Con anuencia del INAH: La “modernidad” destruye Cholula

Durante la construcción del Viaducto en las inmediaciones de la pirámide de Cholula, se localizaron vestigios prehispánicos cuya importancia desestimaron las autoridades para evitar la detención de la obra. Todo en aras de un proyecto multimillonario del gobierno de Rafael Moreno Valle, que consistirá en un gran parque y un tren ligero turístico Puebla-Cholula, para lo cual han sido expropiadas tierras a una población campesina en pie de guerra.

CHOLULA, Puebla.- Lo que en cualquier otro lugar del paìs habría sido un gran hallazgo, para el gobierno de Rafael Moreno Valle fue casi una tragedia. Los entierros prehispànicos fueron retirados prácticamente a escondidas, y los antropólogos y arqueólogos que trabajaron en su rescate recibieron órdenes de ocultar toda información.

Habían explorado sólo 10 pozos en una zona en la que apostaban que no encontrarían nada.

Pese a ello, especialistas subcontratados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia localizaron 12 entierros prehispánicos, uno de ellos de un Guerrero Jaguar, así como los indicios de dos edificaciones en el área donde el gobierno de Puebla construye el Viaducto Cholula, a menos de 500 metros de la gran pirámide.

Sin embargo, a principios de agosto los antropólogos Oswaldo Caramillo y Erika Olivares, y el arqueólogo Carlos Muciño, confirmaron a las agencias internacionales Europa Press y la rusa Novosti la localización del cráneo del Guerrero Jaguar, de unos 1 400 años de antigüedad, así como de las ofrendas cromadas con forma felina que acompañaban su entierro.

Los especialistas buscaban que, al ventilar este descubrimiento, la destrucción que se avecinaba con maquinaria pesada se frenara, pero no fue así: Días después encontraron los vestigios de las dos edificaciones, cuyas estructuras apenas se asomaban.

“¡Ya no excaven, échenles tierra y lodo!”, ordenaron funcionarios ligados al gobierno estatal, quienes sólo vieron la amenaza que este descubrimiento representaba para el puente de 500 metros de longitud y casi 20 metros de altura, en el que se invierten 200 millones de pesos y que ya está parcialmente construido.

Meses antes, el delegado del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Francisco Ortiz Pedraza, había asegurado que sólo hallazgos arqueológicos “de relevancia” ameritarían la suspensión del Viaducto. Sin embargo, cuando los especialistas informaron a los medios del hallazgo, Ortiz consideró que era insuficiente para detener la obra.

“Están saliendo cosas –reconoció–, pero nada que obligue a detener las obras. Son cosas que se rescatan, se obtiene la información, se estudian, van a parar a museos, a exposiciones y se hacen publicaciones con relación a esto.”

Así, el INAH dio la anuencia para que, sobre esta zona arqueológica, se coloque un colector pluvial del Viaducto. Los especialistas que participaron en el hallazgo prefirieron renunciar.

Lo que ya no se sabrá

La antropóloga Anamaría Ashwell, estudiosa de la cultura cholulteca, advierte a Proceso que los vestigios encontrados son apenas una mínima parte de lo destruido por el puente que construye el gobierno poblano entre la Recta y las estrechas calles de San Pedro y San Andrés, en Cholula.

De hecho, explica, la zona en la que el INAH hizo la cala de 10 pozos, “para aparentar la salvaguarda del patrimonio”, evidentemente se eligió bajo la apuesta de que en ese lugar no encontrarían nada.

Y es que, abunda la antropóloga, las excavaciones se llevaron a cabo en lo que será una de las laterales del Viaducto, pero no donde desembocará el cuerpo principal de la vía, que es a sólo unos metros de donde, por introducir una tubería de drenaje, en 2009 se destruyó una ciudadela, con estructuras palaciegas y murales policromados.

“Le tiraban a que no encontrarían nada y les serviría para justificarse, pero resulta que en sólo diez pozos hallaron doce entierros y dos estructuras”, señala.

