Rusia 2018: boicot mundialista

LONDRES (apro).- Cuando el 2 de diciembre de 2010 los 22 miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA eligieron en Zurich a Rusia como sede del Mundial de Futbol 2018, no previeron que ese país se convertiría años más tarde en el centro de las críticas mundiales por la polémica anexión de Crimea y por haber apoyado con armas a grupos separatistas en Ucrania, presuntos responsables del derribo de un avión con cerca de 300 personas a bordo.

Para Rusia haber ganado aquella votación en Suiza fue un hito histórico al ser la primera vez que el país albergue una Copa del Mundo.

De acuerdo al sistema de rotación continental implementado por la FIFA, las asociaciones miembro a la CAF y la CONMEBOL se encontraban vedadas para participar de esta candidatura. En consecuencia, Rusia presentó su candidatura oficialmente junto a las de Japón, Corea del Sur, Australia, Bélgica-Países Bajos, Inglaterra, España-Portugal, Estados Unidos y Qatar.

Finalmente, Australia, Japón, Corea del Sur, Qatar y Estados Unidos se retiraron algunos meses antes de la decisión para concentrarse en la elección de 2022.

Eventualmente quedaron cuatro candidatos para el Mundial 2018: Inglaterra, Rusia, Holanda/Bélgica y España/Portugal.

Rusia ganó en la segunda ronda de votación, con 13 votos, delante de España/Portugal, con siete, Holanda/Bélgica, con dos, e Inglaterra, que fue eliminada en esa última etapa.

Tras la elección mundialista, que le significará beneficios económicos por decenas de millones de dólares a Rusia, el primer ministro ruso, Vladimir Putin, aseguró que “Rusia 2018 será fantástico” y proyectó la construcción de nuevos estadios y la presencia de “las más altas normativas de calidad”.

Por su parte, Joseph Blatter, el dirigente de la FIFA, realizó el viaje protocolar al país seleccionado y aseguró “que se producirá una cooperación maravillosa entre la FIFA y Rusia”.

El gobierno ruso confirmó 12 estadios en 11 ciudades: Ekaterimburgo, Kaliningrado, Kazán, Krasnodar, Moscú, Nizhni Nóvgorod, Rostov del Don, San Petersburgo, Samara, Sochi, Volgogrado y Saransk, las cuales albergarían los 64 partidos de la Copa Mundial.

Como forma de reducir las distancias y los costos, se escogieron sólo ciudades que se encuentran en la parte europea del país (la más densamente poblada y desarrollada), a excepción de Ekaterimburgo, que se encuentra en Asia justo al Este de los Montes Urales.

Sanciones

Como había ocurrido con los Juegos Olímpicos de Invierno 2014 en Sochi, la elección de Rusia como país anfitrión se enfrentó a muchas críticas y hasta fue desafiada, principalmente por el alto nivel de racismo registrado en el fútbol ruso, como también por la discriminación que enfrenta el colectivo de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT) en ese país.

Sin embargo, la participación de Rusia en el conflicto vigente de Ucrania, y en particular la anexión de Crimea en marzo pasado, provocó que las críticas escalaran y llevó a una serie de llamados para un boicot al país exsoviético como sede mundialista.

La situación se complicó mucho más para el gobierno de Putin cuando el 17 de julio pasado el vuelo MH17 de la aerolínea Malaysian Airlines fue derribado al este de Ucrania por un misil supuestamente lanzado por grupos separatistas pro-rusos.

Ese avión Boeing 777-200ER, que transportaba a un numeroso grupo de investigadores del SIDA que iban a asistir a una conferencia internacional en Australia, realizaba un vuelo internacional regular de pasajeros que había partido del aeropuerto de Amsterdam-Schiphol a las 12:14 hacia el aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur con 283 pasajeros y 15 miembros de la tripulación. Se estrelló en la villa de Grábovo, en la región ucraniana de Shajtarsk, Donetsk, a 40 kilómetros de la frontera con Rusia.

La zona se encuentra actualmente en guerra civil.

Tanto Washington como Kiev culparon por el hecho a un misil de tierra-aire presuntamente lanzado por milicianos pro-rusos, mientras que Moscú acusó al Ejército ucraniano de haber utilizado un arma similar.

La Unión Europea (UE) fue incluso más lejos al imponer el día 29 de julio un paquete de serias sanciones económicas y de defensa contra Rusia, que afecta a más de 100 individuos rusos.

La UE limitó el acceso a los mercados de capital de los bancos estatales de Rusia, imponiendo un embargo sobre la venta de armas y restringiendo el comercio de tecnologías de “doble uso”, con aplicaciones tanto civiles como militares.

La petición de Clegg

Pero desde Londres, el viceprimer ministro británico y jefe de los Liberales Democráticos, Nick Clegg, decidió sumarse a un pedido hecho por un grupo de parlamentarios alemanes para retirarle a Rusia el derecho a ser sede del Mundial 2018.

