Se ajustan en París las cuentas sobre los mayas

Se menospreciaron en Europa las culturas mesoamericanas porque no se entendían, pero a raíz de que la escritura maya comenzó a descifrarse, empezó a tomar realidad como presente. Ese es el mensaje que hoy se le quiere imprimir a Mayas, revelación de un tiempo infinito, la muestra de 385 piezas que acaba de abrir en París el Museo Branly. Así que, como explican sus curadores mexicanos a Proceso, Mercedes de la Garza y José Enrique Ortiz Lanz, bastaba con trasplantarla íntegramente de la original presentada en el Palacio Nacional de México el año pasado para obtener una nueva interpretación.

PARÍS.- Mercedes de la Garza , curadora de la exposicion Mayas, revelación de un tiempo infinito, inaugurada el pasado 6 de octubre en esta ciudad después de haber sido presentada en México y Sao Paulo, recorre la inmensa galería «Jardín» del Museo Branly con evidente satisfacción.

Convertido en laberinto a la vez misterioso y acogedor, el espacio está envuelto en una luz suave. Spots luminosos y muros pintados de azul maya, gris tenue, amarillo sutil o negro profundo realzan la belleza de las 385 piezas  arqueológicas que el público galo podrá admirar hasta el próximo 8 de febrero.

Este auténtico tesoro entusiasmó a Stéphane Martin, presidente del Branly cuando visitó la muestra en el Palacio Nacional de México el año pasado.

Mercedes de la Garza cuenta divertida:

”Atendí personalmente a Stéphane Martin. Le di una visita guiada y se fascinó. Me dijo que quería llevarla a París tal como estaba, con el mismo guión y con la misma estructura. El Museo Branly sólo intervino en la escenografía.”

–¿Consideró Stéphane Martin que  se podía hablar de los mayas de la misma forma al público francés ajeno a esa cultura y al público mexicano?

Mercedes de la Garza se rie:

–Claro que sí. Y al publico  australiano y al japonés también… A cualquier público… Esa muestra, que es la más amplia jamás organizada sobre una civilización mesoamericana, fue una verdadera revelación en México  mismo porque se basa en hallazgos de suma importancia hechos en los últimos veinte años y que nos permiten acercarnos un poco más a la inmensa complejidad del mundo maya.

Mercedes de la Garza se torna pensativa cuando se le pregunta cuál es el aspecto más destacado de la cultura maya que le gustaría revelar en primera instancia a los visitantes del Quai  Branly, uno de los museos parisinos más frecuentados por franceses y turistas de todo el mundo.

–Quizás voy a sorprenderla, pero lo que más deseo es que los visitantes, al tiempo de pararse frente a esas obras –por lo menos frente a algunas de ellas–, se queden un momento mirándolas, y que después de admirar su belleza vayan más allá del puro placer estético y se compenetren en la fuerza espiritual que emana de ellas.

Tras unos segundos de silencio, agrega :

–Obviamente aspiro a que se enteren de la historia de los mayas, que sepan quiénes eran, cómo vivían, cómo pensaban, cuáles eran sus ideas centrales, su filosofía, su humanismo, su religion, su organización social, sus  conocimientos en particular en el campo de las matemáticas y de la astronomía.

“Por eso –enuncia– se estructuró el guión alrededor de ocho temas esenciales:

“El hombre y la naturaleza.

“Comunidad humana y vida cotidiana.

“El corazón de las ciudades.

“El hombre frente al tiempo y los astros.

“Las élites gobernantes y su historiografia.

“Las fuerzas sagradas.

“El hombre frente a los dioses: los ritos.

“Entrar en el camino: ritos funerarios.”

Pero hay algo más que le importa a Mercedes de la Garza:

–Me gustaría que al salir de la exposición los visitantes pudieran medir la insensatez de todas las leyendas inventadas sobre los mayas, como las que pretenden que los extraterrestres crearon sus ciudades o las que se apoyaron en el calendario maya para hacer creer en el fin del mundo.

Se va indignando mientras habla:

–El cuento del fin del mundo lo inventó un arqueólogo estadunidense sensacionalista que tenía mucho afán de lucro. La historia de los extraterrestres me parece una ofensa a los mayas. Quienes la idearon consideran que no fueron capaces de alcanzar el altísimo nivel de civilización que fue el suyo y que sólo se pueden explicar sus logros con intervención sobrenatural. Por supuesto las personas que saben del mundo prehispánico no prestan la mínima atención a semejantes tonterías, pero desafortunadamente a nivel internacional un amplio  público se deja seducir o influir por ellas.

–¿Confía en que Mayas, revelación de un tiempo infinito actúe como una especie de antiveneno?

–Exactamente. Sería un gran logro.

Miembro de la Academia de la Historia Mexicana, Mercedes de la Garza, quien dirigió el Museo Nacional de Antropología (que acaba de cumplir 50 años) se especializó en el estudio de la religión en la civilización maya. El más reciente de los 25 libros que lleva publicados hasta la fecha es Visión chamánica de los nahuas y los mayas, el legado escrito de los mayas.