Y esto, indica, a pesar de que los arqueólogos trabajaron en condiciones inaceptables, pues llegaron a zanjas abiertas por trascavo y fueron “correteados” por funcionarios del INAH, del gobierno estatal, los coches y la maquinaria que avanzaba a unos metros en la construcción del Viaducto.

Ashwell, quien presenció parte de los hallazgos, opina que los vestigios localizados no sólo ameritaban que la obra se cancelara, sino que la zona fuera intervenida, como ocurrió en 1978 con las excavaciones del Templo Mayor.

De hecho, considera que los entierros debieron ser restituidos a su lugar y no sustraídos –como lo hicieron– a fin de iniciar un salvamento arqueológico del área. Esto, agrega, permitiría a la población cholulteca contar con una zona que mostrara su gran pasado prehispánico.

Y es que, apunta, en la región de la gran Cholollan las investigaciones arqueológicas quedaron suspendidas desde 1970, y éstas se centran en la pirámide, “como si se hubiera construido sola”, cuando Cholula era una ciudad de 40 mil habitantes antes de la llegada de los soldados españoles.

Puede suponerse, indica la antropóloga, que los entierros y las estructuras correspondían al período Postclásico y, por  huellas de quemaduras que tenían algunos huesos, es posible que pertenecieron a alguna época de las conquistas a las que fue sometida la ciudad, entre los años 1116 al 1400.

Detalla que junto con los restos mortuorios se encontraron ofrendas muy elaboradas, y que dada su cercanía con la pirámide, se descarta la casualidad.

“Tenemos huecos en los que no sabemos qué está pasando antes de la llegada de los españoles, y tenemos mucha documentación de la historia tolteca-chichimeca, escritos coloniales, códices como el Borgia, que nos pueden ayudar, pero si destruyen, nunca más vamos a saber”, añade con tristeza.

Al extraerse de su contexto, afirma, estos entierros prehispánicos se convierten sólo en piezas de museo, partes encapsuladas o fragmentadas de una historia que no se comprende ni se apropia, “como para que los pueblos olviden la grandeza de sus raíces indígenas”.

Agrega:

“Ni el gobernador ni el INAH, deberían minimizar, ni desvirtuar, ni esconder ni secuestrar a los cholultecas estos hallazgos de su cultura y pasado. Pero lo hicieron.”

Aparte de esto, denuncia Ashwell, la historia del Preclásico de Cholula quedó enterrada en la parte central del Viaducto, el cual tuvo que ser cimentado a decenas de metros de profundidad por estar en una zona acuosa.

En ese lugar, dice, estaban las evidencias de los sistemas hidráulicos que dieron sustento a la gran Ciudad Sagrada y comercial.

“Pero eso ya se perdió, allí sólo están toneladas de cemento y varilla.”

Y lamenta:

“Le estamos robando al pueblo indígena de México. Teotihuacán es una ciudad museo, pero Cholula es la ciudad indígena viva desde hace dos mil años, una de las ciudades de más larga ocupación habitacional del continente americano.”

Pese a ello, el gobernador Moreno Valle decidió sacrificar el legado indígena para salvar una obra innecesaria, y además obsoleta, señala, porque este tipo de estructuras se están destruyendo en Europa y Estados Unidos.

Amparos que nunca fueron

Desde que Moreno Valle anunció que construiría un puente vial elevado a menos de 500 metros de la pirámide, historiadores, arqueólogos y antropólogos alertaron que con esa obra no sólo afectaría su visual y el templo de la Virgen de los Remedios que la remata, sino que destruiría suelos arqueológicos.

Como ha ocurrido con otras obras de su administración, el mandatario panista ordenó el inicio de los trabajos, sin dar mayor relevancia a las protestas de los intelectuales y de la sociedad civil que consideraban que la enorme estructura impactaría la movilidad de los habitantes y rompería la cohesión milenaria que han mantenido, en base a sus tradiciones, los 10 barrios de Cholula.

