Entreguismo brutal

Mayor pobreza y agudización de la brecha social; la posibilidad de revertir las reformas estructurales mediante la consulta pública o elecciones democráticas, y hasta un estallido social que dé marcha atrás a estos cambios –pero también al modelo neoliberal global– son algunos de los escenarios que vislumbran tres expertos entrevistados por Proceso en vísperas del Segundo Informe de Gobierno.

El economista e historiador Carlos Aguirre Rojas ubica la aprobación de las reformas en el contexto en el que el PRI retoma el poder luego de los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, los cuales –a causa de su impericia– provocaron un caos administrativo.

Explica que, al regresar a Los Pinos con Enrique Peña Nieto, el PRI se propuso sacar adelante las reformas que Fox y Calderón no lograron. Lo lamentable, advierte, es que son desnacionalizadoras, pues con ellas se están entregando los recursos económicos y naturales de México a las empresas trasnacionales.

“La reforma energética es una regresión histórica terrible que echa atrás gran parte de los logros que había tenido la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas”, puntualiza.

A decir de Aguirre Rojas, adscrito al Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, para lograr estos propósitos el gobierno de Peña Nieto ha intentado recuperar el control en varios terrenos, entre ellos el social, mediante la represión y criminalización de las protestas o los movimientos alternativos.

De la misma forma, dice, intenta rearticular las alianzas con los grupos de narcotráfico y redefinir el papel del Estado frente a ellos, de ahí la presencia de diversas instancias gubernamentales en Michoacán y en Tamaulipas.

“Es muy paradigmático. Primero, para combatir a La Familia Michoacana el Estado se alía con las autodefensas, pero cuando ya no le son útiles, mete a la cárcel a varios de sus dirigentes. Tampoco es que sea gente muy defendible, yo eso no lo puedo decir, pero sí que se ve muy mal que el gobierno diga primero que son héroes y al día siguiente que son criminales.”

Considera que a Peña Nieto le toca “pagar la factura” por ser la cara de los grupos que realmente gobiernan no sólo en México sino en todos los países capitalistas, como el Monterrey, Prisa, Repsol o “las petroleras estadunidenses que apoyaron abiertamente la campaña de Peña Nieto, porque, claro, lo que esperaban a cambio eran estas reformas que están entregando áreas estratégicas de nuestra economía”.

Para el entrevistado, es lamentable que ningún partido se opusiera a esas reformas; por el contrario, se aliaron para sacarlas adelante.

“Desafortunadamente va a continuar esta política de entrega a las trasnacionales y va a agudizarse la protesta social en el país. La polarización social va a crecer y los movimientos van a fortalecerse.

“La pregunta que deberemos plantearnos es: ¿Qué vamos a hacer? Yo soy muy optimista, porque afortunadamente existe este movimiento en torno a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona –emitida desde junio de 2005– que propone que cuando haya un estallido social, tratemos de darle un cauce pacífico y de cambiar las cosas para instaurar un gobierno que mande obedeciendo, para tratar de crear una sociedad más justa, más igualitaria, más democrática.”

Mayor dependencia

Especialista del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, el economista Jorge Eduardo Navarrete piensa que las reformas estructurales tienen como propósito insertar aún más a México en el bloque del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, lo que “no es buen presagio para la soberanía política, porque será más dependiente de esa configuración geopolítica”.

El también embajador de carrera juzga que de todas las reformas realizadas por el gobierno de Peña Nieto, la que requiere mayor atención por su impacto en el conjunto de la economía y la sociedad mexicana es la energética, que va más allá del petróleo y la electricidad.

Se le ha atribuido a aquella una influencia en el crecimiento económico cuando en realidad, explica, de lograrse lo que se ha afirmado en el sentido de que se incrementará la producción de barriles diarios en medio millón para 2018 y 1 millón para 2025, el crecimiento sería de 1%, e incluso menor. Es decir, “tiene muy escaso efecto multiplicador sobre el resto de la economía” o en sectores llamados de enclave.

Por el contrario, dice, lo más grave de la reforma es que acentuará la exportación de petróleo crudo que ni se transformará ni se aprovechará dentro del país porque no se tiene capacidad para procesarlo. Tampoco hay un consumo interno, pues para ello el país necesitaría crecer por encima de 5 o 6% “para realmente ponerse, para utilizar una frase de moda, en movimiento”.

No obstante, apunta, se insiste en el equivocado camino de exportar la mayor parte de crudo, pero ahora puesto en manos de empresas nacionales y extranjeras, que buscan un negocio que no beneficiará a los mexicanos e impondrán a Pemex la idea de actuar como cualquier empresa a la cual sólo importe el lucro.

El economista tiene la esperanza, quizá “no bien fundada”, de que con la consulta popular se pueda revertir la reforma, de que su resultado sea un “no” mayoritario a ir por el camino de la reforma.

–¿Qué se puede esperar como resultado de estas reformas en el desarrollo social? –se le pregunta.

El asunto es, en su opinión, una de las asignaturas de la mayor importancia en la agenda nacional. Si algunos de los recursos derivados de las reformas se canalizan hacia el desarrollo social, podría haber algunos efectos favorables.

Pero “pienso que no es sencillo, (pues) seguimos viendo el desarrollo social o como un subproducto del crecimiento económico o con un enfoque asistencialista, y ninguna de esas dos formas produce buenos resultados”.

Navarrete habla también de “la tempestad” provocada por la propuesta del jefe de gobierno capitalino Miguel Ángel Mancera de conceder un alza gradual al salario mínimo, y comenta que lo que no se verá son las verdaderas reformas que México requiere, sobre todo aquellas que “corrijan la verdaderamente escandalosa y desigual concentración del ingreso. Las fuerzas democráticas tienen que plantear esa agenda”.

El historiador y filósofo Enrique Dussel, desesperanzado ante lo que vislumbra tras la aprobación de las reformas, dice de plano:

“No sé cómo vamos a salir de este desastre.”

Entrevistado en el marco de la presentación de su libro 16 tesis de economía política. Interpretación filosófica, refiere que le parece inconcebible que se entregaran a compañías nacionales e internacionales “bienes que no pertenecen al gobierno, ni a los diputados, ni a los senadores, ni al presidente, sino al pueblo mexicano”.

Consecuente con las tesis de su libro, publicado por Siglo XXI Editores, en el cual plantea temas como una crítica al sistema capitalista, el plusvalor, la acumulación, la competencia y el monopolio, y la dependencia, entre otros, afirma que aunque son problemas a nivel mundial, algunos, como la teoría de la dependencia, se aplican de “una manera brutal” a México.

Lo que está sucediendo le recuerda la historia bíblica de Esaú, que vendió su herencia por un plato de lentejas: “El pueblo de México vendió su herencia por una tarjeta Soriana y ahora se lo están cobrando”.

–¿La clase intelectual ha perdido la perspectiva crítica?

–La ha perdido porque hay mucha cobardía, no hay ética, pero no la hay porque no hay ninguna entidad responsable de la ética. En el pasado, bien que mal era la Iglesia, pero no vale: los cursos que dan ahora no funcionan, tenemos que respetar los valores.

–¿En qué momento se perdió el rumbo?

–Ya desde Luis Echeverría en adelante la cosa creció porque nació el neoliberalismo y el PRI perdió el último nacionalismo que tenía. Echeverría todavía hablaba de centro y periferia, después vino Tlatelolco y más tarde la entrega completa.

“Las últimas décadas son económicamente cero. No hay crecimiento y cada vez se entrega más al país, endeudándolo indebidamente; porque no solamente no crecemos, ¡decrecemos!”.

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