“Manifestación”, poema de Jorge Saldaña (1931-2014)

La televisión cultural en México no puede entenderse sin Jorge Saldaña, fallecido el 30 de octubre pasado por neumonía.

Periodista y músico veracruzano quien naciera en la población totonaca de Banderilla el 5 de enero de 1931, fue miembro fundador de Los Folkloristas a mediados de los años sesenta, conjunto pionero de la canción vernácula latinoamericana en recorrer peñas estudiantiles y cafetines literarios parisinos donde grabó el corrido “Juan sin tierra”, compuesto por el propio cantante Jorge Saldaña en 1956 (e interpretado posteriormente por el chileno Víctor Jara), cuyos versos concluían en desesperanza campesina:

Si me vienen a llamar para otra revolución,

les digo: “Estoy ocupado sembrando para el patrón.”

(ver video en https://www.youtube.com/watch?v=qaQ9QkditjE)

A comienzos de los años setenta, su programa Anatomías ganó prestigio y alto rating gracias a los polémicos debates que organizó, invitando a personalidades mexicanas del arte, la cultura y la religión. Sin pelos en la lengua, en las décadas siguientes continuó su línea periodística crítica del priismo, al punto que el gobierno de Salinas de Gortari intentó cooptar los temas espinosos en sus programas Desayunando con Saldaña en Canal 13 de Imevisión, por lo cual se vio obligado a autoexiliarse a Francia.

A su vuelta con el nuevo siglo, publicó el poemario Léxico, creo en ti. Adversos, Reversos y Perversos (edición de autor, diseño y formación de Andrés Corrales Amezcua, 131 páginas), en el cual comparte su experiencia gala en los poemas “Por los Campos Elíseos” y “La dueña y señora Torre Eiffel”; miradas a “Iztapalapa” en Semana Santa y “El carnaval de Veracruz”; redacta tres “intentos de sonetos” y montones de aforismos, bajo el título Irreverencias, en torno a uno de sus tópicos favoritos: Dios y la Iglesia, amén de quejarse por no ser convidado a la comida presidencial en el Día de la Libertad de Prensa.

“De humor ácido y punzante”, según lo describió el actor Héctor Bonilla (https://www.proceso.com.mx/?p=386294), Jorge Saldaña no sólo luchó hasta el final para salvaguardar su distancia en emisiones radiofónicas (por ABC) y televisivas (por Canal Once IPN) ante los poderosos, sino que fue fiel difusor de la música mexicana. El siguiente es un poema de intimidad urbana y nostalgia bucólica, incluido en Léxico, creo en ti (acaso con ecos leves de Whitman en Canto a mí mismo) y que Saldaña fechó en Jalapa, en junio de 2003.

Manifestación

Manifiesto y desfilo por las calles,

por las interiores calles de mí mismo.

Interrumpo el tránsito de humos,

de neblinas, de alientos y de miradas,

y calle abajo, con paso triunfador,

despliego mis pancartas

llenas de peticiones.

Me siento a medio Zócalo,

y con una guitarra forrada de hojas de maíz

me pongo a cantar:

¡Versos que le compusieron

a don Valente Quintero!

Manifiesto y desfilo por todos los corredores,

los de este mi lado flaco,

los de esta mi mente sana,

los de esta mi mente enferma.

Aunque no lo crean, mis veredas son verdes,

serpentean en un barbecho de recuerdos,

bajan y suben por carcajadas infantiles.

Por eso cuando llegan los campesinos,

me dan ganas de seguirlos.

Camino con ellos unas calles

y luego, como Judas, me regreso

y me integro a mi parcela

de miasmas y remordimientos.

Campesinos lejanos y diversos,

queridísimos y muy míos,

caminan a los campos de maíz

que hace siglos de memoria abandoné.

En su morral político de minucias

traen un mendrugo de pan,

un montoncito de soles y unas gotas de

( lluvia,

unas plumas de colores

que vuelan solas

con la brisa suave de mil primaveras

( canoras,

una horqueta de sauce

para buscar agua y sonrisas

en el asfalto de la ciudad,

y un montón de papeles amarillentos.

Al margen de un sello dice:

Niños de la ciudad, ved pasar a un

( campesino.

Él solo es procesión cuando camina.

No es andrajoso. Es su capa de colores,

de colores de barro, de metal, de tierra.

Sus ojos apuñalan

y sus manos son tercios de lana recia

de espaldas y a contraluz.

Es una estatua

como las que hay en todos los paseos

y en todas las plazas cívicas.

Sólo que las estatuas no comen.

En todo caso, el campesino tampoco.

Si al verlos pasar se te hace un nudo en la

( garganta,

no reacciones, hazte el disimulado,

piensa en Miss Universo,

en Orlando, en Disneylandia,

en Perisur.

Esto último es contundente,

radical, definitivo, punto.

Qué ganas de regresarme con ustedes,

respirar hondo cuando se columbre

a lo lejos el pueblo al pie de la esperanza.

Entrar por las callejuelas

dándole las buenas tardes

a todas las flores de los matorrales

y saludando de mano a todas las señoras

que salgan a la puerta para ver quién llega.

Qué ganas de regresarme con ustedes

y entre el giro de las golondrinas,

entre ladridos de perros preocupadísimos,

en un enjambre de graznidos

que hacen su cama

para dormir entre el follaje,

entre el humo del ocote,

rumor de imprecaciones vespertinas

y de campanadas de tarde somnolienta,

me sentaré a olvidar en la banca del parque,

dejando caer entre las cáscaras

mi reloj de manecillas epilépticas.   

Comentarios

Load More