“La paloma y el ruiseñor”

MAZATLÁN, Sin.- Pudimos asistir al estreno mundial de La paloma y el ruiseñor, ópera en dos actos del estadunidense Roger Bourland (1952), libreto original en inglés de Mitchell Morris y adaptado al español por Plácido Domingo Jr. en el Teatro Ángela Peralta.

Y precisamente trata de los últimos días de Ángela Peralta en su mítico viaje con su compañía de ópera a Mazatlán; su llegada al puerto, donde cantó El trovador y Aída, pero se topa con la fiebre amarilla que en esa época ocasionó decenas de  miles de muertes, incluida la de ella misma.

Ópera dramática, romántica y llena de lirismo. Se agradece al autor que utilice melodías y que su música sea tonal. Muchos autores contemporáneos escriben sin recurrir a las melodías ni a la tonalidad y se hace muy difícil para el público digerir esa música que además, en muchos casos, no busca tampoco la belleza y experimenta con otros recursos.

Ángela Peralta (1845-1883), El ruiseñor mexicano, proviene de una familia de clase media y tuvo una buena educación; antes de los veinte años ya había conquistado los principales teatros de ópera del mundo, cantó en Alla Scala de Milán en 1862. Compositora y pianista, publicó un volumen con 15 canciones suyas. Murió en Mazatlán y sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres (sic).

Los dos protagónicos estuvieron soberbios en sus actuaciones y en su canto: Jéssica Loaiza y Armando Piña. Hay que destacar que en este montaje se utilizó solamente talento sinaloense, “no necesitamos que nos manden cantantes del INBA, nosotros tenemos mejores”: De 18 solistas se compone esta obra además de coro, ballet y coro infantil. Un esfuerzo titánico. El resultado: nada malo.

Se nota en seguida que la obra no fue escrita originalmente en español. A pesar del excelente trabajo del señor Plácido Domingo tercero, algo pasa con las óperas e incluso las canciones cuando se las traduce, las notas y las sílabas ya no casan de manera perfecta como en el original.

Necesariamente La paloma y el ruiseñor será objeto de algunas revisiones; contiene escenas que si se eliminan no afectaría en nada al todo y sí agilizara la obra, que está muy larga, poco más de tres horas sin contar intermedios; y otras escenas excelentes, logradísimas, muy emotivas pero que luego se pierden en un mar de melodías y situaciones totalmente olvidables. El buen nivel obtenido a veces no se conserva.

La paloma y el ruiseñor, un logro artístico de muy altos vuelos.

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