Apagón analógico

Una nueva tecnología televisiva –denominada “digital terrestre”– se instalará en el país, de manera obligatoria, el próximo año. El tránsito será paulatino, debiendo iniciarse en cinco ciudades del norte de la República a más tardar en noviembre de 2014, para seguir y completarse en 2015. Sin embargo la ley establece la particularidad de que no debe apagarse la señal analógica en tanto el 90% de los hogares no cuenten con el dispositivo técnico para recibir el  nuevo  tipo  de señal. Si fuera el caso, las plazas deben notificar a las autoridades con un mes de adelanto a fin de que se recorra la fecha.

Hace dos semanas el Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel), que reemplaza a la Comisión Federal de Telecomunicaciones, empezó una campaña para infundir entre la audiencia la necesidad de prepararse para el advenimiento, bajo la advertencia de que si no lo hacen no podrán ver televisión a partir del 2015. Un anuncio con las siguientes frases aparece en diarios y revistas: “No te quedes sin televisión abierta. Prepárate ya para la televisión digital, porque pronto una nueva señal sustituirá en definitiva a la que recibes actualmente.  Sólo  necesitas un televisor digital o conectar un decodificador a tu televisor actual para comenzar a disfrutarla como nunca y de forma gratuita. Infórmate porque si no estás preparado ya no podrás ver televisión abierta”.

Para saber cómo va el cambio, el Ifetel contrató a una empresa llamada Field Research para que midiera, mediante una encuesta, la penetración de los receptores digitales o los decodificadores en las cinco localidades que debían iniciar el apagón este año; los resultados, en abril, son: Ciudad Juárez 43%, Monterrey 30%, Matamoros 23%, Nuevo Laredo 22%, Reynosa 27%. La encuesta también señala que entre el 54 y el 77% de la población sintoniza únicamente la señal abierta gratuita. En 2013 las cifras estaban, salvo en Ciudad Juárez que creció en 10, dos y cinco puntos abajo. Es decir, en casi un año el aumento ha sido escaso y se encuentra muy lejos de alcanzar el 90%.

La información anterior indica que si el gobierno quiere evitar amotinamientos como el ocurrido en Tijuana cuando se trató de implantar el apagón, deberá en efecto gastar dinero del erario para comprar aparatos receptores y distribuirlos entre la población afectada. O bien posponer un poco más el ingreso de la TDT. Lo segundo es poco probable dadas las presiones de la industria que pugna por abrir el mercado mexicano al nuevo sistema.

En estas condiciones también las dos cadenas que están por venir deberán iniciar con un público reducido a quienes tengan pantallas digitales, lo mismo que la propuesta cadena pública que deberá arrancar el gobierno, según lo dicta la Ley de Radiodifusión y Telecomunicaciones y sus reglamentos aprobados en 2014.

Cómo en otros aspectos de la vida del país, la TDT llega como una imposición. Nadie le preguntó a la población si quiere “disfrutarla como nunca”, si desea cambiar su viejo aparato, o si le parece bien que el gobierno en lugar de reconstruir escuelas que no tienen piso ni techo, regale receptores digitales.

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