“Vikingos”

Canal Once estrenó recientemente la serie Vikingos, producida por History Channel. Se transmite los viernes a las 22 hrs, repite el domingo a las 21. Lleva cinco capítulos. Ocupa el espacio de Los Budenbrook, emisión de época sobre una familia inglesa de principios del siglo XX. El autor del nuevo programa es Michael Hirst, a cuya mano se deben también Los Tudor y Camelot.

Pese al señalamiento de que Vikingos se basa en hechos históricos, el relato es parecido a una película de acción de las que acostumbra producir Hollywood. El tiempo es incierto, no hay pistas para saberlo con exactitud, su apoyo es el nombre de un héroe mítico del pueblo vikingo, caracterizado como un personaje inteligente, buen padre y esposo, aunque sea capaz de masacrar a monjes cristianos desarmados sin el menor titubeo ni necesidad. Ragnar salva la vida a uno de ellos para que sea su informante, y así sigue con la saga de degolladeros en busca de botín de oro, plata, piedras preciosas y joyas de la Iglesia escondidas en monasterios y templos de la naciente Inglaterra.

La lógica de guerra, para un pueblo que sobrevive de la pesca, la caza y la agricultura, será buscar herramientas, barcos, árboles, comida, esclavos y quizá tierras para ampliar sus posibilidades de supervivencia, ¿Cuál era en este contexto la utilidad del oro e incluso de la moneda? Los saqueos consiguen eso y eso ambicionan tanto los hombres de Ragnar como los de su antagonista Haraldson, el supuesto conde que reina sobre el grupo como un tirano entrado en años y peinando canas.

Por otra parte el héroe Ragnar es una especie de buen salvaje que no trata como esclavo al monje, sino como un miembro más de su familia. Y este último resulta al final el bueno, el honesto, el de los valores humanistas. No roba, no mata, no viola mujeres. Habla el idioma de los vikingos y enseña el suyo a Ragnar y a sus hijos. En la relación entre ambos no hay una verdadera confrontación de culturas o de visiones del mundo. Todo el desacuerdo se reduce al politeísmo de un pueblo y al monoteísmo del otro. Al final ambos justifican la posesión de riquezas, como si estuvieran en pleno capitalismo salvaje.

La producción se encuentra salpicada de momentos espectaculares. El barco vikingo que se desliza entre acantilados es uno de ellos. Las planicies nórdicas, sus pastizales y las magníficas vistas del mar desde la cabaña del héroe es otro. Las rocas y las montañas de las incursiones hacia el pillaje, algunas más.

Predomina, sin embargo, la violencia. Los asesinatos abundan, se acuchillan o dan de hachazos. Las batallas devienen en carnicerías, los sajones no logran prevalecer. La sangre corre como un río, la muerte lo corroe todo y la ambición de poder y gloria infecta la convivencia.

Imposible no evocar
Ayotzinapa

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