…y la “chapulina” del PAN

MONTERREY, NL.- Contra sus propias promesas, promovida por la dirigencia nacional del PAN y en medio de acusaciones de copartidarios y rivales, Margarita Arellanes Cervantes busca ser la candidata panista al gobierno de Nuevo León.

El señalamiento viene de Fernando Margáin Berlanga, panista del ala tradicional y quien buscaba ser el abanderado blanquiazul. Él denuncia que el Comité Ejecutivo Nacional de su partido buscó convencer a los aspirantes para que capitularan en favor de la alcaldesa regiomontana con licencia.
Desde su posición como edil, Arellanes maniobró pensando en la gubernatura: lanzó la campaña MA’s, en una alusión poco sutil a sus iniciales. El logotipo que la promueve fue impreso en miles de artículos del ayuntamiento y la organización fue difundida masivamente.
Para llegar a la gubernatura, además, Arellanes deberá superar el peso de sus promesas incumplidas. En su campaña por la alcaldía regiomontana más de una vez aseguró que permanecería los tres años en el puesto. Pidió licencia el 24 de diciembre, nueve meses antes de concluir su encargo.
Ni Arellanes ni el dirigente estatal panista, José Alfredo Pérez Bernal, quisieron opinar sobre el tema.

La imposición

Margáin Berlanga ha sido dos veces alcalde de San Pedro, senador y secretario estatal de Desarrollo Social y Humano. Decidió inscribirse como precandidato al gobierno para las elecciones del próximo 7 de junio.
La Comisión Organizadora Electoral (COE) del PAN estatal marcó en la convocatoria que los interesados podrían registrarse entre el 26 y el 30 de diciembre de 2014. Para ello debían presentar, por lo menos, firmas de 10% del padrón estatal del partido, de 25 mil miembros.
El último día del plazo Margáin se apuntó con el respaldo de 2 mil 500 firmas. Sin embargo, el jueves 1 por la noche recibió en su casa la noticia de que le habían descontado unas 600 rúbricas: 397 habían sido invalidadas porque los suscritos ya habían dado su respaldo a otro candidato y las 203 restantes porque los nombres no aparecían en el padrón. Con este recorte quedaba lejos de la cuota exigida y fue rechazado.
La COE está integrado por Carmina Cantú Treviño, presidenta, y los comisionados José Ramírez de la Rosa y Abad Arteaga Guevara. Los dos primeros estuvieron en la nómina del municipio de Monterrey en el trienio de Arellanes: Treviño era coordinadora administrativa y Ramírez, director de Planeación.
Arellanes, en contraparte, quiso mostrar un formidable músculo electoral y acudió a su registro asegurando que tenía 12 mil firmas de respaldo. Su esposo llevó un diablito lleno de cajas con las supuestas rúbricas.
En esa ocasión la panista dijo textualmente: “Con el trabajo que ustedes han hecho hoy quiero decirles que reunimos más de 12 mil firmas de los panistas dispuestos a apoyar”.
El sábado 3 la comisión organizadora de la elección dio el fallo final: rumbo a los comicios internos del 15 de febrero únicamente aceptaba los registros de Margarita Arellanes y del diputado federal Felipe de Jesús Cantú Rodríguez, quien también ha sido alcalde de Monterrey.
La COE hizo una acotación: en realidad Arellanes únicamente presentó 3 mil apoyos.

