Kobani, el asedio yihadista

ESTAMBUL.- “¡Kobani será la tumba del Estado Islámico!”

El grito resuena en las marchas que recorren Turquía en apoyo de los kurdos de esa ciudad siria, con el recuerdo de la consigna de los republicanos españoles, quienes hace casi 80 años defendían su capital del ataque franquista: “¡Madrid será la tumba del fascismo!”.

Y es que la batalla de Kobani ha despertado simpatías en todo el mundo por la numantina resistencia que presentan sus habitantes ante la expansión de las huestes del “califa” Abu Bakr al-Bagdadi.

Pese a estar en un paso aduanero en la frontera con Turquía, la ciudad no tiene demasiado valor estratégico; lo tiene, simbólico, para los yihadistas. Una derrota a manos de un enemigo mal armado y en teoría más débil sería un duro golpe a su imagen. Los kurdos de Kobani, en cambio, luchan por sobrevivencia, para defender su tierra.

Tras casi dos meses de asedio, en Kobani se lucha calle por calle, casa por casa, y las imágenes enviadas por los milicianos dan muestra de la destrucción: edificios que son ya sólo ruinas a causa de los bombardeos y calles repletas de escombros. Las mesas sobre las cuales un día los niños hacían la tarea, los mostradores de las tiendas, las estanterías antes repletas de garbanzos, azúcar y otros alimentos forman ahora barricadas para protegerse de los francotiradores que ocupan las azoteas.

Kobani –que junto con Afrin y Yazira forma los territorios liberados por los kurdos desde el inicio de la guerra civil en Siria– llevaba meses rodeada por las fuerzas del Estado Islámico (EI), que el pasado 16 de septiembre lanzaron su ofensiva final.

“¿Por qué nos atacan? Porque Kobani es un municipio democrático en el cual no sólo hay kurdos sino también árabes y otras minorías. Los kurdos hicimos una revolución y establecimos un sistema democrático de gobierno. Por eso nos atacan”, sostiene desde esa ciudad la copresidenta del Partido de la Unión Democrática (PYD), Asya Abdullah, en entrevista telefónica.

El PYD es el principal partido político de los kurdos de Siria y gracias a sus milicias, las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), consiguió asegurar aquellas tres poblaciones frente a las fuerzas del régimen de Bashar al-Asad y a los islamistas.

Pero ante la nueva ofensiva del EI, las YPG se han visto superadas y los yihadistas han avanzado desde el sur, este y oeste varios kilómetros al día, conquistando pueblos y aldeas hasta reducir el territorio del municipio exclusivamente al casco urbano de Kobani, provocando una oleada de 200 mil personas en busca de refugio en la vecina Turquía.

El pasado 6 de octubre el EI penetró en la ciudad tras haber tomado la estratégica colina de Mistenur y en los días siguientes avanzó por la avenida que parte la ciudad de norte a sur. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, los yihadistas controlaban ya 40% de Kobani.

Poco antes del amanecer de la jornada del 12 de octubre, los yihadistas lanzaron uno de sus ataques más duros para tratar de tomar la plaza central. Pero los milicianos kurdos resistieron.

“En Mosul (Irak) los soldados iraquíes escaparon en un día ante el avance del EI, nosotros llevamos más de un mes luchando y jamás nos retiraremos, aunque muramos, porque esta es nuestra tierra”, asegura el ministro de Defensa de Kobani, Ismet Sheij Hasan, en declaraciones a Proceso desde la asediada ciudad.

“Esta es una gran resistencia, una resistencia que pasará a la historia. Fusiles contra tanques, bombas y armas pesadas”, añade.

Y es que las fuerzas son desiguales. Los yihadistas usan modernos fusiles y vehículos­ blindados estadunidenses capturados a los iraquíes, lanzacohetes y otras armas pesadas –originalmente transferidas por Occidente a los rebeldes sirios– y carros de combate y sistemas de misiles –como los Grad rusos– conseguidos tras asaltar las bases del ejército de Siria.

Frente a ellos, las YPG sólo tienen viejo armamento ligero de fabricación soviética: fusiles Kalashnikov, ametralladoras portátiles DShK e incluso armas artesanales, como los rifles de francotirador Dragunov modificados para tener más rango de disparo.

“Se lucha casa por casa, a una distancia muy corta, incluso con granadas de mano”, explicó un comunicado de las YPG.

Según Perwer Muhammad, joven periodista kurdo desalojado de Kobani, los milicianos se ven obligados a utilizar tácticas de guerrilla, “emboscar” a las fuerzas yihadistas y luego retirarse.

Por ello las fuerzas del EI están tratando de reducir la ciudad a escombros, para evitar que los kurdos puedan esconderse: desde el exterior bombardean con su artillería el centro de la ciudad y hacen estallar vehículos cargados de explosivos y conducidos por pilotos suicidas a fin de abrirse paso hacia el centro de la ciudad.

Además en el frente oriental –donde más han conseguido avanzar– queman los edificios para evitar que los combatientes de las YPG se infiltren a través de sus líneas.

Heroína kurda

A veces el combate se vuelve tan desesperado que se toman decisiones drásticas, como la de Arin Mirkan. El 5 de octubre esta joven guerrillera –“alegre, vital y sonriente”, recuerdan sus hermanos– dirigía una unidad de 15 milicianos encargada de desalojar a 200 civiles de una aldea del extrarradio para evitar que cayeran en manos de los yihadistas. Lo consiguieron. Pero a cambio quedaron rodeados por los combatientes enemigos. Tras horas de tiroteos y cuando la munición comenzaba a escasear, Dilar Gencxemis –verdadero nombre de Mirkan– decidió atarse varias cargas explosivas y hacerse volar entre las filas islamistas. Mató a decenas de enemigos.

