La Castañeda: 25 años de rock

Oswaldo y Omar de León, José Luis Escamilla, Felipe Maldonado  y Salvador Moreno  ofrecerán un “concierto teatral” integrado por canciones de sus ocho discos para celebrar un cuarto de siglo juntos, que estará fusionado con vestuarios, ambientación, acrobacia y danza. La banda, interesada siempre por el aspecto social, es ya un referente en América Latina, aunque también ha incursionado en Estados Unidos y Europa.

La  Castañeda, un quinteto del Distrito Federal convertido en uno de los máximos referentes del rock mexicano y latinoamericano, llega a los 25 años.

“Desde el inicio adoptamos la locura artística para desde allí cuestionar a la normalidad, a lo establecido: ¿Qué tanto de lo permitido está bien?, y ¡seguimos en esa lucha!…”, acentúa su guitarrista Oswaldo de León.

Por más de esas dos décadas, Omar de León (tecladista), José Luis Escamilla (bajista), Felipe Maldonado (baterista) y Salvador Moreno (vocalista), ofrecerán un “concierto teatral”, donde confeccionarán un recorrido de sus ocho producciones (Servicios generales, Servicios generales II, El globo negro, El hilo de plata, Trance, Galería acústica, Llama doble y Doble llama), en las instalaciones de Pepsi Center WTC el próximo 1 de noviembre.

“Todas las melodías irán hiladas sobre una base dramática que mostrará una secuencia de acontecimientos acerca del antiguo manicomio La Castañeda (del cual la agrupación inspiró su nombre), comparándolos con los tiempos actuales”, expone Oswaldo en entrevista.

Aquí los músicos, explica, se convertirán en pieza clave de esta historia “sin dejar fuera la presencia de actores que tendrán roles principales y mostrarán los pasajes introspectivos, sensuales, intensos y festivos de lo que fue esa casa de la locura”, construida por Porfirio Díaz hacia 1910 en los terrenos de una hacienda pulquera que llevaba el mismo nombre en el antiguo pueblo de Mixcoac, ahora Unidad Lomas de Plateros, demolida en 1968 pero no su fachada, que fue rescatada por Arturo Quintana Arrioja, dueño de AQIndustrial, y trasladada piedra por piedra a Amecameca, Estado de México.

Todo el recital estará fusionado con vestuarios, ambientación, acrobacia y danza, añade el roquero.

La banda ha festejado todo lo que va del año sus cinco lustros musicales. A principios de 2014 lanzó al mercado el CD Interno acústico que contiene sus rolas más clásicas, pero con nuevos arreglos de jazz, blues y bossa, como “Noches de tu piel”, “Lucrecia sola”, “El día limpio”, “Orgasmo yin yang”, “La dosis”, “La estación”, “Eterna noche”, “Cayendo”, “Ámbar” y “El beso”.

Participó en la apertura de la 15 edición del Festival Vive Latino en marzo pasado y tuvo actuaciones en Estados Unidos. Pero el 1 de noviembre, Día de Muertos, es su festejo en grande. A decir del guitarrista, se trata de una fecha significativa para La Castañeda porque ese día la banda siempre ha hecho algo especial.

–¿Cómo ha evolucionado La Castañeda durante estos 25 años?

–La Castañeda es un concepto a desarrollar. Al tomar el nombre del manicomio, sugiere proponer desde el lado de la locura algo creativo, algo que rompa un poco la cotidianidad, la apatía que existe con la condición de vida actual. Evolucionar es seguir siendo fieles a esa esencia, a ese compromiso. También hemos navegado por muchos rumbos en la forma de crear y de dar a conocer la música. Hace 25 años no había internet, ni redes sociales. No existía el CD, nuestro primer disco fue un acetato, pero todo ha cambiado. Ahora la vida es vertiginosa, rápida. Hay nuevas herramientas tanto para producir como para difundir y estar en contacto con la gente.

“Lo que hemos hecho es permanecer juntos y elaborando música. Y continuamos en esa constante.”

–¿Cómo han logrado permanecer juntos?

–Un poco porque el trabajo del grupo nos ha dado grandes satisfacciones. El tocar juntos en un escenario es para nosotros muy chido. El público siempre nos brinda muy buena onda, energía, y todo… Además, los cinco hemos llegado a conocernos demasiado bien como para poder convivir. Una agrupación musical es casi, casi, como un matrimonio. Pasa uno más tiempo con los del grupo que con la propia familia. También es eso, bajar la guardia y ceder muchas cosas a lo mejor personales para que el proyecto del grupo siga existiendo como tal.

Sin una fórmula creativa

De cómo todos estos años La Castañeda ha sostenido su creatividad, alude con frenesí que no cuentan con un método específico para componer rolas:

“No poseemos una fórmula. Eso está muy abierto entre nosotros: Podemos juntarnos para compartirnos ideas y componer colectivamente o llega alguien con un proyecto muy decidido y lo empezamos a trabajar. Hay mucha libertad en ese espacio creativo.

“También, en los compromisos que adquiere la banda, presentaciones, los viajes, todo eso, conocemos a mucha gente y adquirimos vivencias, eso es, creo, materia prima para los que manufacturamos música y lo que uno vive día a día.”

