La “deshonra” de ser soltero

Ser soltero es un gran problema cultural en China. Las exigencias del mercado laboral obligan a la juventud a obtener los mayores grados académicos, a lo cual se dedican con ahínco. El resultado es que desatienden su vida social y cuando logran el doctorado están en la treintena, demasiado viejos según sus estándares. Los solteros son mal vistos, y las solteras –en un entorno machista–, más. El resultado es la proliferación de las agencias matrimoniales; para quienes no pueden pagarlas queda el recurso de ir a ofrecerse –foto y currículum incluidos– en los parques públicos.

Beijing.- Describe sin titubeos al hombre que busca: “Honesto. Responsable. Cariñoso. Entre 35 y 50 años. Con carrera universitaria”.

“Es que yo estudié en Estados Unidos”, aclara la mujer de 40 años mientras escruta a las decenas de candidatos a su alrededor, cada uno con un número escrito en una pegatina en forma de corazón, y escribe algo en su libreta.

La fiesta organizada en los alrededores del pequinés lago de Houhai por la agencia matrimonial Miral Circle es su esperanza de escapar de la soltería.

Las agencias matrimoniales proliferaron en los últimos años. Sólo en Shanghái hay censadas unas 130 y alguna cobra más de 16 mil dólares por cliente. Evidencian un problema social: las jornadas laborales extenuantes liman el espacio para socializar y fuerzan a la soltería, que aquí es un oprobio.

Es habitual que los padres desaconsejen a sus hijos establecer noviazgos durante sus estudios para evitar distracciones, pero también que se los exijan un día después de graduarse. El regreso a casa en las vacaciones anuales puede ser una tortura de interrogatorios. Un joven hastiado que había decidido sacrificarlas leyó en un diario cómo su madre, en una página comprada de publicidad, le prometía no perturbarlo esta vez por su falta de pareja.

Muchos temen que sus hijas acaben sin descendencia ni sustento en un país que ha perdido la red de seguridad social del maoísmo.

“No voy a los bares. Ahí los hombres sólo buscan sexo. Aquí la agencia ha filtrado a buenos hombres y hay más posibilidades de éxito”, señala Lu Ya, de 26 años y empleada en un banco estatal chino. “Cuando veo a mis amigas casadas y con hijos, me pregunto por qué yo estoy sola”, añade.

Un hiperactivo maestro de ceremonias se esfuerza por romper la timidez de los congregados en la fiesta. Un joven arrodillado entrega un ramo de flores a una azorada chica, mientras docenas de solteros aplauden su arrojo.

Finiquitada la cena, llega la hora de las presentaciones. Cada uno se levanta e informa su nombre, edad y profesión. La hora de la salsa evidencia que muchos no han pisado en su vida una pista de baile.

“Mis padres están muy preocupados y me han concertado muchas citas con mujeres, pero son de pueblo y no me gustan. Cuando las rechazo, hago perder cara a mi familia. Aquí es diferente, no hay presión”, señala Yan Lei, de 40 años y natural de la provincia rural de Henan. Como consultor de educación gana unos 200 mil yuanes anuales (32 mil dólares). “En Beijing necesitas el doble para vivir bien. No tengo casa ni coche, quizá por eso no he encontrado pareja. Un hombre tiene que cuidar bien a su esposa”, opina.

El panorama es más sombrío para las mujeres. Las desparejadas son llamadas shengnu (algo así como “mujeres sobrantes”) a partir de los 27 años. El término despectivo empezó a usarse la década pasada y caló hasta convertirse en ubicuo. Vamos shengnu, El precio de ser shengnu o También las shengnu hacen locuras son programas de televisión que muestran a mujeres luchando desesperadamente por pescar a un hombre. También las tiendas en línea ofrecen su batería de productos para que las shengnu “alivien su soledad”.

Al parque

En todas las grandes ciudades chinas hay parques donde los padres arreglan citas a sus vástagos tras intercambiar información como quien examina estampas. En las presentaciones no faltan la foto y datos básicos, como la profesión, la educación, la altura y sobre todo la edad.

Un parque pequinés al este de la Ciudad Prohibida recibe dos veces por semana a los padres y su escenografía revela el problema: la mayoría se agrupa en un núcleo central mientras por los alrededores deambulan quienes ofrecen a sus hijos mayores de 27 años, conscientes de que su “mercancía defectuosa” sólo podrá ser aceptada por semejantes.

Una de cada cinco mujeres chinas de entre 25 y 29 años es soltera. La apertura económica ha variado los usos sociales. En 1950 las mujeres urbanas se casaban antes de los 20 años; en 1980, a los 25. Hoy lo hacen a los 27, y la tasa de casadas de 35 años supera 90%. Las solteras sufren el estigma social y la presión insuperable del tiempo.

“Para los hombres es más fácil. Aunque sean viejos pueden encontrar pareja. Para una mujer de 35 años es casi imposible. Ni siquiera los hombres de 50 años quieren treintañeras”, señala Wang Min, directora y fundadora de Miral Circle.