Tenía sólo 22 años y hacía siete que había dejado su hogar para unirse a la guerrilla kurda. Pero en su casa, en Afrin, no hay luto. La pequeña Dilar –la más joven de 11 hijos– es un orgullo para la familia, como dice a Proceso una de sus hermanas: “Cuando mi madre ve en televisión la foto de Dilar se emociona y dice: ‘No había otra niña como ella. Ha hecho que toda la familia lleve la cabeza erguida’”.

La dura resistencia kurda obligó al gobierno de Estados Unidos a coordinarse con las YPG a la hora de bombardear desde el aire al EI, una cuestión espinosa dado que esta milicia es “hermana” del PKK, grupo kurdo de Turquía incluido en las listas de “organizaciones terroristas” y con la cual Ankara ha mantenido una cruenta guerra en los últimos 30 años.

“Entendemos la preocupación turca sobre una serie de grupos kurdos con los que ha mantenido un conflicto. Sin embargo, creemos firmemente que tanto Estados Unidos como Turquía se enfrentan a un enemigo común, el EI, y tenemos que actuar de manera urgente”, justificó el secretario de Estado de Estados Unidos, John­ Kerry.

Tras establecerse contacto entre Washington y Kobani, los ataques aéreos se han hecho más efectivos, pues los milicianos suministran al ejército estadunidense las coordenadas de las posiciones yihadistas, lo que les ha permitido ganar cierto terreno.

Además, en el trigesimoquinto día de asedio, aviones C-130 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos arrojaron 27 fardos con medicinas, municiones y armas en las zonas de Kobani controladas por las YPG. Ese mismo día el viceministro de Exteriores de Kobani, Idris Nassan, se mostraba razonablemente feliz al teléfono: “Por supuesto que ayudarán, pero sólo estas armas no son suficientes. Necesitamos más y, además, armas antitanque, porque ellos reciben refuerzos continuamente. La geografía de Kobani es abierta y llana, y ellos controlan las poblaciones de alrededor, por lo que sus líneas de abastecimiento son muy sencillas”.

Doble juego turco

Pero no sólo desde el resto de Siria recibe ayuda el EI. Medios kurdos han tomado imágenes de la frontera turca que muestran a supuestos yihadistas penetrando en Siria a la vista de los soldados turcos. “Creo que tienen algún tipo de acuerdo (los yihadistas y Turquía) porque incluso ahora están recibiendo a sus heridos y a los nuestros les ponen obstáculos”, denuncia el ministro Hassan y recuerda que no pocos milicianos kurdos han muerto en el paso fronterizo mientras esperaban permiso de las autoridades turcas para salir de Kobani.

El papel de Turquía en esta contienda está siendo muy polémico. El presidente, el islamista moderado Recep Tayyip Erdogan, se ha negado repetidamente a asistir a los asediados alegando los lazos entre las YPG y el PKK, y que estos grupos y el EI son “lo mismo, es decir organizaciones terroristas”.

“Llevamos meses resistiendo el cerco del EI, por el sur, el este y el oeste, y al mismo tiempo, al norte, Turquía nos somete a un embargo”, critica Abdullah.

Ankara dio su brazo a torcer y la última semana de octubre permitió que los peshmergas –soldados del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí– usen territorio turco para transportar a Kobani 150 combatientes, armas, parque y piezas de artillería. También autorizó el paso de dos centenares de “rebeldes moderados” del Ejército Libre Sirio.

Pese a lo variado de las fuerzas defensoras, las YPG quieren mantener el mando por conducto de sus dos comandantes generales: Mehmud Berxwedan, un hombre, y Meysa Abdo, una mujer.

Especialmente ella, de unos 40 años, es muy querida por la tropa: “Es amable, educada, culta y siempre tiene una sonrisa, incluso en los momentos más difíciles –la describe Perwer Muhammad–. Está totalmente entregada a sus soldados, de los que se preocupa constantemente y para los que es como una madre”. Algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que la media de edad de los guerrilleros kurdos es muy baja.

Cuanto más resisten los defensores de Kobani, más se empecinan los yihadistas y se redoblan sus furibundos ataques, especialmente los bombardeos sobre el centro de la ciudad, donde aún queda población civil.

El enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, ha exigido a la comunidad internacional que reaccione para evitar que los yihadistas tomen Kobani y se produzca una masacre como la de 1995 en la ciudad bosnia de Srebrenica ante la pasividad de los Cascos Azules: “¿Se acuerdan de Srebrenica? Nosotros sí. Nunca lo olvidaremos y probablemente jamás nos lo perdonemos”.

La vida es dura en la ciudad asediada. Desde hace meses Kobani no tiene agua corriente ni electricidad pues los yihadistas han cortado, en su avance, todas las líneas de suministro; los asediados dependen de generadores, de los pozos y de la ayuda que muy de vez en cuando deja pasar el gobierno turco.

Se calcula que cerca de un millar de civiles –sobre todo ancianos– aún están atrapados en el casco urbano y muchos más en la pequeña lengua de tierra que separa la ciudad de territorio turco. Aunque las YPG dieron la orden de desalojar civiles, algunos se han quedado.

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