Uniformidad Informativa

En materia de medios noticiosos, el monopolio no se mide sólo por la propiedad o la posesión de concesiones, se analiza también el contenido cuyos rasgos han de diferenciar a un emisor de otro.

En México las leyes podrán romper la dominancia de mercado, no así la informativa que cada día se profundiza, especialmente en la radiodifusión. Unos cuantos tienen la posibilidad de hablar de los asuntos públicos y privados. Cierto acuerdo los unifica: las acciones del gobierno son correctas, la disidencia está equivocada, actúa de mala fe o mejor no existe. Los asuntos de la ciudadanía son banales y los protagonistas vedetes de la pantalla chica.

El hábito de la unanimidad se ejerce a diario, aunque hay momentos en que éste se transforma en cinismo, en una afrenta descarnada. Así pudo verse el día de la promulgación de las leyes secundarias en materia energética: El aplauso atronador salió de TV Excélsior, de Milenio Televisión, de Canal Once para no hablar de los de siempre, El Noticiario de Canal 2 o Hechos de TV Azteca.

El despojo al país consumado por un pequeñísimo grupo de políticos de oscura trayectoria fue presentado como el paso hacia el crecimiento, la modernidad y los tan ansiados empleos en voz de Enrique Peña Nieto. La disidencia no fue consultada, no hizo comentarios al aire porque simplemente dejó de existir, se borró de la sociedad, desapareció. Los corifeos, en cambio, tuvieron suficiente espacio para lanzar vivas. En el caso de un patético presidente del PAN, quien se arrogó para sí el triunfo del desmembramiento de la nación.

La noticia estuvo precedida por varias semanas de propaganda gubernamental, constituida por tres campañas que deben haber costado millones de pesos debido a su factura y variedad.

La primera aseguró que “México avanza”: tres globos de igual tamaño, uno rojo, otro blanco y otro verde se deslizan por carreteras recién construidas, puentes, zonas de playa, fraccionamientos.

El segundo trata de levantar el ánimo de la clase media que no tiene empleo o si lo tiene cada vez paga más impuestos y dinero por los servicios, ahora casi todos privatizados: la cámara sigue –en una toma aérea– a “empresarios” que abren su pizzería, su salón de belleza, una oficinita, un restaurante. Cada vez hay más industriales a quienes se les apoya en sus negocios, aseguran los spots. Se trata de una pieza de humor involuntario.

La tercera serie de anuncios pinta una patria de ensueño, “México es mucho más de lo que supones”, dice. Viene la enumeración de nuestras riquezas naturales, sitios históricos y arqueológicos, frutos de la tierra, cultura.  Uno se pregunta: Si esta es una República de maravilla, ¿por qué los mexicanos estamos tan miserables, por qué hay 60 millones en la pobreza y dos millones reconocidos sufren hambre? ¿Será la solución vender el petróleo a extranjeros y todo lo demás también para salir de la postración económica? ¿Es ese el mensaje oculto?

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