¡Fue el Estado!, clamor por desaparecidos de Ayotzinapa

MEXICO, D.F. (apro).- “¡Fue el Estado!”. Bajo esa consigna, unidos en el repudio por la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, el movimiento estudiantil desbordó una vez más las calles del país para exigir la aparición con vida de sus “compañeros”.

Decenas de miles de estudiantes en todo el país, y fuera de éste, dedicaron la jornada y su indignación a esta protesta.

Más de 50 escuelas de nivel superior y medio superior del país se encuentran en un paro nacional, al que decenas de instituciones públicas y privadas se unieron con diversas actividades en “solidaridad” con los normalistas.

Con el dolor como estandarte, en la capital del país fueron incontables las voluntades que con veladoras y su voz acompañaron los pasos de los familiares de los normalistas en la llamada “marcha de luz”, del Ángel de la Independencia al Zócalo.

Siguiendo a normalistas y familiares de los desaparecidos en la vanguardia, niños, jóvenes y adultos de todas edades, con flores blancas, fotografías de los 43 que faltan a todos y fuego entre las manos, los ecos de la marcha golpeaban:

“Les quitaron su vida y su luz… Y eso nos hizo encender con más fuerza la nuestra;

“Matan al pueblo y dicen que no, gobierno y narco la misma mierda son;

“Por los compañeros caídos de un gobierno que ejecuta;

“Ni perdón ni olvido. ¡Justicia! Si Peña como Aguirre no puede, ¡que renuncie!;

“Peña, culero, venimos de la Ibero. Peña, por asesino, fuera de Los Pinos;

“Los padres de los desaparecidos exigimos justicia. El Estado mexicano es un Estado fallido, fracasado. Hoy nos sentimos respaldados por el pueblo”.

Los rostros de los normalistas estaban por todas partes, multiplicando el dolor de saber que aún no están.

Las pancartas tenían su propio discurso.

Siluetas de cuerpos desvanecidos se dibujaban en las aceras del Paseo de la Reforma, enmarcando el nombre de cada ausente.

“Quien deja huella no desaparece;

“Alto a la indiferencia. Prohibido olvidar;

“No dejemos que los cerdos pisoteen de nuevo las flores;

“El gobierno nos ha quitado tanto que ya nos quitó el miedo;

“No somos de izquierda. Somos los de abajo. PRI + PAN + PRD = Narcogobierno.

“Tú podrías ser el 44”.

Al paso de los jóvenes anarquistas se leyó en los muros del diario Excélsior:

“Vengados los queremos. Convirtamos nuestro dolor en rabia;

“Rebeldía. Qué ardan los asesinos;

“Las balas que nos dispararon van a volver”.

Con la caída del sol los jóvenes prendieron fuego a antorchas improvisadas en ramas encendidas con gasolina.

Tronaban tambores y petardos de vez en vez. Por momentos, la protesta era también silencio.

Cada vidrio roto, al entrar a 5 de Mayo, generaba como reflejo llamados a la “no violencia”.

El centro de la marcha era claro: denunciar al mundo un “crimen de Estado”.

Desde un templete en la Plaza de la Constitución, alumbrados con una intensa luz blanca, los familiares de los normalistas recordaron a sus hijos y hermanos. Denunciaron el ataque sistemático del que han sido víctimas y les gritaron:

“Donde estén, queremos decirles que los estamos buscando”, se escuchó en el corazón del país.

Y pasaron lista: al mencionar su nombre, ninguno de los 43 pudo contestar. Lo hicieron por ellos miles y miles más.

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