Clegg afirmó al dominical The Sunday Times en la edición del día 27 de julio que sería “impensable” que Rusia albergue la próxima Copa del Mundo, quedándose con todo el rédito comercial y propagandístico que ese tipo de eventos deportivos conllevan.

Se mostró incluso a favor de imponer un paquete de medidas más duras para presionar a Moscú, y consideró que retirarle el derecho a albergar el Mundial “será una sanción simbólica y política muy potente”.

“Si hay algo que le importa a Vladimir Putin, según puedo observar, es su sentido de estatus”, declaró Clegg.

“Tal vez recordándole que no se puede mantener el mismo estatus en el mundo si se ignora al resto del mundo, tenga algún efecto en su forma de pensar”, agregó.

Según Clegg, los gobernantes mundiales “terminarán pareciendo demasiado débiles e insinceros” si se permite que la Copa del Mundo se lleve a cabo en Rusia sin un cambio de rumbo del presidente Putin.

“Vladimir Putin tiene que entender que no puede tener la chancha y los veinte”, destacó el jefe de los Liberales Democráticos, el político de mayor rango del gobierno en pedir por una sanción semejante.

“Tampoco puede presionar a la comunidad internacional hasta un punto límite, desestabilizar a un país vecino, proteger a estos separatistas armados en el este de Ucrania y encima tener el privilegio y honor de recibir todos los premios en 2018 por ser la suya la nación anfitriona de la Copa del Mundo”, señaló.

Clegg consideró que el “deporte bello que es el fútbol” no puede verse envuelto “en una agresión espantosa por parte de Rusia en la frontera con Ucrania”.

“No sólo le servirá a Putin para explotar ese evento deportivo con fines políticos, sino que hará parecer al resto del mundo muy débil y carente de sinceridad por no haber cumplido con las protestas tras el comportamiento de Putin”, continuó.

El viceprimer ministro británico también indicó que Rusia no debería ser anfitriona del Gran Premio de Fórmula Uno previsto para octubre próximo en Sochi, a pesar de que el patrón de ese deporte, el británico Bernie Ecclestone, dijo que sí se llevará a cabo en ese país.

Clegg no descartó que Gran Bretaña pueda ser una potencial alternativa para ser sede de la Copa del Mundo en 2018, al indicar que el Reino Unido cuenta con los estadios, infraestructura y entusiasmo necesarios para albergar ese evento deportivo por el que había presentado su candidatura sin éxito.

De todos modos, aclaró que su pedido “no busca ser un robo británico para quitarle el Mundial de Fútbol de debajo de las narices de Putin”.

“El presidente ruso es un maestro a la hora de asistir a este tipo de eventos deportivos y hacer como si nada pasara. Y si alguien tiene alguna duda de cuán peligroso es este conflicto en el corazón de Europa, sólo pregúntele a las familias y allegados de aquellos fallecidos en el avión en julio pasado”, concluyó Clegg.

Confirmación

Aun así y a pesar del pedido, Blatter confirmó que el Mundial 2018 se llevará a cabo en Rusia como estaba planeado.

“La (sede de la) Copa del Mundo (2018) fue votada y otorgada a Rusia y vamos a cumplir con nuestra tarea”, dijo el suizo, al desestimar que las acciones militares rusas en Ucrania puedan afectar el Mundial a celebrarse en cuatro años.

Blatter hizo esas declaraciones al responder preguntas de la prensa luego que él y otros miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA fueran entrevistados en Zurich como parte de una investigación por el inspector de ética Michael Garcia por los criticados procesos de selección de los Mundiales de 2018 y 2022, ganados respectivamente por Rusia y Qatar.

Tras ser consultado acerca de una amplia investigación del periódico británico Daily Telegraph, publicada en marzo pasado y que reveló actividades de soborno y corrupción por parte de los ejecutivos de la FIFA Mohamed Bin Hammam y Jack Warner, Blatter subrayó: “Estoy contento ahora que contemos con un comité independiente de ética (…) Este es un asunto que está siendo investigado por este comité”, se deslindó.

Lo cierto es que el ministro de Cultura y Deporte británico bajo el mandato del laborista Gordon Brown, Andy Burnham, consideró que la FIFA debería actuar de forma más decisiva contra Moscú.

“Rusia no puede salirse con la suya. Quiere organizar eventos deportivos internacionales, beneficiarse del prestigio y la buena publicidad que ello conlleva, pero días antes de que finalizaran los Juegos Olímpicos de Sochi, estaba invadiendo un país vecino y violando la soberanía territorial de Ucrania”, subrayó el político laborista.

“El señor Putin tendrá que decidir si quiere ser parte del club internacional con todos los beneficios que ello traerá, o si quiere aislarse del mundo. Creo que ha llegado la hora de enfrentarse a este matón y de enviar una señal clara: que el mundo considera su comportamiento como algo totalmente inaceptable”, concluyó.

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