En México a los migrantes muertos los tiran “como animalitos”: caravana de madres

Un migrante centroamericano en la estación de trenes en Arriaga, Chiapas. Foto: AP / Rebecca Blackwell Un migrante centroamericano en la estación de trenes en Arriaga, Chiapas. Foto: AP / Rebecca Blackwell

TAPACHULA, Chis, (apro-cimac).- A sabiendas de que las migrantes centroamericanas son blanco fácil de la trata de personas, la tarde del pasado jueves la X Caravana de Madres Centroamericanas realizó un recorrido por la zona de tolerancia del municipio de Huixtla, en busca de sus migrantes desaparecidos.

Minutos antes de las seis de la tarde, el grupo, acompañado por personal de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, recorrieron la zona de tolerancia, famosa por sus cantinas, pero también por ser punto de explotación sexual comercial de mujeres provenientes de distintos puntos del país y de Centroamérica, con el objetivo de llegar a Estados Unidos.

Las hondureñas Gladys López y María Clementina Vázquez Hernández, la nicaragüense Suyapa del Socorro Muñoz y la salvadoreña Liliam Morales Joven, fueron algunas de las mujeres de esta caravana que recorrieron sin ese corredor de antros en busca de sus hijas y hermanas.

Mujeres, jóvenes y cantineros salieron a la calle a ver la bulla de madres, muchos, molestos por la presencia de cámaras de medios de comunicación; otros, indiferentes; algunas mujeres se detuvieron a ver las fotografías mientras que las menos prefirieron quedarse dentro de los locales y apagar la música ranchera que ya empezaba a sonar.

Gladys López busca a su hija Brenda Suyapa Zúñiga, quien salió de Honduras el 16 de marzo de 2003; Suyapa del Socorro Muñoz busca a su hermana Diana Maribel Muñoz Ribera, que salió de Nicaragua hace 10 años; Liliam Morales Jovel también anda en busca de su hermana Jackeline que salió de El Salvador el 7 de mayo de 2007, y María Clementina Vázquez Hernández busca a su hija María Inés Hernández, que abandonó Honduras el 7 de noviembre de 2000.

Ante la mirada de policías locales que escoltaron a la caravana, las mujeres pasaron de local en local preguntando “¿la ha visto?”. La mayoría recibió un “no” por respuesta, a otras les decían que era difícil responder porque son muchas las jóvenes que llegan y luego se van.

Indignación

Santos Rojas es una mujer nicaragüense afortunada. El año pasado encontró a su hijo Jorge Alberto Reyes Rojas en la ciudad de Tapachula. En solidaridad con otras madres, se incorporó a la Caravana porque dice “que en este país aún hay muchos nicaragüenses que encontrar”. En esta ocasión ella viene buscando a una de sus vecinas de nombre Erika y a su sobrino René, quien desapareció desde hace ocho años.

En su paso por los bares, Santos encontró una pista; alguien le dijo que había visto a la mujer de la fotografía en otro bar, ubicado como a una hora de distancia de donde se encontraban. La nicaragüense está contenta porque ya hay un indicio de que Erika está viva, lo que dice, alegrará a su vecina, una mujer adulta que se encuentra muy enferma y que no pudo venir a esta caravana a buscar a su hija.

Pero su felicidad pronto se transformó en indignación, cuando se topó con decenas de jóvenes centroamericanas en condiciones de explotación sexual comercial.

Esa misma indignación la sintió en días pasados cuando la caravana recorrió Juchitán, Oaxaca, y vio un cementerio de fosas comunes en medio de un basurero, donde la única referencia de las personas ahí enterradas eran fechas pintadas en una pared.

“Quizás esos muertos sean migrantes centroamericanos que perdieron la vida en el tren o tal vez podrían ser personas que son asesinadas en su travesía hacia Estados Unidos”, dice y añade que eso refleja el desinterés del gobierno mexicano por el tema migratorio y por aquellas personas que cruzan el país sin documentos de estancia legal.

“Entre todos los Presidentes malos el de México, dice, gana el primer lugar. En mi país un muerto es sagrado, se le entierra donde se le tiene que enterrar, se le mete a las morgues para buscar a sus familiares cuando no es identificado y lo que miré aquí (en el cementerio ubicado en medio del basurero) es que se les tira como animalitos”, sentencia.

Santos sabe de lo que habla. En su recorrido por las vías del tren de Huixtla, en este mismo estado, escuchó narrar a las personas del poblado, cómo hace un par de días un joven guatemalteco murió al caer del tren. Al mirar la veladora en honor del difunto, la mujer afirmó que si no fuera por la solidaridad de la gente el cuerpo de este joven sería uno más destinado a la fosa común.

Santos no titubea al decir que hay que exigirle al gobierno mexicano que respete los Derechos Humanos de las personas que migran porque debe entender (el gobierno) “que nuestros hijos sólo van de paso acá y si él resolviera la problemática de los migrantes, que hubiera un paso libre, se ahorraría trabajo él y nos ahorraría trabajo a nosotras las madres que venimos de tan lejos”.

La caravana está a punto de concluir, por eso la búsqueda se intensifica en Chiapas. No es para menos, de acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones se estima que anualmente ingresan de manera irregular por la frontera sur de México unas 150 mil personas migrantes que tienen la intención de llegar a Estados Unidos.

Con el apoyo del colectivo Brigada Callejera, las mujeres con hijas o hermanas desaparecidas buscarán reunirse con mujeres en condición de explotación sexual. Este fin de semana visitarán más cárceles y harán recorridos por los poblados de tránsito de migrantes, todo ello antes del 7 de diciembre, cuando finalizará la caravana.

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