Julio Scherer García, el periodismo en la piel

Scherer en un retrato de abril de 2006. Foto: Gustavo Graf Scherer en un retrato de abril de 2006. Foto: Gustavo Graf

MÉXICO, D.F. (apro).- “La modestia es moneda falsa en nuestro trabajo. No existe periodista sin su sueño de cabecera: La noticia o el reportaje que lleve a la historia. Así somos todos.”

Así, rotundo, Julio Scherer García definía el motor del trabajo del periodista, un aserto que no riñe con su comportamiento ajeno a la exhibición de su imagen y que, excepcionalmente, él mismo depuso, por ejemplo en el “encuentro insólito” que tuvo con el narcotraficante Ismael El Mayo Zambada.

El mismo Scherer García explicó la razón en la crónica que escribió para Proceso: Cuando El Mayo le pidió ser fotografiados juntos “sentí un calor interno, absolutamente explicable. La foto probaba la veracidad del encuentro con el capo”.

Por eso, más que un arrebato de vanidad, Scherer García pensó en el rigor informativo: “Al periodista lo avalan los hechos. Sin ellos está perdido.”

A cuatro meses de cumplir 89 años de edad, que cumpliría el 7 de abril, Scherer García dio una muestra más de arrojo profesional, temple físico y acabada prosa, en un encuentro originado por su reputación: “La suerte es una urdimbre tejida con paciencia.”

Es decir, fruto de décadas de trabajo periodístico disciplinado. Postulaba: “La obsesión es un círculo, la voluntad una línea recta que rompe el círculo o se degrada.”

En todos sus libros –22 en medio siglo, de La piel y la entraña, de 1965, hasta Niños en el crimen, de 2013–, Scherer García acredita su concepción del periodismo y en ellos suelen despuntar definiciones sobre esta profesión y auténticos aforismos.

Scherer García fue –es– el más completo periodista del siglo 20, fincado en la independencia de todo poder, sino es también escuela de periodismo para quienes, como él decía, nos apasionaba “el periodismo sin imaginación, el toque de la realidad como es”.

Postulaba: “En nuestro oficio sabemos que no hay manera de resistir un suceso. Es el vacío que se abre. Se traga al reportero, al cartonista, al escritor hecho en la tinta de la información.”

Otro: “El periodista escudriña, busca el diálogo, apela al testimonio.”

Uno más: “La cirugía y el periodismo remueven lo que encuentran. El periodismo ha de ser exacto, como el bisturí.”

Postulaba Scherer: “No hay abrigo para la mentira. Tarde o temprano manos hábiles la desnudan.”

El periodismo cabal no se explica sin la libertad, pero Scherer aclaraba: “La libertad es una lumbre que necesita de muchas lumbres para ser lumbre verdadera.”

Es decir, “no existe la libertad en solitario. La libertad es de algunos, o de muchos, o es caricatura, desairada ficción”… “Permanece el periodismo en los seres que viven y en las cosas que son. Su grandeza es la del hombre. Su poesía es el agua que corre sin agotarse.”

El 28 de noviembre de 2005, al recibir el doctorado honoris causa de la Universidad de Guadalajara, de cuyo discurso tomé el párrafo de la “entrada” de este artículo, Scherer García expuso:

“Suele decirse que Proceso nació para la estridencia. Ciertamente no somos moderados, pero el país no está para la crítica prudente a la que muchos se acomodan.”

Diagnosticó: “La impunidad tomó partido y la zozobra domina la vida cotidiana: Los robos y los crímenes por la mañana, los atracos y secuestros por la tarde, los asaltos a mano armada por la noche y la corrupción a toda hora.”

Antes, el 7 de mayo de 2002, al recibir el Premio Nacional de Periodismo –el primero que se otorgó sin la intervención del gobierno–, Scherer García sentenció: “El mundo se ha endurecido y pienso que el periodismo habrá de endurecerse para mantenerse fiel a la realidad, su espejo insobornable”.

Es decir, “si los ríos se enrojecen y se extienden los valles de cadáveres víctimas del hambre y la enfermedad, así habrá que contarlo con la imagen y la palabra.”

Sobre su relación con los poderosos, decía: “El periodista observa la vida privada de los hombres públicos y se entromete en su trabajo, asiste como puede a las reuniones a perta cerrada y se hace de documentos reservados: El periodista escucha lo que no debe escuchar y mira lo que no debe mirar en la búsqueda afanosa de los datos y signos que informen a la sociedad de lo que ocurre en las esferas del poder”.

Puntualizaba también: “Políticos y periodistas se buscan unos a otros, se rechazan, vuelven a encontrarse para tornar a discrepar. Son especies que se repelen y se necesitan para vivir. Los políticos trabajan para lo factible entre pugnas subterráneas; los periodistas trabajan para lo deseable hundidos en la realidad. Entre ellos el matrimonio es imposible, pero inevitable el amasiato”.

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Reportero de Proceso desde 1994, Premio Nacional de Periodismo en periodismo de investigación y autor de tres libros.

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