Alemania: Mariachi para sobrellevar “la muerte y la violencia cotidiana”

BERLÍN (apro).- Sombras verdes con un borde dorado difuminado hasta las cejas; rubor intenso en las mejillas y un tono cereza en los labios; el cabello bañado en fijador, recogido en una cola de caballo y adornado con un enorme moño que hace juego con el color de los párpados. Regia, María del Carmen termina el ritual enfundándose en una larga falda verde olivo con grecas plateadas a los costados y la chaqueta del mismo color, con la tradicional botonadura de plata.

Orgullosa, su madre le acomoda el moño en el cuello y el sombrero de charro sobre la cabeza. Ya lista, la joven se despide de su madre e hija y cruza la vivienda de su humilde casa en un acto que, ella misma confiesa, la convierte en otra persona.

“Atravieso la puerta de mi casa y me siento otra persona: una artista”, dice, al tiempo que la cámara la sigue en su andar hasta el lugar donde cada día –soleado o con lluvia, sea de día o de noche– se gana la vida: la Plaza Garibaldi en la ciudad de México.

“Se oye mal que yo lo diga, pero aquí en la Plaza no hay nadie que cante como yo. Convivir con hombres es horrible porque son muy machistas, y a una como mujer no la dejan a veces avanzar. Como se lo dije muy bien a un cliente: yo soy cantante, no fichera”, afirma contundente María del Carmen, cuya historia como mariachi o “mariacha” es el hilo conductor del más reciente documental de la afamada directora de cine alemana Doris Dörrie, Dieses schöne Scheissleben, o Qué caramba es la vida.

Estrenado a nivel mundial este verano en el Festival de cine SXSW de Austin, Texas; competidor en la sección de Nuevo Cine alemán en el Festival de Cine de Munich, y en exhibición desde el pasado 23 de octubre en la cartelera alemana, el documental de Dörrie aborda la música de Mariachi como un elemento fundamental de la cultura mexicana, pero también, y sobre todo, homenajea la presencia femenina en este mundo musical dominado por los hombres.

Además de María del Carmen, quien como madre soltera trabaja incansablemente cantando música mexicana para sacar adelante a su pequeña hija y a su madre, el filme también presenta a las mujeres del mariachi femenil Estrellas de Jalisco y las dificultades que les representa cumplir su sueño de cantar y tocar profesionalmente con el ser madre, esposa y ama de casa.

“A diferencia de los hombres mariachi, nosotras tenemos que cumplir una doble jornada, pues además de trabajar los fines de semana en el grupo, entre semana hay que atender la casa”, dice una de las integrantes.

Mención aparte merece la aparición en el filme de las legendarias integrantes de Las Estrellas de México y Las Coronelas que, 50 años después, Dörrie las sigue en su reencuentro y en las presentaciones que realizan con el nombre de Las Pioneras de México.

La prensa alemana no ha tenido reparo en comparar el reencuentro de las veteranas y su aparición frente a la pantalla cinematográfica de Dörrie con el del Buena Vista Social Club cubano.

“Junto a las orgullosas, combativas y, en parte por las difíciles condiciones de vida, frustradas músicas, la magnífica cámara de Daniel Schönauer muestra una y otra vez la atmósfera y ambiente humano de la ciudad de México. Con este ‘Qué caramba es la vida’, él y Dörrie logran muy bien esta especie de Buena Vista Social Club femenino”, reseña por ejemplo el Neue Osnabrücker Zeitung.

Sobre dolor y violencia

Hace cuatro años Doris Dörrie recibió la invitación para presentar su película Die Friseuse en el Festival de Cine de Morelia y para formar parte del jurado del Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Grande fue su sorpresa cuando descubrió que era la única cineasta extranjera, a pesar de que el evento tenía un rango internacional.

“Pregunté el motivo (y la respuesta fue): la guerra contra la droga asusta a todos, nadie más se atreve a venir. Los productores mexicanos se sentían abandonados y parecían deprimidos de que la escena internacional artística, cinematográfica y literaria se hubiera alejado. Y entones yo pensé: ‘Si nadie quiere ir, tanto más voy yo”, narra ella misma.

Desde entonces comenzó a viajar cada año a México en estancias de dos meses. En una ocasión visitó la Plaza de Garibaldi. Ahí conoció a María del Carmen, cuya presencia la inspiró para comenzar a investigar sobre la figura femenina en el lugar.

“Me entusiasmé. Y es que cuando una mariachi mujer pregunta si se quiere una canción alegre o triste, tiene una dimensión muy especial porque me parece que justamente ellas quizás sean las más afectadas dentro de la guerra contra el narcotráfico, porque son quienes pierden a sus maridos e hijos. Y ellas cantan contra la muerte y la violencia cotidiana. Así de fuertes y poderosas pueden ser. La música de la mujer mariachi tiene ambas cosas: obstinación y tristeza”, dice convencida.

Y es que algo que fascinó a la directora alemana tiene que ver con esa aparente contradicción en la cultura mexicana de que por muy mal que se esté, hay que sonreír, ser feliz y disfrutar la vida.

“Los mariachis me fascinan. Son el cliché mexicano y al mismo tiempo representan una auténtica expresión del alma mexicana y de la convicción de que simplemente se tiene que seguir cantando y entonces todo estará bien. En tiempos de una inimaginable cruel guerra contra las drogas, México necesita más que nunca de canciones que de vez en cuando celebren la vida o ayuden a compartir la tristeza y desesperación”, explica.

El relato del documental comienza una semana antes del Día de Muertos. La tradición ancestral que combina elementos católicos y prehispánicos impresionó a Dörrie de tal forma que determinó que tal festejo tenía que estar también entro de su documental.

“También la guerra contra las drogas ha convertido a la muerte en un fenómeno cotidiano (para los mexicanos). Si en cinco años han muerto 70 mil personas de forma violenta, se puede hablar entonces de asesinato en masa. Y esta guerra contra el crimen en México ha sido convertida en un mito cultural por los medios. Es casi una fascinación enferma porque queremos leer esas noticias horribles y entonces también alimentamos ese mito con eso y con el consumo que nosotros mismos hacemos de drogas. En Alemania estamos unidos a esa guerra más de lo que creemos. Con cada cigarro de mariguana que fumamos promovemos esa guerra”, reflexiona.

Aprovecha entonces para señalar que la solución a ello es la legalización. “En Estados Unidos se avanza en ello poco a poco. El estado de Colorado es precursor en eso. Pero todavía está muy lejos eso de nosotros. Y mientras las drogas permanezcan como algo ilegal, el mercado de éstas será dominando por la mafia. Y la gente sufre por eso tanto como lo hace por el hecho de que (a la distancia) México se ve como un país de drogas, violencia y muerte”.

Pero más allá de eso, Dörrie aclara que ese fue justamente un motivo de por qué decidió viajar a México y filmar la película ahí: “Para mostrar que hay otra parte, otro México”, apunta.

Luego de presentarse en varios de festivales internaciones de cine, Qué caramba es la vida llegó a la cartelera alemana con una cálida y exitosa recepción de la crítica y el público.

“Nos ha ido muy bien con la prensa, hemos tenido muy buenas críticas y sobre todo también mucha retroalimentación con el público que la ha visto, que no deja de expresar su entusiasmo y gusto por el trabajo en la página de Facebook”, asegura el productor del documental, Helge Albers, y agrega que la siguiente parada del filme será en noviembre en el Festival Internacional de Documental de Amsterdam.

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