Sobre el artículo Opacidad y autoritarismo universitario

Señor director:

En ejercicio del derecho de réplica que consagran los artículos 6°, párrafo primero, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y 27 de la Ley sobre Delitos de Imprenta, le solicitamos se publique la siguiente respuesta a la colaboración de Ernesto Villanueva, con título “Opacidad y autoritarismo universitario”, que el 25 de septiembre de 2014, se publicó en la edición en línea de la revista Proceso, que usted dirige.

La colaboración contiene diversas aseveraciones sobre el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, sobre su director y sobre algunos de sus más distinguidos integrantes, que por ese solo hecho tendrían que estar apoyadas en evidencia irrefutable, pero el autor no ofrece ninguna. Nos preocupan particularmente dos afirmaciones:

– Que un solo universitario puede imponer su voluntad en los procesos de designación de directores en la UNAM es una afirmación que no tiene sustento alguno, si tomamos en cuenta que esa designación es resultado de la participación compleja y plural de la comunidad universitaria ante diversas autoridades y cuerpos colegiados en distintos momentos.

– Que se pretende “hacer del IIJ UNAM una instancia cercana a lo que se conoce como lavado de dinero…” es una afirmación que, además de revelar supina ignorancia sobre el tipo penal de “lavado de dinero”, desconoce por completo los procesos de revisión y fiscalización, interna y externa, que se aplican a los ingresos y gastos de la UNAM, así como a los del Instituto Nacional Electoral. En la UNAM todo proyecto de colaboración con instituciones externas se sustenta en un convenio y el ejercicio de los recursos implicados es objeto de fiscalización y control legal permanentes.

Si bien los insultos muestran la cultura de quien los profiere y no merecen respuesta alguna, la situación es distinta cuando se señala, sin fundamento, la existencia de conductas delictivas a cargo de personas que gozan de buen nombre, aprecio y reconocimiento en nuestra comunidad académica, poniendo también en entredicho a nuestra Universidad y a sus autoridades. No podemos permanecer indiferentes, ni lo haremos, ante estas graves acusaciones, de las cuales deberá responsabilizarse su autor, si alguna ética personal y profesional queda todavía en él.

Adriana Berrueco García, Adriana Pérez Rodríguez, Alberto Abad Suárez Ávila, Alfredo Sánchez Castañeda, Andrea Pozas Loyo, Arcelia Quintana Adriano, Ariadna Coquis Velasco, Arturo Anzures Martínez, Arturo Manjarrez Mosqueda, Arturo Oropeza García y 98 firmas más.

Respuesta de Ernesto Villanueva

Señor director:

En relación a la carta de réplica sobre mi artículo “Opacidad y autoritarismo universitario”, quiero hacer las siguientes precisiones:

1. Jamás me referí a la figura legal de lavado de dinero, ni mi texto tiene aseveración de ello. Por el contrario mi texto está en sentido figurado para que el lector promedio tuviera idea de qué estoy hablando y prueba de ello es la palabra “cercano” que de acuerdo al Diccionario de Lengua Española de la Real Academia significa: “que dista poco en el espacio o en el tiempo”. Se señala que los convenios que tiene el IIJ UNAM son fiscalizados y sujetos a auditorías. Eso es un dogma de fe, porque no hay acceso público a esos documentos. Más aún, tan estuvo mal lo que hizo el área de derecho electoral y que motivó mi afirmación, es que todos los candidatos que perdieron según el IIJ e impugnaron ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ganaron sus demandas y en otros casos se ordenó la integración de equipos de expertos ajenos al IIJ UNAM a efecto de que revisaran el trabajo del propio IIJ. Estos expertos llegaron a conclusiones distintas al revisar el mismo ensayo. Cabe decir que en el examen practicado por CENEVAL a los candidatos a consejeros no hubo un solo cambio.

2. Jamás dije que una persona designe al Director. Eso sería absurdo. Señalé que Diego Valadés “jugó un papel de estratega del actual director ante las autoridades”.

3. De igual forma la afirmación de que “esa designación (la del director) es resultado de la participación compleja y plural de la comunidad universitaria ante diversas autoridades y cuerpos colegiados en distintos momentos” es en verdad un galimatías, porque no hay procesos transparentes e imparciales para nombrar directores en la UNAM y la última palabra la tiene el Rector y la Junta de Gobierno.

4. Me alegro que por vez primera las cosas públicas se discutan en público y que miembros del IIJ UNAM salgan a debatir. Ojalá apoyen que se hagan públicos los proyectos del Instituto, desglosando montos y cuánto se destina a los investigadores y cuánto se queda la dirección. Esto sólo como punto de partida de una transparencia que hoy no existe.

Atentamente

Ernesto Villanueva

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