–Hace 25 años, ¿qué temas les interesaba plasmar en las melodías y ahora que tópicos abordan? Se sabe de sus historias sociales…

–Siempre nos inclinamos más por lo social. Es como reflejar el entorno en el que uno vive, pero también hay canciones de personajes. La Castañeda ha creado en sus melodías muchos personajes como individuos, por ejemplo, Gitano demente, Gris normal o Gusano… Igual realizamos descripciones en Ciudad psicótica. Igual abordamos el amor, el tema preferido de todos los géneros musicales: el amor a una pareja, el amor fraternal en diferentes vertientes, y el desamor.

–¿Su locura creativa ha enfrentado muchos obstáculos?

–La banda goza una formación muy independiente. Nuestra primera producción fue un acetato que grabamos con nuestros propios recursos, entonces se hallaban muy pocos foros donde tocar porque el rock no era un género comercial, era algo subterráneo o algo alternativo. Somos un grupo autogestivo que aparte del trabajo de composición, siempre buscamos dónde producir un disco y dónde tocar. Hace 25 años, La Castañeda hacía sus carteles y salíamos a pegarlos con engrudo, cuidando que no nos viera la patrulla, y cosas de ese tipo, así era la escena del rock en México.

–¿Luego ya tocaron en foros más importantes?

–Nos presentamos en Rockotitlán, El Luc, Rock Stok, en fin. Después empezamos a viajar también autosugestivamente. Decidimos llevar nuestra música a otros lados porque tuvimos la fortuna de que por ahí nos vieron y escucharon. Nos invitaron al Festival del Danubio en Viena. Enseguida las disqueras trasnacionales empezaron a ver el rock como un negocio e iniciaron a grabar a las bandas mexicanas. Surgió un boom y nos tocó estar en esa camada. Ahora las empresas trasnacionales ya empiezan a desaparecer.

“Después ya no tuvimos disquera y volvimos a ser independientes y como se tornó todo electrónico y digital, tuvimos que adaptarnos. En un tiempo tuvimos unos temas viables, se escuchaban en la radio, y decíamos cuando ya estábamos por grabar el próximo disco, ‘vamos a copiar esa misma rola, nada más que con otra letra y otra piel, y ya está’, pero no quisimos tampoco eso. De un álbum a otro no deseábamos interpretar las mismas  fórmulas y tomamos el camino largo.”

En su primera década, La Castañeda pagó 15 mil dólares para deshacer su contrato de exclusividad con Culebra Records, subsidiaria de BMG. Mantuvo a la agrupación literalmente en el congelador. Esa empresa fonográfica no le dio la promoción prometida a la banda representativa del movimiento underground, entonces empezó de nuevo a crear sus discos de manera independiente, según escribió Roberto Ponce en este semanario el 15 de abril de 1999 (Proceso, 1170).

–¿Qué lugar ocupa ahora el rock mexicano?

–Es parte importante de la cultura nacional, no nada más de la música. Al principio nos preguntaban ¿qué son?, ¿qué tocan?, les aclarábamos que una agrupación de rock. Ahora el rock es un género que no sólo tiene que ver con la música, sino con la forma de ser, con todo un estilo de vida. El rock ha permitido muchas fusiones, ha permitido nuevas corrientes musicales. Ahora surgen cosas inimaginables en la música, de manera muy distintas.

“El rock es parte del nuevo pensamiento que se dio no sólo en México, sino en otros países por los años 60.”

Fusiones con el teatro y la danza

En esa época de auge del rock en México, los críticos resaltaron la característica y originalidad  de La Castañeda en sus conciertos por tocar  con acróbatas, actores y otras disciplinas artísticas. Le llamaban a sus propuestas performances.

–¿Cómo surge esa fusión de la música con el teatro?

–Por la formación de varios de nosotros. Anduvimos en grupos de teatro. Salvador Moreno, el líder del grupo, es artista plástico también. Es decir, no somos ajenos a otras disciplinas artísticas como el teatro, en fin. Surgió en el viaje que logramos en Viena, donde a además de dar conciertos, nos quedamos por esos lugares algún tiempo. En el Festival del Danubio había compañías de artes escénicas catalana, rusa e italiana que intervenían en el escenario, aparte de que ya teníamos el gusanito, eso nos mostró que sí se podían incluir en nuestras presentaciones otros aspectos artísticos.

“Notamos que es una pócima muy potente para los sentidos que la música se vista de otras disciplinas, como puede ser la actuación, la danza, en fin, y al regreso de ese viaje empezamos a planear los recitales de esa manera.”

–¿Qué significa para ustedes el Día de Muertos?

–Somos la única cultura que celebra a la muerte. Dentro de la temática de la banda hemos investigado vocablos en náhuatl y la muerte es parte fundamental de la cultura mexica. Algunos de los fans ven a La Castañeda como uno de esos grupos oscuros, aunque contamos con temas que no tienen nada que ver, pero así nos ha percibido una buena cantidad de la gente. Creemos que la muerte es la otra parte que nos va a tocar vivir. Nos reconocemos como seres efímeros,  que estamos aquí por unos momentos.

Al pedirle cómo califica a La Castañeda, Oswaldo resuelve así la respuesta:

“El trabajo discográfico allí está. Lo hecho, hecho está. Quien me pregunte si lo volvería a hacer, sin duda diría que sí.”

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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