Vicente Leñero y el videoarte

Vicente Leñero participó como jurado en la primera Muestra de Videofilm llevada a cabo en México en 1986. El cineasta Rafael Corkidi la organizó y, aunque no se trataba de un certamen, sí había que hacer una selección de videos para exhibir y darle un reconocimiento a la mejor pieza.

Para ello se formó un grupo; Corkidi, amigo suyo, fue a invitarlo a Proceso. Se negó en un principio; accedió luego de mucha insistencia y cuando Corkidi le aseguró que las sesiones para ver los videos serían en la mañana de los lunes, antes de la junta editorial de la revista.

Leñero era subdirector y su presencia infaltable en las reuniones en que se analizaba el número anterior y se planeaba el de esa semana. El interés de Leñero en un ejercicio audiovisual incipiente como el videoarte, se puede explicar por su participación como guionista de telenovelas y de películas. Para un dramaturgo, el ejercicio de producir en corto tiempo un libreto de 60 capítulos y desarrollar cada escena día a día bajo la tiranía del reloj resulta una disciplina formadora. Con frecuencia hablaba de que escribir un buen melodrama no es tan sencillo, también de que no toda la televisión comercial es execrable.

El videoarte era una novedad. Corkidi fue impulsor de tal arte en ese momento, él había cambiado la cámara de cine por la de video en vista de las dificultades que atravesaba la industria fílmica nacional en esos años.

Para Leñero toda narrativa audiovisual era atractiva. Esa curiosidad fue definitiva en su decisión de aceptar la propuesta de sentarse muchas horas frente a un monitor para analizar, comentar y finalmente calificar trabajos de las más diversas calidades y temas.

Tuve la suerte de compartir con él, como miembro del jurado, las reuniones durante las cuales mirábamos obras y discutíamos sus virtudes, sus defectos. En una primera ronda descartamos un buen número; pero seguían siendo muchas las piezas de entre las cuales saldría la ganadora. Vicente no faltó a ninguna de las sesiones. Su mirada experta nos guiaba, para él importaba lo formal que impacta el contenido, lo hace original o irrelevante.

No hay que dejarse abatir por el aspecto ideológico ni por la moda. Una obra funciona cuando es capaz de hacernos aceptar su propuesta, cuando nos convence.

La galardonada, por unanimidad fue Sarah Minter con un documental sobre niños de la calle. La autora siguió trabajando en el desarrollo de una forma de expresión que hoy se ha consolidado.

La ventaja de seleccionar una muestra es que se puede ser inclusivo, descartar poco, mostrar cuanto sea posible en el espacio señalado. Así se hizo en esa primera Muestra, que dio lugar a una Primera Bienal en 1990, también bajo la batuta de Corkidi, y en la cual ya no tuvimos el privilegio de tener a Vicente Leñero en el jurado.

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