Televisión estatal rusa

Canal 22 ha buscado diversificar sus proveedores de series, alejarse un poco de la predominancia de la BBC e incluir otras producciones también culturales. Así es como compró un paquete danés, hoy nuevamente al aire con una obra interesante sobre el poder y otra que se anuncia como humorística, comicidad danesa bastante incomprensible para los mexicanos y con personajes que son más bien caricaturas.

De acuerdo con lo visto en pantalla al parecer se hizo también de un paquete de series rusas, elaboradas por el canal estatal, desiguales en su factura. La primera exhibida alude a la llamada Gran Guerra Patria, orgullo de los soviéticos porque representó la derrota del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial a costa de una sangría inconmensurable y la casi destrucción de San Petersburgo y Moscú. Los herederos de aquellos patriotas siguen orgullosos aunque parecen no estarlo de la mayor parte de los oficiales del ejército rojo que combatieron, mucho menos de Stalin a quien se encargan de retratar como un tirano, chantajista y controlador en todos los aspectos de la vida.

La producción es sombría, destacan hermosos paisajes nevados, muy pocos exteriores citadinos, sets de trincheras y casas derruidas. A los actores se les hacen acercamientos muy cerrados a rostros devastados por el sufrimiento, el hambre, el cansancio, las pérdidas. Esta parte es verosímil, no hay adornos ni concesiones al espectador que mira escenas crudas en cada episodio.

La otra serie exhibiéndose en estos días retrata a Fiodor Dostoiewsky.  Apoyada en un libreto que destaca la vida emocional del escritor por sobre su obra, su manera de trabajar, de concebir sus novelas, la serie deviene telenovela. El personaje parece débil, quejumbroso, sin densidad. Su mala suerte lo acompaña a todas partes, mientras que su genio como escritor aparece en breves momentos. Así es difícil explicarse su fama post-mortem.

El intento por humanizar a personalidades que tienen un lugar destacado en la historia de la literatura sin caer en la cursilería resulta complicado. Es lugar común que las estrellas de cualquier galaxia artística son también seres humanos con virtudes y defectos. Sin embargo una verdadera biografía indaga en los detalles específicos, en el ambiente que rodea el crecimiento de esos seres para que se nos aparezcan en su dimensión real, siendo parte de un contexto histórico.

Hacer de la vida de un escritor, de un músico, de un pintor, un desfile de manías, de miedos, inseguridades o bien pintarlos siendo extremadamente generosos, carentes de mezquindades o egoísmos no resulta en un retrato verdadero, ni siquiera cercano a lo que pudo haber sido, a lo que un biógrafo agudo dejó al descubierto sin enaltecer de más o disminuir los méritos humanos e intelectuales de su biografiado.

Para competir con la BBC se necesita, además de experiencia, propuestas innovadoras, presupuestos abultados. No parece que sea el caso de la televisión rusa, aunque se agradece a Canal 22 diversificar los orígenes de series y programas que amplían nuestro conocimiento de lo que se está realizando fuera de las naciones que tienen la hegemonía en contenidos televisivos.

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