¡Misión cumplida!

Fue una misión insólita, emocionante y grata, de película, entregarle a don Julio Scherer García una carta personal del polémico y reconocido director de cine franco-griego Costa Gavras, quien me encomendó mucho, pero mucho, que se la diera en mano porque llevaba casi cuatro largos años con esa misiva, y cada que visitaba a México se regresaba con ella a París, Francia.

La curiosidad era mucha sobre el contenido de ese documento. Un sobre blanco, bien cerrado, aunque un poco maltratado. Pero no era raro que alguien que en cada largometraje hace patente su compromiso político le escribiera a alguien comprometido con la libertad de expresión y su país. Tampoco era extrañó que el director conociera a don Julio, si hacia principios de los ochenta filmó en México (Acapulco, Guerrero y el Distrito Federal) Missing (“Desaparecido”), el cual obtuvo premios como la Palma de Oro en Cannes y el Óscar al mejor guión adaptado. Película basada en el libro The execution of Charles Horman: An american sacrifice, de Thomas Hauser, ubicado en el sangriento golpe de Estado del general Augusto Pinochet.

En pleno Festival Internacional de Cine de Guadalajara del 2007, al ser negada a esta reportera una entrevista con Costa-Gavras (quien vendrá a México este 17 de mes a recibir la Medalla de la Cineteca Nacional durante el Primer Festival Internacional de Cine de San Cristóbal de las Casas, Chiapas), se le buscó en el hotel donde se hospedaba.

Eran cerca de las 9 de la mañana. Desayunaba en el restaurante. Lo abordé tras esperarme unos 10 minutos para reflexionar si era prudente interrumpirlo. Me presenté como reportera de Proceso, e interrumpió con voz alta:

–¿Ha dicho revista Proceso?

–Sí, sí, me gustaría entrevistarlo… ¿Lo espero?

Intervino de nuevo:

–¡Andaba buscando a alguien de Proceso! Tengo una carta para el periodista Julio Scherer. La traigo en mi saco. ¡Qué bueno!, ¡por fin!…

Enseguida, sacó el sobre de una de las bolsas de su saco gris oscuro.

–¿Pero sí me da la entrevista?, me informaron que no dará…

–¡No sabe!… En 2003 conversé con Scherer, en la UNAM, en una comida que organizó su rector Juan Ramón de la Fuente. Me dio uno de sus libros para leer Parte de Guerra II. Los rostros del 68, que hizo con Monsiváis. Y le dije que le daría mi opinión, y aquí está escrita.

–Muy bien. Se la daré, no se preocupe. ¿Lo puedo entrevistar?

–Cuide la carta, guárdela bien, no la vaya a perder, ya póngala en su bolso, confió en usted… Ya hace tiempo que la redacté.

–Sí, no se preocupe… Entonces, ¿me da un poco de su tiempo para conversar?

–¿Cómo está Scherer?, ¿qué escribe ahora? No vaya a extraviar la carta… Cómo pasan los años. Bueno, ¡claro!, le doy la entrevista.

La conversación duró dos horas.

Ya en las instalaciones de este semanario, dos veces pensé entregarle la carta a María de los Ángeles Morales, la asistente de la Dirección, porque no hallaba a don Julio. Pero recordaba mi misión: entregársela sólo en mano, sólo en mano. Un día, dispuesta a buscarlo, me avisaron que don Julio estaba en la redacción. Al verlo, le mostré el sobre y le informé.

–¡Hace años que no lo veo! –reaccionó don Julio–. ¿Qué le dijo?, ¿lo vio personalmente?, ¿vino a México?, ¿qué opina de su cine?, ¿le gusta su cine?

Le expliqué a don Julio que había asistido al Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Y sí que me gustaba su cinta Z, una forma ficticia de los hechos que rodearon el asesinato del político demócrata griego Grisgoris Lambrakis en 1963, por su visión satírica de la política griega y su fuerte final.

–Sí, es fuerte. De Costa Gavras me gustan sus intrigas políticas. También que el director se comprometa. Muy pocos realizadores lo hacen.

–Sí, es verdad. Refleja su enojo con la injusticia –pero ya don Julio se retiraba de la revista, despidiéndose como siempre, amable y caballeroso.

Pero, ¡oh!, aún llevaba en mis manos la carta. Corrí para alcanzarlo. Estaba a punto de arrancar su automóvil. A través del vidrio le mostré la carta.

–¡Casi se nos olvida! –exclamó.

Pensé: ¡Misión cumplida!

En el libro La terca memoria, don Julio publicó la carta completa de Costa Gavras, y escribió la historia de que se la entregué, y bondadoso como siempre (en este caso, demasiado) anotó con su pluma:

“Compañera de trabajo en serio, solidaria, grata, inteligente.”­

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Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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