En tres de las ocho secciones la curadora ahonda en el tema religioso. Entre otras obras maestras, señala una escultura, la cual califica de “excepcional”: El Adolescente de Cumpich, que representa a un personaje masculino desnudo en movimiento con una cuerda atada alrededor del cuello. Tiene escoriaciones entre las cejas y en las mejillas, lo cual indica que el joven pasó por un proceso de iniciación chamánica.

De la Garza muestra también a la reportera más obras singulares, como la impresionante escultura de un sacrificado de provenencia desconocida, prestada por el Museo Regional de Campeche: un hombre desnudo está acostado de espaldas, su cabeza cuelga hacia atrás, su sexo está en erección, una cavidad en su pecho permite entender que le fue extraído el corazón.

–Para mí es absolutamente capital que los visitantes del Museo Branly  entiendan en qué marco religioso se practicaron esos sacrificios. Sabemos que tal aspecto de la religión de los mayas los sorprende y a veces los espanta. Por eso recordamos que, según las creencias mayas, los dioses habían dado su sangre y la habían mezclado con masa de maiz para crear al hombre, y que en  reciprocidad el hombre tenía que alimentar a los dioses con sangre y venerarlos  con oraciones, fiestas, danzas y cantos.  Los mayas creían que los dioses se morirían y que el mundo se acabaría si el hombre no los alimentaba y si no celebraba los ritos. Es esa idea central, en su vida y en su visión del mundo, la que permite contextualizar los sacrificios humanos.

–Convivir tanto tiempo con el pensamiento maya, ¿influyó su propia filosofía de la vida?

–Sí y no. Dediqué toda mi existencia profesional a estudiar la religión maya. Interioricé muchos conceptos, pero debo confesar honestamente que no es fácil adentrarse en un pensamiento tan distante. Es preciso olvidarse de muchas referencias para poder acoger esa forma  de pensar, pero vale la pena hacer el esfuerzo para intentarlo y es también lo que propone aquí en Francia Mayas, revelación de un tiempo infinito.

Véronique Mortaigne, crítica de arte del vespertino Le Monde, parece dirigirse a Mercedes de la Garza cuando escribe en la introducción de su reseña de la muestra: “Los mayas nos obligan a pensar de otra manera”.

*    *    *

A su vez el arquitecto José Enrique Ortiz Lanz, coordinador nacional de Museos y Exposiciones del Instituto Nacional de Antropologia e Historia (INAH), considera capital también la presencia maya en el Museo Branly:

       ”En realidad con esta exposición pretendemos volver histórica a una civilización que durante mucho tiempo fue considerada como prehistórica. Nos importa hacerlo en Europa y particularmente en Francia, país que siempre manifestó un gran interés por el mundo prehispánico.”

–¿Podría ser un poco más explícito?

–A lo largo de muchos años todas nuestras culturas mesoamericanas fueron englobadas bajo la etiqueta de “artes primitivas”. Luego los franceses inventaron el término de «arts premiers» (primeras artes) que les pareció más correcto políticamente. De hecho el Museo Branly estuvo a punto de llamarse Musée des Arts Premiers. Afortunadamente acabó llamándose Museo de las Artes y las Civilizaciones de África, Asia y las Américas.

”Esa subestimación de la cultura de los mayas se debía al hecho de que no habíamos podido leer su escritura. Pero ahora las cosas van cambiando y es capital que el público del Museo Branly tome conciencia de ello. No son sólo los arqueólogos los que nos permiten interpretar el pasado, también lo hacen los epigrafistas, que nos estan devolviendo las antiguas voces de los mayas. Nos dan acceso a su historia y nos permiten descubrir un mundo muchísimo más rico  y complejo del que imaginábamos. En realidad Mayas, revelacion de un tiempo infinito es la punta del iceberg, anuncia grandes cambios en nuestra forma de aprehender la civilización maya”.

Ortiz Lang insiste asimismo en la continuidad del mundo maya. Enfatiza:

”Si bien la exposición se centra en los mayas arqueológicos, desde la entrada se anuncia la existencia de una población muy viva, muy activa y muy rica en manifestaciones culturales. Tan es así que estamos hablando tal vez de la lengua indígena con mayor producción  literaria en toda América Latina. Los escritores mayas van ganando muchos premios de poesía en todo el mundo. Y ese es uno de los mensajes que queremos transmitir aquí en Francia. El mundo maya no pertenece sólo al pasado.”

