientes etapas en un viaje que ha sido calificado por ambas partes como clave para profundizar las relaciones bilaterales.

El presente viaje de Xi a Latinoamérica junto con 150 banqueros y empresarios chinos es el segundo en apenas un año tras haber visitado antes México, Costa Rica y Trinidad Tobago.

La visita apuntala el interés por la región que anunció después de subir al poder en el gigante asiático y subraya la voluntad de Beijing de jugar un papel global más importante.

Los expertos coinciden en el cambio de estrategia: además de las tradicionales relaciones bilaterales, China se acerca al subcontinente desde una perspectiva regional para potenciar su influencia y peso geopolítico. Una prueba es su participación en la cumbre de CELAC, organización que apartó a Estados Unidos y Canadá cuando se formó en 2011. China ya utiliza la vía regional en África, donde el Foro de Cooperación Sinoafricano le permite comunicarse con 50 jefes de Estado.

La visita llega en un momento de expansión económica. Los intercambios bilaterales alcanzaron el año pasado los 261 mil millones de dólares, cuando apenas una década atrás sólo sumaban 12 mil millones de dólares. Pero esa multiplicación por 21 no esconde que aún queda mucho margen de mejora. Xu Shicheng, investigador del Instituto de América Latina de la Academia China de Ciencias Sociales, recuerda que sólo el comercio chino con Corea del Sur supera al de toda Latinoamérica.

“Hay un crecimiento acelerado que ha permitido a China superar a Rusia en la zona (…) Hay mucho espacio para desarrollar, no sólo en el comercio bilateral sino en la inversión directa, y la visita de Xi puede servir para ello”, señala por teléfono.

China es ya el segundo socio comercial de la región y su tercer inversor. El jueves 17, durante la cumbre de la CELAC celebrada en Brasilia,  Beijing ofreció 35 mil millones de dólares para financiar proyectos en Latinoamérica. La inversión se divide en tres fondos: un capital inicial de 20 mil millones de dólares para infraestructura; otro de 10 mil millones de dólares para proyectos de desarrollo y el último de 5 mil millones de dólares para proyectos específicos en áreas definidas. Esa inversión será completada por el banco de fomento que crearon esta semana los BRICS para financiar a los países en desarrollo.

China prestó 15 mil millones de dólares a la región el año pasado, según el Archivo de Finanzas China-Latinoamérica. El caudal de yuanes ha ayudado a reducir la tradicional dependencia de Estados Unidos, aunque algunos analistas alertan que se está incubando una nueva dependencia hacia China. El volumen de financiamiento de Beijing a la región ha superado al conjunto de todas las organizaciones internacionales como el Banco Mundial. Los créditos de Beijing llegan en mejores condiciones de devolución y sin los condicionantes político-económicos de otras instituciones.

El interés mutuo es insoslayable. Latinoamérica produce los recursos energéticos para la maquinaria de crecimiento china, los alimentos para su pueblo (China tiene una relación crítica entre población y tierra cultivable) y es un mercado amplio para sus exportaciones, desde manufacturas a productos de alto valor añadido.

Para Latinoamérica, China es el comprador de sus excedentes agrícolas y mineros, además de una fuente inversora estable cuando la crisis ha cerrado el grifo estadounidense y europeo.

“Para Latinoamérica, la reunión tiene un significado adicional: le dará un nuevo vigor a la histórica evolución de ser el patio trasero de Estados Unidos a estar en la vanguardia del desarrollo global”, explicó la agencia de noticias Xinhua en la víspera del viaje.

Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de Estudios China-México de la Facultad de Economía de la UNAM y de la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China, define la relación como  “extremadamente dinámica” en el último lustro, pero incide en algunas sombras: “El déficit comercial de ALC (Latinoamérica y el Caribe) con China se ha incrementado, el nivel tecnológico de las exportaciones chinas ha aumentado y el de las exportaciones de ALC ha disminuido. Todos los países de ALC responden a este patrón comercial-productivo y tecnológico. Sólo México presenta un nivel tecnológico superior de sus exportaciones, aunque también el mayor déficit comercial: la relación importaciones / exportaciones de China fue de 10 a 1”, señala por e-mail.

Ambas partes están intentando variar el tradicional patrón económico basado en las importaciones chinas de materias primas y productos alimentarios a cambio de manufacturas. El subcontinente pudo vadear la crisis global gracias a las compras chinas pero en los últimos años han aumentado los lamentos por un sistema insostenible a medio plazo por el creciente déficit comercial y porque impide un desarrollo en tecnología, empleos, salarios o valor añadido.

En 2012, el 69 % de las exportaciones de Latinoamérica y el Caribe a China eran bienes primarios y el 24 % eran manufacturas basadas en recursos naturales. Casi el 10 % de las exportaciones latinoamericanas acaban hoy en China, cuando una década atrás apenas alcanzaban el 2 %. Buena parte de ellas son alimentos como soya o minerales como hierro o cobre.

Xu asegura que Beijing se esfuerza en diversificar el patrón económico, pero que los avances se ralentizan por la propia estructura monoproductiva de algunos países latinoamericanos. “Venezuela no tiene mucho más que aportar además de petróleo o aluminio. Tampoco Cuba dispone de mucho: su cosecha de azúcar ha bajado y además China ya produce ese bien”, sostiene.

Gustavo Cardozo, coordinador de Asia del Centro Argentino de Estudios Internacionales, señala que el problema principal está en Latinoamérica: “En muchos casos no se perciben políticas de Estado en materia comercial con el gigante asiático que posibiliten un esquema de comercio bilateral con mayor valor agregado. No se percibe una diversidad amplia, sino sólo algunos casos exitosos como el de Brasil en materia de cooperación satelital con China”, sostiene por e-mail.

Existen otros aspectos de tensión en las relaciones con China como sus cuestionables estándares medioambientales y laborales o las pocas facilidades para que los productos latinoamericanos lleguen al mercado chino.

Los expertos, sin embargo, no esperan un clima beligerante debido a la necesidad de llevarse bien con el gigante asiático: Argentina busca financiamiento en general e inversiones en su yacimiento de Vaca Muerta; Brasil –el negociador más duro de la zona- requiere ahora del flotador chino para espolear su economía; Venezuela necesita más inversión en el sector petrolero y Perú quiere más capital para el sector de la infraestructura.

La prioridad de Beijing es comprar, opina Efrén Calvo, presidente de la Cámara de Comercio Mexicana en China. “Por lo tanto se deben fijar las energías de producción de los países latinoamericanos en este campo. Si saben jugarlo, después de este aprendizaje de los diez últimos años, estoy seguro que será un buen negocio y una compensación en la balanza”, señala por e-mail.

Beijing ha firmado acuerdos de libre comercio con Chile, Perú y Costa Rica. Además de los vínculos económicos, China y Latinoamérica comparten un centenar de proyectos anuales de cooperación en ciencia y tecnología, focalizados en los sectores aeroespacial, astronómico y biotecnología. En la región hay ya 32 institutos Confucio para la enseñanza de la lengua y la cultura china.

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