“Celebración” con Javier Camarena

Celebración musical con Javier Camarena y Rebeca Olvera, en el Palacio de Bellas Artes con la Orquesta del propio palacio dirigida por Enrique Patrón de Rueda. Así reza el lamentable programa de mano. Lamentable por su diseño gráfico (no le falta ni un error) y por su pobre y revuelta información; un galimatías. Se les olvida a los dirigentes del INBA que se trata de la más importante y prestigiosa instancia cultural del país.

Nunca nos quedó muy claro si se trataba de celebrar a los cantantes (muy prematura sería) o al palacio de Bellas Artes por sus  80 años, pero a juzgar por el galimatías del programa de mano, la celebración fue a los nóveles cantantes. De ser así sería lamentable; se nos ocurre una docena de otros célebres músicos mexicanos; cantantes, directores o instrumentistas que la merecen mucho más, algunos con trayectorias de cinco décadas o más. ¿Por qué a ellos no?

¿Cómo un concierto regular se convirtió en una celebración?

El público, no sabiendo dónde aplaudir, lo hace todo el tiempo interrumpiendo varias veces una obra, como fue el caso de la primera: Ed ancor la tremenda porta de la ópera Roberto de Devereux de Gaetano Donizetti (1797–1848) donde Javier Camarena cantó (hay que decirlo) como los grandes, muy bien acompañado por Patrón y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes. En seguida salió Rebeca Olvera y cantó un aria de la “Sonámbula” de Vincenzo Bellini (1801-1835) con resultados igual de maravillosos que la anterior. Olvera posee una agradable voz de soprano ligera con coloraturas, o acaso lírica-ligera. Continuó un dúo de “I Puritani”, también de Bellini (preconiza lo sensacional que será Javier Camarena cuando en unos tres años se anime a cantar completa esta obra como ya anunció); continuó la obertura de Don Pasquale de Donizetti, “El aria de las campanas” de la ópera Lakme de Leo Delibes (1836-1891) a cargo de la misma Olvera.Ya al final de la primera parte vino Rigoletto de Giuseppe Verdi (1813-1901).

La segunda parte de “La Celebración” comenzó con la primera danza de La Vida Breve de don Manuel de Falla (1876-1946), bellamente dirigida por Patrón de Rueda y bellamente tocada por la orquesta, y una selección de arias y dúos de zarzuela. En el último de ellos, “Caballero del alto plumero” de Luisa Fernanda, de Moreno Torroba (1891-1988), los dos cantantes rezumaban cursilería en su actitud y actuación. Comenzó así el relajo. Vino el intermezo de Atzimba de Ricardo Castro (1864-1907), todavía con seriedad, y luego “El día en que me quieras” de Carlos Gardel (1883-1935) donde Camarena seguía con su pronunciación madrileña pese a tratarse de una canción ícono de la cultura argentina e interpretada en una tonalidad desmesuradamente aguda (como la canta Juan Diego Florez) y cambiando algunas notas (octavándolas hacia arriba). La música popular no se canta en esos tonos tan altos. Lo mismo podemos decir de Rebeca Olvera. Ninguno de los dos, y acaso tampoco Enrique Patrón comprenden la música popular por no ser su especialidad, ni la del arreglista cuyo nombre no aparece en el programa de mano.

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