Mientras platica con la reportera se va acercando a una vitrina que alberga  dos incensarios de cerámica, uno de 27 centimetros, otro de 43. El primero, en perfecto estado de conservación; el segundo, cubierto en su mitad por una  gruesa capa de concreción calcárea. Explica el arquitecto:

”Estos dos incensarios de Tacotalpa, estado de Tabasco, representan al dios del sol que viaja al inframundo bajo la forma de un jaguar. Los mayas escondieron el incensario más alto en una cueva para pedir lluvia a los dioses. No sabemos si les concedieron su deseo, pero lo que vemos es que la naturaleza transformó su objeto de culto en estalactita. Me encanta esa estatuilla porque me parece una metáfora perfecta: desde la noche de los tiempos los seres humanos buscan transformar la naturaleza, pero la naturaleza siempre acaba transformándonos a nosotros.”

*    *    *

Es imposible resistir la tentación de pararse a contemplar tres piezas provenientes de Palenque: un espléndido rostro masculino de estuco tamaño natural hallado en el palacio, cuyo realismo deja atónito, y o las dos cabezas de Pakal, también de estuco. Una representa al rey adolescente, otra al rey joven adulto.

”Ambas son obras maestras realizadas en el siglo VII que seguramente van a asombrar a los visitantes”, subraya Ortiz Lanz mientras camina hacia la parte final de la muestra, Entrar en el camino, ritos funerarios.

“Cuando alguien se moría, los mayas decían que ‘entraba en el camino’. Esa metáfora refleja su concepto de la muerte, que era sólo un rito de paso, una entrada a otro estadio. El muerto no desaparecía.”

Las paredes están pintadas de negro y se exponen dos reconstrucciones de sepulturas encontradas en el estado de Campeche, una en Calakmul y otra en la isla de Jaina.

Al arquitecto se une Antonio Benavides Castillo, investigador del INAH-Campeche, y ambos indican que la presentación en el Museo Branly es distinta  a la del Palacio Nacional. Recalca el primero, quien tuvo a su cargo los trabajos de exploración, identificación e investigación de las sepulturas de Jaina:

”En ese conjunto funerario habia restos de tres esqueletos, el de un hombre, el de una mujer y el de un niño. Los tres miraban hacia el oeste, y entre ellos se encontraba una tabla de madera cubierta de estuco y pintada, sobre la cual estaban colocados unos 50 objetos que los difuntos necesitaban para su viaje. En Francia ahora está prohibído exponer restos humanos. Por lo tanto tuvimos que limitarnos a exhibir los objetos que acompañaban a los muertos. Y dibujamos la posicion de cada cuerpo en un cartelito. Lo mismo pasó con la escultura de  Calakmul, que constaba de un esqueleto masculino rodeado por vasijas.  En París  sólo  se ven  las vasijas.”

Benavides Castillo, además de formar parte del grupo de investigadores del INAH, lo es de la UNAM que a lo largo de todo el día del 6 de octubre  estuvo a disposición de los periodistas franceses para iniciarlos en la cultura maya. Este equipo de expertos participó además del 8 al 10 de octubre en un coloquio internacional interdisciplinario, Medidas y texturas del tiempo entre los mayas, lo escrito,lo dicho y lo vivido, celebrado en el mismo Museo Branly, y en el que intervinieron tanto los mexicanos como especialistas de universidades de Guatemala, España, Estados Unidos y Francia.

Las conferencias de Mercedes de la Garza y Kerry Hull, de la esatdunidense Brigham Young University (Idaho), inauguraron el coloquio cuyo objetivo fue abrir nuevas vías de investigaciones  y de reflexión sobre el complejo concepto del tiempo maya.

Los títulos de algunas ponencias dan la medida de esa complejidad: ”El tiempo vuela: el uso de aves y otros animales para representar los periodos de la Cuenta Larga maya”, ”Una concepción cíclica del tiempo en dos lenguas: el maya yucateco y la lengua de señas maya yucateca”, ”El fin dura largo tiempo: las generaciones del cambio en las Tierras Bajas mayas entre los periodos Clásico y Posclásico”, ”Dos tiempos-espacios en convivencia: otra lectura del ‘Titulo de tierras de Mani’”.

El Museo Branly tiene además previstas numerosas actividades paralelas a la muestra, entre ellas una exposicion de textiles mayas, algunos de ellos de los años treinta que integran parte de la colección del propio museo y que se llevará a cabo en el Instituto Cultural Mexicano. Tambien se exhibirá, esta vez en el Branly, una selección de 30 fotografías de los sitios mayas de Palenque tomadas por Désiré Charnay en 1881 y por Alfred Maudslay en 1891.

Y para introducir una nota de fantasía en el amplio programa, Stéphane Martin invitó a la artista mexicana Astrid Hadad para presentar su espectáculo Morir Moriendo a mediados de diciembre en el teatro del museo.

Tanto para Martin como para todo el equipo del recinto no cabe la menor duda: Mayas, revelacion de un tiempo infinito, romperá récords de visitas, tal  como lo hizo Teotihuacan, ciudad de los dioses que acogio en 2010 a 235 mil 723 visitantes durante los tres meses que permanecio abierta. Fue la  muestra más exitosa de todas las organizadas en  los ocho años de existencia del Museo de las Artes y Civilizaciones de África, Asia y las Américas.   

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