Los movimientos

Margáin recuerda un episodio ocurrido en la sede del Comité Directivo Estatal (CDE) el pasado 9 de septiembre. Esa mañana acudieron, procedentes de la Ciudad de México, el diputado Jorge Villalobos, coordinador nacional de elecciones internas, y Juan Molinar Horcasitas, del área operativa del PAN.
Fueron convocados el dirigente estatal panista, José Alfredo Pérez Bernal; Margáin; Arellanes; Cantú; Mauricio Fernández; Adalberto Madero, y el actual alcalde sampetrino, Ugo Ruiz.
Los emisarios les notificaron a los aspirantes reunidos que, de acuerdo con sus encuestas, Arellanes era la puntera rumbo a la gubernatura de Nuevo León, y les dijeron que convenía a los intereses del partido designarla “abanderada de unidad”. Madero y Margáin se opusieron a la imposición, por lo que la propuesta no prosperó.
Entonces, el CDE intentó consumar la imposición de otra manera, acusa el sampetrino.
El llamado grupo Mesa Nuevo León, que apoya a la alcaldesa con licencia, operó para armar una alianza con el Partido de la Revolución Democrática y el Partido del Trabajo, a fin de que lanzaran a Arellanes.
El 10 de diciembre, fecha límite para inscribir coaliciones ante la Comisión Estatal Electoral (CEE), los tres partidos estaban enfrascados en negociaciones. Ese día el PRD tuvo una tensa asamblea estatal para aprobar la alianza, pero al final se impuso la rentabilidad y el sol azteca dio su aval.
Empero, la ruptura vino de donde menos se esperaba: Horas antes del cierre de la ventanilla en la CEE, el PAN dijo que buscaría la gubernatura en solitario.
Trascendió que el acuerdo tripartidista se desmoronó por la ambición del PRD y el PT, que demandaban más posiciones en alcaldías, regidurías y diputaciones de las que el PAN creía que merecían. En Nuevo León la izquierda partidista siempre ha sido minoritaria.

Promesas incumplidas

Hay al menos tres videos que muestran a Margarita Alicia Arellanes Cervantes –cuando era aspirante a la alcaldía de Monterrey– comprometiéndose a concluir los tres años de gestión.
En un acto de campaña en 2012 afirmó ante la prensa que terminaría el trienio, independientemente de las circunstancias políticas: “No al chapulineo. Voy a cumplir los tres años, lo digo con todas sus letras. No voy a hablar con evasivas, no voy a decir que depende de lo que me deje la ley, que depende de lo que la gente quiera. No voy a hablar con evasivas. Respuesta monosilábica. ¿Voy a cumplir el mandato como alcaldesa? Sí”.
En otro evento televisado por Multimedios Monterrey, de frente a su contendiente del PRI a la alcaldía regiomontana, Felipe Enríquez, respondió a una pregunta del público en el mismo sentido. Viendo a la cámara dijo con una sonrisa: “Quiero partir de algo que es real. Amigos y amigas: aquí, ante ustedes, no hay ninguna chapulina”.
Luego, ante las cámaras de TV Azteca Noreste refrendó el compromiso: “Me da mucho gusto escuchar que algunos de nuestros compañeros traen planes más allá de los tres años. Yo, Margarita Arellanes, me comprometo a quedarme los tres años a trabajar por y para los regios”.
El 24 de diciembre solicitó licencia a la alcaldía de Monterrey para cumplir con el requisito dictado por la COE. Desde ese momento sus rivales le recordaron sus promesas, acusándola de chapulina y mentirosa.
El dirigente del PRI en Nuevo León, Eduardo Bailey, aseguró que Arellanes faltó a su palabra. “Debemos recordar que ella hizo un compromiso importante en su campaña: que no renunciaría al cargo de elección popular al que había sido electa. Lo dijo y lo prometió, está entre sus promesas de campaña. Este compromiso creo que es el número 26, que no renunciaría hasta concluir el cargo”.
Para responder los cuestionamientos, la precandidata se apareció en la sede estatal del PAN el 30 de diciembre, en el acto de registro del diputado federal Alfonso Robledo rumbo a la alcaldía de Guadalupe.
Ahí se deshizo de su promesa: “Ya lo he dicho: la vida son circunstancias, y en este caso tenemos la oportunidad de darle otra historia a Nuevo León, de dejar atrás ese Nuevo León inseguro que nos dejó el PRI, el del camión más caro del país, ese Nuevo León sin transparencia, con corrupción”.
Otra crítica que la persigue se vincula con un programa que lanzó en abril de 2014. Aquel mes la aún alcaldesa dio a conocer la campaña MA’s. A partir de ese momento, la capital del estado quedó prácticamente tapizada con mensajes de todos tamaños que la promovían.
Arellanes intentó defenderse de quienes aseguraban que eso era utilizar recursos públicos para promover su imagen personal. Dijo que sus detractores desvirtuaban el sentido del mensaje. “Que si ponemos la letra M… pues es por Monterrey, que se escribe con M. En fin, son suposiciones que están muy lejos de la realidad”.
El ayuntamiento regiomontano también arguyó que la M del logotipo aludía a Monterrey y que la A representaba los avances que se habían tenido en la administración.

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