“Claudia”, un gran taller para José Agustín*

Nacido el 19 de agosto de 1944 en Acapulco, Guerrero, José Agustín Ramírez rememora cuando él y Vicente Leñero entraron en contacto:

“Yo conocí a Vicente Leñero cuando entré a trabajar a la redacción de la revista Claudia por 1965 o 1966 y al momento que nos dijeron que él iba a ser nuestro director. Pensé: ‘¿Leñero? ¡De poca madre!’, porque yo lo admiraba mucho y así nos relacionamos. Vicente acabó siendo nuestro jefe de redacción en aquella época cuando estuvo con Gustavo Sainz y conmigo allí. De verdad me puse muy contento cuando supe que él vendría, y dije: ‘¿Con nosotros el señor de los súper recursos literarios Vicente Leñero va a quedar a mi lado en Claudia? ¡No, pos qué a toda madre!…’. Personalmente yo le aprendí un mundo de cosas a Vicente y sobre todo a su libro Estudio Q.”

José Agustín había publicado su primera novela en 1964, La tumba, para asistir más tarde al taller literario de Juan José Arreola y concluyendo estudios de cine en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM. Cuando él y Leñero coincidieron, preparaba su segunda novela, De perfil (1966) y una autobiografía llamada José Agustín.

“Escribíamos todos nuestras cosas e íbamos pasándonos las páginas ¿no?, Vicente estaba escribiendo Estudio Q, creo que ya había sacado Redil de ovejas, y Gustavo Sainz hacía Obsesivos días circulares para luego publicar Gazapo. A mí Vicente me ayudaba a corregir galeras…

“Nos juntábamos ahí Gustavo Sainz, Vicente Leñero y yo. Luego entraron a trabajar con nosotros bastantes escritores más como Nacho Solares, Parménides García Saldaña o Juan Tovar, todo mundo pasó por Claudia de México.”

La charla con Proceso acontece unas cuatro horas antes de que José Agustín fuera galardonado junto al periodista, dramaturgo, novelista y guionista de televisión y cine Vicente Leñero con la Medalla Bellas Artes 2011, la noche del miércoles 21 de septiembre en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes. Su esposa Margarita no cesa de contestar las llamadas telefónicas que a cada momento les llegan tanto en el cuarto del Hotel Holiday Inn Zócalo de la Ciudad de México –al cual arribaron la noche anterior desde Cuautla, donde radican–, así como en sus celulares.

“De antemano y como te digo yo ya había leído algunas cosas de Vicente, me gustó muchísimo Los albañiles; pero Estudio Q me fascinó, me quedé gruesamente sorprendido porque era una mina de recursos literarios sensacional.

“Pero pienso además que éramos bastante buenos haciendo nuestro trabajo allí, y como lo realizábamos relativamente rápido, nos sobraba el tiempo para estar haciendo todo lo que queríamos para nuestra literatura y nos la pasábamos escribiendo, nos rolábamos las hojas, en fin que era un ambiente suave, en general fue algo padrísimo trabajar con él en Claudia.”

Vicente Leñero, refiere, “también hacía trabajos literarios para las telenovelas por ese tiempo aunque eso como que estaba un poco estigmatizado por aquel entonces en la literatura mexicana; pero a mí me parecía perfectamente bueno que Vicente hiciera lo que se le pegara la gana, y ya ves que posteriormente él entró al cine y se convirtió en el súper estrella del guión cinematográfico.

“Por mi lado yo había estudiado cine en el CUEC, y para 1967 gané un segundo lugar en un concurso de guionismo cinematográfico y ya me iba a meter por ahí pa’ seguir escribiendo, pero como entonces había salido publicada mi segunda novela De perfil y le fue increíble, salió mucha gente del cine que incluso me quiso comprar los derechos y finalmente se los vendí a Carlos Melo, para ya de ahí meterme yo de lleno a la literatura, a mí lo mío.”

La Onda y la buena onda

El éxito de aquella segunda novela le “abrió las puertas de la literatura” a José Agustín, quien tras aquellos años en Claudia daría por concluido su “último trabajo de ocho horas” y juró “nunca más volver a entrar en ninguno”, cuenta a Proceso:

“Cuando yo llegaba a leer algo que había escrito Vicente Leñero, porque nos lo mostraba en Claudia, todos se lo comentábamos. Como yo ya iba en mi segunda novela, De perfil, nos criticábamos nuestros escritos mutuamente y él en muy buena onda.”

El acapulqueño se alista para la ceremonia en Bellas Artes.

“Vicente me hacía las recomendaciones pertinentes para De perfil o para alguna otra lectura, como se lo haría alguien a cualquier compañero cuando se leen sus borradores para un próximo libro. Desde entonces nos hicimos muy buenos amigos, lo cual ha continuado hasta la fecha, pues hemos mantenido una amistad bastante buena. Igual con Sainz, pero ahora como Gustavo se fue a vivir al Gabacho (Estados Unidos) ya no nos vemos tanto. En cambio, a Vicente lo veo más seguido.”

Figura clave de los escritores de la llamada Literatura mexicana de la Onda, José Agustín se despide con ánimo fresco:

“La presencia de Vicente en Claudia fue como la culminación de un gran taller literario para mí y todos nosotros allí. Yo a Vicente Leñero siempre lo he considerado un cuate verdaderamente sensacional.”

* Este testimonio del autor de De perfil sobre su trabajo con Vicente Leñero en la revista Claudia fue recogido el 21 de septiembre de 2011 en Proceso 1821.

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