Día de furia en Iguala: incendian y saquean alcaldía y plaza comercial; hay 10 detenidos

CHILPANCINGO, Gro. (apro).- La indignación social frente a la crisis de inseguridad, violencia y corrupción, así como la ausencia plena de autoridad que prevalece en la entidad, desató un clima de ingobernabilidad en esta ciudad, donde autoridades municipales y sicarios al servicio del grupo delictivo Guerreros Unidos actuaron en contubernio para masacrar y desaparecer a 43 normalistas de Ayotzinapa.

En este lugar conocido como “La cuna de la bandera”, se registraron momentos de tensión, violencia y disturbios que desencadenaron en rapiña, luego de la marcha convocada por la Asamblea Nacional Popular (ANP), en el epicentro de la tragedia donde delincuentes y policías municipales desaparecieron a normalistas y masacraron a seis personas, tres estudiantes, un futbolista, un chofer y una profesora la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre.

Durante más de cinco horas, la ciudad tamarindera fue el escenario del caos y el desorden en este lugar controlado por la delincuencia, donde hace dos semanas la división estelar de la Policía Federal (PF) denominada Gendarmería asumió las funciones de seguridad y que este día simplemente brillaron por su ausencia.

Miembros del magisterio disidente irrumpieron en la sede del ayuntamiento, destrozaron, quemaron el inmueble y se retiraron del lugar.

Enseguida, decenas de jóvenes provenientes de colonias marginales de la ciudad desataron su furia contra el exalcalde prófugo de Iguala, José Luis Abarca, quien se encargó de sembrar el terror a través de las
pandillas al servicio del grupo delictivo Guerreros Unidos, perpetrando actos de rapiña.

“Pollo, tira barrio”, gritaba la turba a un joven de complexión delgada y desgarrado por las drogas, quien enfundado en un chaleco antibalas de la desaparecida policía municipal, alzaba sus manos como proclamando el poder de los marginados.

La estampa de la Iguala actual era dibujada por decenas de adolescentes, mujeres y hombres saqueando la sede del ayuntamiento, quienes se llevaron ventiladores, computadoras, mesas y sillas.

Estudiantes de nivel preparatoria y personas provenientes de la clase más pobre y marginada de Iguala participaron en el saqueo.

El frenesí de la rapiña llevó a la turba enardecida a la Plaza Tamarindos, el centro comercial que construyó el cuñado del clan Pineda Villa, donde destrozaron los vidrios de los establecimientos y saquearon una tienda de la cadena nacional Coppel.

Cinco horas después de los disturbios, la PF intervino sólo para dar protección al centro comercial, acción en la que detuvieron a diez personas que presuntamente se llevaban pantallas y teléfonos móviles.

Durante este tiempo, las autoridades federales y estatales desaparecieron y su omisión permitió los saqueos y el reflejo de la ausencia plena de autoridad.

A las 11:50 horas, un multitudinario contingente marchó sobre el bulevar Iguala-Taxco, para luego dirigirse al centro de la ciudad.

En su paso, el “núcleo duro” de la CETEG detuvo a un agente de la PF, el suboficial Agustín Dorantes Pineda, así como a un joven señalado como informante de los delincuentes, debido a que ambos seguían de cerca la movilización tomando fotos con sus teléfonos móviles.

A la una de la tarde, el grupo de choque cetegista arremetió contra el edificio del ayuntamiento de Iguala, que previamente había sido desalojado.

Los miembros del magisterio disidente destrozaron una parte del inmueble y se retiraron del lugar, luego de incendiar una parte del edificio que se encuentra sobre las calles Vicente Guerrero y Bandera Nacional.

La marcha siguió recorriendo varias calles de la ciudad con la demanda de justicia por el caso Ayotzinapa.

Enseguida, llegaron decenas de habitantes de las zonas más pobres de Iguala, quienes saquearon el inmueble y terminaron de quemarlo.

La turba proveniente de la zona más pobre de Iguala se llevó desde chalecos de la policía municipal hasta ventiladores, televisores y equipos de cómputo.

La acción de rapiña era festinada por los curiosos que observaban el espectáculo ante la ausencia plena de autoridad.

En un momento, personal de Protección Civil estatal intentó sofocar las llamas, pero los jóvenes corrieron a los empleados a pedradas y golpes.

Fue hasta las 18:30 cuando bomberos y brigadistas pudieron ingresar para sofocar el incendio en el ayuntamiento frente a la mirada de los igualtecos, quienes debieron cerrar los establecimientos comerciales del centro de la ciudad.

De esta forma se vivió esta jornada de movilizaciones a cuatro días de que se cumpla un mes de que 43 normalistas de Ayotzinapa siguen desaparecidos y las autoridades federales no pueden localizar a las víctimas y tampoco encontrar a los responsables de esta barbarie.

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