Armando al enemigo

ESTAMBUL.– “Los islamistas tienen como mínimo seis tanques, que son los que puedo ver desde aquí, y nos disparan misiles. Nosotros sólo tenemos ametralladoras dushka montadas en camionetas y fusiles kalashnikov.”

Así narraba a este periodista por teléfono un miliciano del PKK, desde un montículo en el que se había refugiado junto a varios heridos tras la entrada de las fuerzas del Estado Islámico (EI) al campo de refugiados de la localidad de Mahmur, en el norte de Irak, el 8 de agosto pasado. Al final, el campo fue recuperado al cabo de unos días de batalla gracias a la cooperación entre guerrilleros kurdos, soldados peshmergas y el inestimable apoyo aéreo de Estados Unidos, que volvió a implicarse en el avispero iraquí tras la retirada de sus últimas tropas en 2011.

Fue en esos días, ante la apabullante superioridad militar de los yihadistas, cuando Estados Unidos y la Unión Europea decidieron armar a los peshmergas del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí como única fuerza fiable que pudiese hacerles frente.

Pero el problema es que la mayoría de los kurdos posee viejo armamento fabricado en tiempos de la Unión Soviética, y la UE tuvo que pedir ayuda a los estados de Europa del Este, antiguos miembros del Pacto de Varsovia, ya que su munición se adecua más a las necesidades de los kurdos.

De esta forma se da la paradoja de que los aliados de Occidente en la lucha contra el EI usen armamento fabricado en los países que, por ser del bloque socialista, eran antiguamente adversarios; y al contrario, una parte importante del arsenal del actual enemigo es de fabricación occidental.

“Propiedad del gobierno de Estados Unidos”. Este lema está grabado en el cuerpo de varios fusiles de asalto M16 capturados por las fuerzas kurdas a los combatientes del EI, según ha documentado la organización Conflict Armament Research (CAR) en una reciente investigación sobre el terreno, en Siria e Irak.

Pero, ¿por qué los yihadistas tienen en su poder armamento estadunidense? “Las fuerzas del Estado Islámico han capturado cantidades significativas de armas ligeras fabricadas en Estados Unidos y las han empleado en el campo de batalla”, explica Damien Spleeters, uno de los investigadores que participó en el informe de CAR.

En el caso de los M16, Spleeters cree que “probablemente se trata de fusiles entregados por Estados Unidos al ejército iraquí en 2008 que cayeron en manos del EI cuando éste conquistó Mosul el pasado junio”.

Para el investigador resulta crucial el hecho de que los kurdos recuperasen estas armas tras un combate en Kobani (Siria) sólo dos semanas después de la caída de Mosul: “La distancia entre ambas zonas es de unos 500 kilómetros. Así que la velocidad de la transferencia de un punto a otro demuestra la gran capacidad logística del EI y la fluidez de las rutas que utiliza”.

Dentro del armamento occidental utilizado por el EI no sólo hay material estadunidense: CAR ha documentado la presencia de rifles de francotirador croatas, armas belgas e incluso encontró una rara pistola Glock, de fabricación austriaca. En cuanto a armas más pesadas, Spleeters halló dos lanzacohetes antitanque M79, también croatas, que “son idénticos” a los que Arabia Saudita –aliada de Estados Unidos– transfirió en 2013 al Ejército Libre Sirio (ELS).

“No sabemos si el EI robó estas armas al ELS o si éste se las vendió al EI, pero resulta interesante constatar que las tienen quienes no deberían tenerlas. Esto muestra que a veces intentas pertrechar a la facción más moderada y las armas terminan en manos de los más radicales”, advierte el especialista.

El armamento belga ha sido rastreado también por estudios de la organización Small Arms Survey, que ha logrado demostrar que buena parte de éste fue vendido hace décadas por el gobierno de Bruselas al de Muamar Gadafi. Ahí, tras la caída del régimen libio, el arsenal terminó en manos de los extremistas.

