Apuntes sobre un estreno milanés

El 26 de diciembre de 1770 había sido la fecha elegida por los empresarios del teatro Regio Ducal de Milán, Italia, para el estreno de una ópera seria que se le había comisionado varios meses atrás a un joven músico.

El contrato firmado por las partes interesadas establecía que el compositor recibiría por concepto de honorarios la suma de 100 gigliati y hospedaje A cambio, tendría la obligación de componer las arias vocales el número de veces que fuese necesario –hasta que los cantantes quedaran satisfechos– y de tocar el clavecín durante las tres primeras representaciones.

Los 100 gigliati era la suma habitual que recibían los compositores por encargos del género y equivalían a 300 almuerzos, es decir, bastaba con que el músico tuviera el estómago lleno durante poco más de dos meses para que se diera por bien pagado.

No está de más aclarar que un cantante –diva o castrado– con un papel principal podía percibir por un par de representaciones más que el propio autor de la obra, y que lo mismo valía para los copistas El hospedaje que corría por cuenta del teatro sería ofrecido por algún aristócrata, quien pondría a disposición del músico las habitaciones reservadas para el personal de servicio.

Es interesante anotar que el compositor también hacía las veces de sastre, pues debía confeccionar in situ la música a la medida de la voz de los cantantes asignados, y que éstos, por lo general ególatras sin medida de lo humano, se permitían toda clase de excesos En el caso del estreno que nos ocupa, se sabe que el compositor hubo de rescribir siete arias y un dueto, y que el soprano masculino (un tal Guglielmo d´Ettore) se permitió desechar cuatro versiones de un aria, hasta quedar complacido El desecho sin duda fue grave, ya que el compositor nunca tachaba y pasó a la historia por la pulcritud y nobleza de sus pensamientos musicales Su nombre: Wolfgang Amadeus Mozart, con 14 años de edad, y la ópera en cuestión es Mitrídates, rey de Ponto, que constituyó su primer éxito operístico en un teatro con renombre internacional Aquel lejano 26 de diciembre, Ludwig van Beethoven cumplía 10 días de nacido El citado teatro desaparecería seis años después, consumido por las llamas, y en su lugar se levantaría en 1778 el actual teatro Alla Scala.

A partir de los diarios y las cartas, es posible reconstruir el itinerario y las actividades de Wolfgang y su padre en la capital lombarda con una exactitud que rara vez nos concede el pasado, pero las imprecisiones y brumas acumuladas al cabo de 238 años se desvanecen en este caso como palacios de cristal al leer los versos del libretista Vittorio Cigna-Santi, quien se basó en un relato histórico de Racine sobre el mítico rey Mitrídates y que W A Mozart escogió, como profeta involuntario, para concluir la ópera: No cedamos al capitolio,/ resistamos a aquel orgullo/ que no ha sabido contenerse aún/ Siempre guerra y jamás paz/ Hay entre nosotros un altanero energúmeno/ que pretende al mundo entero/ privar de su libertad1
Frente a la contundencia cíclica del libreto, los méritos musicales pasan a segundo plano, pues las ironías y paralelismos resultantes nos sobrecogen Mitrídates quedó consignado por la historia como un rey sanguinario que osó oponerse al poderío de los romanos –al “bárbaro” que se defiende hay que liquidarlo en aras de la “libertad” y con la ayuda de “Dios” No obstante, algunos estudiosos se refieren a él como Mitrídates VI, El Grande, ponderando su determinación e inquebrantable sentido de independencia, dotes que lo llevaron a oponerse durante casi 30 años a la aplanadora militar de su tiempo Por cierto, de aquel soberano del Ponto transcendió también su proverbial resistencia a los venenos (de ahí los términos mitridato, como sinónimo de antídoto, y mitridatismo, que es la inmunización contra un veneno mediante la absorción prolongada en dosis mínimas), ya que le permitió sobrevivir a los incontables intentos de asesinato ordenados desde el Tíber
Pompeyo, el general romano que encabezó junto a Crasso y Julio César el primer Triunvirato de esa época, fue el jerarca que logró derrocarlo y convertir a aquel reinado del noroeste de Asia Menor en una más de las provincias romanas (65 a C), pues las necesidades de Roma crecían desproporcionadamente y había que adueñarse de las riquezas de los pueblos “liberados” con la cínica aprobación de sus senadores
Curiosamente, aquellos remotos imperios disponían, amén de otras riquezas, de una fauna idónea para ser sacrificada en las arenas romanas Había celebraciones distribuidas en varios turnos en que, junto a gladiadores y esclavos, se liquidaba a centenares de animales salvajes, pero el valor del mercado cotizaba al triple una fiera exótica en relación con un ser humano Se dice que al cabo de varias horas bajo el sol, el olor de la sangre derramada en aquellos circos era tan insoportable para las narices de los “civilizados” romanos que hubo necesidad de inventar un sistema de rociadores para esparcir perfumes a lo largo de las gradas que ocupaban
Pompeyo logró incrementar su popularidad cuando llegó a Roma la noticia de la muerte de Mitrídates, quien, afrontando una rebelión de sus propias tropas, le ordenó a uno de sus soldados que le diera una muerte digna ¡Qué lástima que el renegado rey –sus tendencias a la barbarie no impidieron que admirara a los griegos y que hablara 22 lenguas– no hubiera llegado vivo para ser descuartizado en el Coliseo, pues habría sido un espectáculo imborrable para los demos romanos que vivían con las ínfulas y las exigencias propias de quien se sabe “dueño” del mundo!
Los cronistas de la historia son a menudo como bufones que tienen que danzar al son que les imponga la corte Sus crónicas llevan el velo de la sospecha y el tono de la conveniencia
Las declaraciones pronunciadas en el actual Capitolio sobre la guerra y la “liberación” del pueblo iraquí son palabras para la náusea Con ellas se constata que la capacidad crítica del ciudadano de la primera potencia de la Tierra yace bajo la lápida del confort como una loa siniestra a la eficacia de la manipulación colectiva, urdida todos los días desde la cúpula del poder Nuestro altanero energúmeno en turno, paradójicamente, tendrá los funerales reservados para los hombres que guían el destino de la humanidad, mientras que aquel joven de 14 años fue enterrado pocos años después en la fosa común de un cementerio en las afueras de Viena Sin lugar a dudas, este último sí habló con Dios y nos ofrece, a quienes vivimos agobiados por estos tiempos de renovada barbarie e hipocresía, la posibilidad de sumergir el alma en los torrentes balsámicos de sus melodías l
1 Se aconseja la audición del quinteto Non si ceda al campidoglio de la ópera Mitridate, Re di Ponto Kv87 de W A Mozart

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