Retroceso de la TV pública

La aparición de una nueva cadena televisiva dependiente del gobierno forma parte del proceso de involución de los medios públicos. El Sistema, con canal 30 a la cabeza y sus repetidoras, además de tratar de difuminar la política de rebaja de los presupuestos a los medios culturales existentes, tanto en el Distrito Federal como en los Estados de la República, evidencia varias cosas más:

El abandono de instituciones en peligro de desaparecer debido a la digitalización; los nombramientos de funcionarios sin el perfil adecuado en las televisoras por instrucciones directas del secretario de Educación; el escaso monto destinado a producciones y el dilapidar el dinero en foros y encuentros que no sirven para mejorar el desempeño de los medios y sí para colocar bajo los reflectores a quienes los dirigen más con vocación de políticos que de promotores culturales.

Vamos ya por el II Encuentro Internacional de Televisoras Públicas y Culturales organizado por Canal 22. Vino luego el Foro de Alfabetización Mediática e Informacional en Latinoamérica y el Caribe que organizó el SRP y TV UNAM. La televisión de los universitarios se recata de hacerse comercial y conserva una pantalla de calidad, aunque produce mucho menos que antes, no renueva series y gasta dinero en coloquios que estaría mejor empleado en crear una buena página de internet que dé cuenta de su programación, ofrezca datos útiles y sea amigable con quienes la consultan.

El declive de los medios a cargo del gobierno empieza en el sexenio de Salinas de Gortari, aunque el mantenimiento de Canal 22 para la cultura, así como el paulatino crecimiento de Canal 11 lograron disimular el desequilibrio entre lo público y lo privado. Con la llegada del PAN al poder, esa pendiente se pronuncia hasta convertirse en una involución. Ello sucede especialmente porque el panorama general de los medios ha cambiado radicalmente. Internet con todas sus posibilidades de  difundir,  el uso generalizado de plataformas móviles para consumir contenidos, las redes sociales, entre otros elementos, hacen de la televisión abierta un recurso más para el entretenimiento, pero lejos se encuentra ya de ser el único.

Las señales de ese deterioro se multiplican: Canal 22 anuncia pronósticos deportivos en cortes de programa y sobreponiendo el logo mientras transcurren series como La dichosa palabra. Reitera hasta el hartazgo spots provenientes de las distintas dependencias del gobierno. Tiene ya, como cualquier concesionario, anuncios de gimnasios, librerías, organismos culturales, servicios telefónicos. Canal 11 se encuentra igualmente atiborrado de promocionales de secretarías de Estado, del Gobierno de la República, de la Suprema Corte, de la Cámara de Diputados, del Ejército y la Marina. En su beneficio hay que decir que no ha llegado al colmo de sobre imponer anuncios en sus emisiones.

Capital 21, a cargo del gobierno del DF, mantiene su carácter anodino, prescindible en el cuadrante. Y Canal 34 del Estado de México se mantiene fiel a su línea gobiernista, cantando loas al gobernador.

Estamos ante un paisaje árido, barrido por los vientos neoliberales, privatizadores, cultura envasada para su venta al mejor postor sin visos de recuperar lozanía en el corto plazo.

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