Teatro: El último arrecife en tercera dimensión

MÉXICO, D.F. (apro).- Un lunes perfecto de reestreno para la obra El último arrecife en tercera dimensión, con la autoría y dirección de Mariana Gándara.

La obra funciona como un tres en uno, debido a que presenta tres situaciones independientes que mantienen relación por la muerte como tema –ésta es la causa de los estados humanos y también la consecuencia, el inicio del texto y su desenlace–, pero los personajes varían así como sus recursos.

  1. “Crucero de tres días”

Muestra el ocaso de un padre de familia, su estado vacuo luego de una “vida productiva” y la manera en cómo éste influye en los demás integrantes que, en este caso, son la esposa, el hijo mayor y la hija menor.

La esposa es quien manifiesta más receptividad a su influjo. Ella desemboca en una activa vida onírica que la regresiona, poéticamente, a comportamientos de la infancia, lo cual puede percibirse como un desequilibrio emocional en la madurez.

Es interpretada por la increíble y arriesgada Regina Flores Ribot, quien lleva el desequilibrio a su real expresión física cuando se levanta sobre los brazos de una frágil silla de plástico y comienza a zarandearse cual terremoto de la tierra.

No así el hijo mayor, quien es el único sobreviviente funcional de dicha situación familiar, en la que “la felicidad naufraga”, en palabras del dramaturgo David Olguín, si se mira ésta dentro de un contexto tradicional de ciclos vitales.

II.- “Zona de fauna”

El personaje principal de este fragmento es un ser vivo contranatural, un fenómeno de calamar gigante que alerta sobre el fin de un mundo pero el inicio de otro nuevo. Una situación muy japonesa, similar a la de Nausica, de Miyasaki.

En este “aparatado” los niños son los más habilitados para vivir el nuevo mundo, gracias a sus herramientas humanas para sostener vínculos más sanos, a diferencia de la generación de sus padres.

De la inventiva de Rodrigo Frenk, es la construcción y programación del calamar gigante como recurso escenográfico en vivo. El calamar ocupa una considerable cantidad de espacio en el foro, sobresaliendo como una escultura de material artificial y al que su realizador le dio vida utilizando unos lets internos de color morado que se prendían y se apagaban.

Mariana Gándara, es autora de los tres textos dramatúrgicos, toma al jovensísimo Tao lin (1983) –poeta, ensayista y escritor de relatos cortos– como referente. Puede sentirse en ella la intensa y profunda mirada interior de los personajes y un cuestionamiento duro y directo, sin afabilidad, a la cultura occidental.

III.- “Sasquatch”

El público abandona la sala para dirigirse por un pasillo hacia el estacionamiento del Centro Cultural Helénico, donde se topa con la última situación: una chica metida en un coche Nissan devorándose ansiosamente una mega hamburguesa de McDonald’s.

Ella es huérfana de madre y llena el vació con chatarras de varios tipos: chatarras alimenticias, chatarras emocionales, chatarras de pensamiento nocivo.

Sin embargo, la violencia que hace contra sí misma se contrasta por las líneas suaves y redondas de su apariencia física, su mirada acuosa como si deseara llorar pero no llora y su voz baja sin intención de ser escuchada a lo lejos.

El realismo de este último cuadro humano lo lleva la actriz Mariana Villegas. Come con velocidad durante la escena, y no trozos pequeños sino grandes mordidas, intenta entrar en un vestido que no es de su talla, y maneja como una huida el Nissan para salir del estacionamiento que funciona como espacio escénico deteriorado.

El tema, que es la articulación entre los tres textos, hay que deducirlo a título personal, más allá de lo físico, de las frases verbales, de los recursos escénicos. Uno se siente desafiado, enternecido, incómodo. Así, en ese orden, tal y como son presentadas las situaciones.

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