También hay constancia de que el EI posee sistemas de defensa aérea portátiles (manpads) de fabricación china y rusa
–algunos incluso con misiles guiados, lo que representa un grave peligro ya que alcanzan fácilmente objetivos a tres kilómetros de altura. “Que tengan este armamento asusta mucho a las autoridades, porque pueden acercarlo a un aeropuerto sin ser vistos y derribar un avión cuando esté despegando o aterrizando. Por eso varias aerolíneas han cancelado sus vuelos a Erbil (la capital del Kurdistán iraquí), lo que hace perder mucho dinero al gobierno kurdo. Es decir, el EI utiliza los manpads como arma de terror y propaganda”, mantiene Spleeters.

Citando fuentes confidenciales, el experto en material militar Nick Jenzen-Jones sostiene que los manpads, así como otras armas antitanque de fabricación china, fueron pasados de contrabando a los rebeldes sirios a través de Turquía, en una operación dirigida por Qatar –supuesto aliado occidental–, que a su vez los había adquirido de Sudán, cuyo gobierno es enemigo de Estados Unidos.

De acuerdo con el estudio realizado por Jenzen-Jones, en la guerra de Siria la mayoría de armas ligeras utilizadas sigue siendo de procedencia rusa, china o de países de Europa del Este, ya que son más fáciles de conseguir en el mercado negro.

Sin embargo, este análisis también documentó munición de empresas situadas en Estados miembros de la OTAN, como Turquía, a cuyo gobierno se acusa de prestar apoyo a los grupos más radicales, como el EI o el Frente Al Nusra, o cuando menos de mirar hacia otro lado mientras los fanáticos adquieren armas desde territorio turco. Otra de las vías de entrada del armamento para el EI es a través de la frontera con Líbano, donde existe un importante comercio subterráneo.

Oferta y demanda

En entrevista, el investigador Nicolas Florquin dibuja un gráfico: “Una bajada fuerte en el precio de las armas acompañada de una subida repentina en el precio de la munición nos indica que, en Siria, un grupo ha recibido un cargamento de armas”.

Por ejemplo: el coste de la munición para armamento de la OTAN subió a principios de la guerra civil en Siria, hace dos años, cuando los libios enviaron allá las armas recibidas de manos de la Alianza Atlántica. Posteriormente bajó la demanda, ya que los rebeldes dejaron de usarlas por ser más fácil comprar munición para las armas provenientes del antiguo bloque oriental. En cambio, el precio de las balas remontó cuando cayó Mosul y el EI se hizo con una importante cantidad de armas occidentales.

Dadas estas transferencias, Spleeters muestra cierta preocupación por el futuro del armamento que países aliados de la OTAN están enviando a los peshmergas del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí: “Hay grandes posibilidades de que veamos esas armas en otras manos. Siempre ocurren cosas que hacen que cambien de propietario, bien porque las captura el enemigo o porque en las propias filas hay corrupción. Las armas se mueven mucho y hay que tener en cuenta que un arma vive muchos más años que el combatiente que la empuña”.

La mayor parte del armamento pesado –tanques, grandes ametralladoras, sistemas antiaéreos fijos– que posee el EI procede de la captura de las bases militares del régimen sirio y del ejército iraquí. La última de ellas ha sido la base aérea de Tabqa (Siria), en donde los yihadistas se hicieron con cuatro viejos cazas MiG, de fabricación rusa.

El sitio web especializado Bellingcat cree que si bien por el momento el EI no ha mostrado interés en desarrollar poder aéreo, podría hacer como los talibanes y secuestrar a pilotos sirios.

De todas formas, la parte más preciada del botín son 24 piezas de artillería antiaérea de fabricación soviética, lanzacohetes alemanes y dos tanques T-62, que se suman a las decenas de carros de combate obtenidos anteriormente y que han sido ampliamente utilizados en la ofensiva yihadista en Irak. Igualmente se hicieron con varios radares, algunos de ellos modelos chinos bastante modernos, aunque se desconoce si están operativos o algún militar sirio los inutilizó antes de que cayesen en manos yihadistas.

Según Bellingcat, el hecho de que el EI no atacase estos sistemas de radar durante la toma de la base de Tabqa y capturara armas antiaéreas indica el interés del grupo en aumentar su hasta ahora precario control de los cielos, en un momento en que una alianza de 40 países liderados por Estados Unidos inició los bombardeos sobre posiciones del EI en Irak.

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