Con recopilación de ‘poemínimos’ culmina homenaje nacional a Efraín Huerta

MÉXICO, D.F. (apro).- Con la presentación del libro El gran cocodrilo en treinta poemínimos, concluyó este miércoles el homenaje nacional por el centenario de su nacimiento al poeta Efraín Huerta en el Salón de Comparecencias del Senado.

Atestiguaron el cierre de los homenajes realizados a lo largo del año su hijo, el también poeta David Huerta y el ilustrador Dr. Aldrete. Ambos evocaron al poeta contestatario que plasmó en su obra su inconformidad social.

Ante un grupo de cerca de 50 jóvenes procedentes de Tehuacán, Puebla, y de los senadores Banca Alcalá, presidenta de la Comisión de Cultura, y Zoé Robledo, presidente de la Comisión de Biblioteca y Asuntos Editoriales, David Huerta coincidió con Alderete en que los poemínimos son “la puerta de entrada” a la obra del llamado Gran Cocodrilo.

Y comentó que aún no es tiempo de hacer el recuento de las actividades del homenaje. Sin embargo, recordó como “la experiencia más bella y más profunda del centenario”, un encuentro en el Centro de Readaptación Social de San Fernando, en el Distrito Federal, en el cual los internos -mediante una votación tras haber leído a varios autores- decidieron bautizar su biblioteca con el nombre de Efraín Huerta.

Luego del acto inaugural de la biblioteca, cuatro de ellos, con el rostro iluminado con una lámpara de mano en medio de la oscuridad, leyeron el poema Los hombres del alba, y afirmaron: “Nosotros sabemos que Efraín también escribió para nosotros”.

Esa frase, dijo David Huerta, “es lo que me llevo en el corazón”. Destacó que Efraín Huerta no está confinado a los poemínimos, el espacio humorístico o la ironía, sino que también tiene una dimensión trágica. Y leyó los primeros versos del poema que habla de los barrios bravos de la ciudad:

“Y después, aquí, en el oscuro seno del río más oscuro,

en lo más hondo y verde de la vieja ciudad,

estos hombres tatuados: ojos como diamantes,

bruscas bocas de odio más insomnio,

algunas rosas o azucenas en las manos

y una desesperante ráfaga de sudor.

Son los que tienen en vez de corazón

un perro enloquecido

o una simple manzana luminosa

o un frasco con saliva y alcohol

o el murmullo de la una de la mañana

o un corazón como cualquiera otro.

Son los hombres del alba.”

Coeditado por el Senado y el Fondo de Cultura Económica (FCE), el volumen de 79 páginas, dedicado a niños y jóvenes, está ilustrado con llamativas imágenes, de encendidos colores, realizadas por el diseñador argentino Dr. Alderete, quien contó que cuando el Fondo lo invitó a este proyecto lo rechazó pues creyó que se trataba de cualquier otro libro de poemas.

Luego le enviaron los poemínimos y se dio cuenta de que era algo muy distinto a lo que había imaginado. Hoy expresó su agradecimiento por la invitación y por la libertad que le dieron para trabajar e incluso “faltarle el respeto” a la obra de Efraín.

El libro, agregó, fue su “puerta de entrada hacia su obra” y le ayudó a entender a México, ese país al que Efraín amó y “también odió por sus contradicciones”.

Entonces leyó fragmentos del poema ¡Mi país, oh mi país!, que –aclaró– no está incluido en el libro para niños, pero le ayudó a entender los sentimientos de Huerta por México:

“Ardiente, amado, hambriento, desolado,

bello como la dura, la sagrada blasfemia;

país de oro y limosna, país y paraíso,

país-infierno, país de policías…

…Porque al granadero lo visten

de azul de funeraria y lo arrojan

lleno de asco y alcohol

contra el maestro, el petrolero, el ferroviario,

y así mutilan la esperanza

y le cortan el corazón y la palabra al hombre

y la voz oficial, agria de hipocresía,

proclama que primero es el orden

y la sucia consigna la repiten

los micos de la Prensa,

los perros voz-de-su-amo de la televisión,

el asno en su curul,

el león y el rotario,

las secretarias y ujieres del Procurador

y el poeta callado en su muro de adobe…”

La coordinadora de Obras para Niños del FCE, Socorro Venegas, explicó a los jóvenes presentes que Efraín Huerta creó el “cocodrilismo”, un  movimiento que él llamó como “nueva dimensión del sentimiento creador, extraordinaria escuela de optimismo y alegría”. Y creó también los poemínimos, un nuevo género dentro de la poesía, que consideró como “mariposas locas” en los cuales captó sentimientos y frases de alegría e ironía.

David Huerta dijo al término que muchos de los poemínimos de Efraín Huerta son citados con frecuencia, sin mencionar el hombre de su autor, lo cual habría encantado a su padre pues al final es una vuelta a la voz popular.

 

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