En ese entonces quedó en evidencia que el gobierno sólo contaba con un supuesto “pre-permiso” de la delegación estatal del INAH y que carecía de la anuencia del Consejo Nacional de Arqueología, obligatorio ya que la nueva vía desemboca en la calle 12 Oriente, dentro de la zona declarada protegida por un decreto de 1993.

La agrupación civil Cholula en Bici se unió con el Comité Defensor del Patrimonio Histórico, Cultural y Ambiental de Puebla y la Fundación Manuel Toussaint para interponer cinco amparos en contra de la obra.

Sin embargo, la defensa legal fue boicoteada. Los activistas confiaron que la presidenta del Comité, Rosalba Loreto, con el apoyo del abogado Lucio Ramírez, había interpuesto los amparos en el mes de marzo.

Así se los hicieron creer, recuerdan integrantes del Comité, pero fue hasta mayo cuando descubrieron que Loreto los mantuvo engañados porque los amparos, que habrían parado la obra, nunca se interpusieron.

Un parque y un tren

Aunque con su Viaducto ha dejado enterrada parte de la historia de la cultura cholulteca, el gobernador Moreno Valle afirma que ahora “dignificará” la zona aledaña a la pirámide con la construcción de un parque. También anunció una tercera fase de su proyecto, que consistirá en un tren ligero para trasladar a los turistas de Puebla a Cholula.

Primero se dijo que el parque se llamaría “De las tres culturas”, luego que sería “De las flores”, después “De las siete culturas” y recientemente que se llamará “Parque Cholula”.

En el oficio No. 401-A-311(724-7)-01-02068, fechado el 7 de agosto, el delegado del INAH dejó constancia de que desconocía oficialmente el proyecto.

De la misma manera, Pedro Francisco Sánchez Nava, Coordinador Nacional de Arqueología del INAH, informó en el oficio 401.B(4)135.2014/1288 del 15 de agosto, que el gobierno poblano no ha solicitado autorización para construir el parque en esa zona protegida por el decreto de 1993 y por la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas.

Pese a ello, la mañana del 26 de agosto 17 habitantes de San Andrés se despertaron con la noticia de que el Ayuntamiento había expropiado sus propiedades, la gran mayoría correspondientes a campos de cultivo.

La aplicación de la Ley de Expropiación, también conocida como “Ley Despojo”, por dejar a los propietarios en la indefensión, generó una revuelta, pues los lugareños retiraron las mallas ciclónicas que colocó la policía y se negaron a ceder su espacio.

El parque también afectará más de 8 hectáreas de San Pedro, aunque los vecinos cuentan con un amparo otorgado por el Juzgado Sexto de Distrito.

Además de quejarse de que no fueron tomados en cuenta para este proyecto, los vecinos denuncian que los gobiernos municipales ofrecen pagar sólo el valor catastral, que va de los 6 a los 100 pesos por metro cuadrado.

Adán Xicale, representante de los afectados, expone que esta obra quiere imponerse a los pobladores, sin más sustento que generar un atractivo turístico.

El proyecto presentado contempla plazas, fuentes, canchas deportivas, un teatro al aire libre, espejos de agua, puestos de comida… Pero en ninguna parte propone impulsar y difundir el legado histórico de Cholula y tampoco plantea trabajos de restauración, investigación ni salvamento arqueológico, aunque las obras requerirán excavaciones.

Sonia Espinosa, arquitecta perito del INAH, informa que además de que el proyecto implica la colocación de planchas de cemento sobre suelo arqueológico, las vibraciones de maquinarias deteriorarían las estructuras y túneles de la pirámide.

El arqueólogo Francisco Mendiola, a su vez, explica que la humedad de los espejos de agua afectaría los murales Los bebedores, Los chapulines y el dedicado a Chiconaquiahuitl, que se encuentran en la milenaria edificación.

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