Sistema público de radiodifusión del Estado

En vista del arribo de la televisión digital terrestre y del apagón analógico, el gobierno de Calderón estableció el Organismo Público de Medios Audiovisuales (OPMA), dependiente de la Secretaría de Gobernación (SG), con el objetivo de preparación técnica como en materia de realizaciones para darle cabida a una nueva señal pública bajo control del gobierno. En esos años se puso al aire el Canal 30 y se le reservaron 16 canales adicionales repartidos en la República.

A partir de las reformas a la Constitución en 2013 y sus reglamentos en 2014, apareció el Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPREM), nombre largo y repetitivo. Si es público tiene que ser del Estado, al parecer los burócratas de la SG no son muy avispados en el uso del lenguaje. Surge así al conjuro del bautizo a la nueva cadena estatal prometida en la legislación. El próximo año se dará a conocer a los ganadores de la licitación para dar paso a dos más, éstas a cargo de los industriales.

En el tiempo que duró OPMA, se produjeron series de temática cultural, algunas recogían tradiciones populares de  las  regiones,  de  los estados de la República y otras estaban destinadas a reflejar lo sucedido en la capital o las grandes ciudades. Una pequeña parte promovía el turismo. Se produjeron también ficciones orientadas al propósito de aludir a hechos de la historia de México.

El propio Canal 30 es cabeza de la cadena y está estableciendo sus repetidoras por todo el país. Éste tenía y tiene una audiencia reducida a los aún escasos receptores capaces de captar la señal digital.  Se supone que tal posibilidad se ampliará en el momento del apagón analógico en 2015, si es que la fecha no se modifica una vez más. Las producciones actuales manifestadas en la página web son 40. De entre ellas sobresalen algunas que vimos ya en años pasados en TVUNAM, en Canal Once y también en Canal 22. Por ejemplo Los Gastronautas, una ficción de asuntos gastronómicos y turísticos que reseñamos aquí. También Maestros olvidados, acerca de oficios que han caído en desuso por las transformaciones en la producción de artículos. Otra realizada en 2013 que se titula Coleccionista, al aire en estas semanas. Constituye un thriller cuyos misterios a develar resultan ser historias sobre la revolución de 1910, acerca de personajes inventados y de situaciones no siempre verídicas. Su estructura es de una serie con tres protagonistas: un anciano dueño de una tienda de antigüedades, un joven que se dedica a buscar en internet las características de las piezas que se pondrán a la venta, y una joven restauradora, Clío, quien se dedica a adquirir muebles, adornos, libros y los reacondiciona para revenderlos.

La serie muestra en su entretela datos curiosos, relatos poco conocidos y descripciones de objetos valiosos. Resulta divertida aunque los diálogos no están muy pulidos y eso le resta verosimilitud a la relación de los personajes.

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