La paradoja del término shengnu reside en su error. Quienes sobran en China son los hombres. La milenaria preferencia por los vástagos masculinos y los abortos selectivos han conducido a uno de los desequilibrios de género más acusados del planeta: por cada 100 mujeres hay 119 hombres. Se calcula que en 2020 habrá un superávit de 24 millones de hombres de entre 20 y 44 años, según la Oficina Nacional de Estadísticas. El excedente será de 44 millones de hombres en 2040.

El gobierno, siempre anticipándose a las tensiones sociales, teme el descontento de ese ejército de hombres condenados a incumplir el deber confuciano de dar nietos a sus padres y perpetuar la línea del apellido. El escenario también anticipa el aumento de la prostitución, de los crímenes violentos o del secuestro de mujeres para ser vendidas como esposas.

Algunos expertos juzgan que el estigma actual de las shengnu nace en la tradición milenaria pero se acentúa con una calculada campaña estatal que las avergüenza y empuja al matrimonio.

El término shengnu no estaba extendido hasta que la Federación de Mujeres de China lo definió en 2007 y el Ministerio de Educación lo incluyó en su léxico oficial. Fue ese año cuando Beijing alertó de las consecuencias fatales de la desigualdad de géneros.

“Desde entonces los medios han promovido agresivamente el término en artículos, encuestas, dibujos animados y editoriales que esencialmente insultan a las mujeres urbanas y educadas que siguen solteras, a menudo refiriéndose a la ‘crisis creciente’ de mujeres que ‘no pueden encontrar un marido’”, dice a Proceso, vía correo electrónico, Leta Hong Fincher, socióloga en la Universidad de Tsinghua y autora del libro Mujeres sobrantes: el resurgimiento de la desigualdad de géneros en China”.

Incluso gobiernos locales organizan actos multitudinarios para que los solteros dejen de serlo. Uno reciente en Shanghái atrajo a 20 mil personas.

Orgullo “shengnu”

La labor de zapa llega también desde la Federación de Mujeres de China, una organización presuntamente feminista creada en 1949 por el Partido Comunista para “proteger los intereses y derechos de las mujeres”.

En decenas de artículos en su sitio web ofrecía consejos para destacar sobre la multitud y cazar al marido, e incluso un perfil psicológico de las que eligen casarse tarde.

En uno titulado Las shengnu no merecen nuestra compasión explicaba que las mujeres guapas no necesitan valores añadidos para encontrar a un hombre rico y que el resto aumenta su competitividad en el mercado centrándose en el estudio o el trabajo. “La tragedia es que no se dan cuenta de que una mujer que envejece va perdiendo su valor, así que cuando consiguen su maestría o doctorado ya son tan viejas como las perlas amarillas”.

También critica que muchas, de ideas progresistas, dilapiden su juventud en discotecas en busca de sexo ocasional y se esfuercen en buscar marido demasiado tarde.

La presión social obligó a la organización a dejar de utilizar el término shengnu.

El perfil de la soltería por géneros difiere por la costumbre de que los hombres busquen mujeres más jóvenes y con menos educación o rentas. Así, el hombre A se casa con la mujer B y el hombre B con la mujer C, por lo que quedan desparejados los hombres C y las mujeres A: los hombres de baja extracción social y las mujeres más inteligentes y educadas.

A esas mujeres quiere convencer Beijing de que bajen el listón de sus exigencias para que pasen sus genes privilegiados a la próxima generación y aligeren las presiones sociales.

Pero se palpa ya un incipiente movimiento de orgullo shengnu. Una organización de Shanghái las agrupa y una representación teatral llamada Diálogos de shengnu fue un éxito meses atrás en esta capital. En él, mujeres relataban en primera persona sus experiencias y la lucha contra el estigma sin atisbo de vergüenza.

Esa rebeldía ante la familia, la sociedad y el gobierno no sólo descansa en la independencia personal, sino en la posición de debilidad de la mujer en el sistema matrimonial chino tras las últimas reformas.

La nueva interpretación de la Ley de Matrimonio de 2011 aclara que el cónyuge que no figure en la escritura de la vivienda carecerá de derechos sobre ella en el divorcio. La reforma ignora la extendida costumbre patriarcal de que la mujer contribuya a la compra pero deje al marido como propietario legal, y dificulta que pida el divorcio incluso en casos de abusos.

“Con el paso del tiempo cada vez hay más mujeres que eligen retrasar o incluso rechazar el matrimonio, especialmente en las grandes ciudades. Muchas se niegan porque sus derechos no están protegidos. Eso no significa que no quieran una relación romántica, sino que desechan la institución. Una mujer me dijo que, debido a que el matrimonio actual beneficia al hombre, la elección más racional es la soltería”, añade Leta.

Wang, treintañera con un cargo directivo en una multinacional, asistió recientemente a una fiesta organizada en Taiwán por una agencia matrimonial selecta. “Me dijeron que para acceder al registro de candidatos con caché más elevado debía pagar la cuota VIP o de lo contrario me esperaba una vida miserable y de soledad insoportable”.

Y Wang se marchó.

Comentarios

Load More