Los tentáculos de Al Qaeda

Los hermanos Kouachi, autores del atentado contra Charlie Hebdo, y Amedy Coulibaly, quien mató a una policía y a cuatro rehenes en un supermercado judío en París, comparten muchas de las características de miles de hijos de inmigrantes en Europa: vivían en barrios marginales, padecieron conflictos familiares, estuvieron en busca de reconocimiento e identidad y enfrentaron serios problemas de integración social. Para las organizaciones del extremismo islámico no fue difícil captarlos. De hecho, sus casos ponen otra vez en evidencia la extrema complejidad de las redes internacionales del yihadismo y su infiltración en países occidentales.

París.- Primero fue el trauma nacional ante los ataques perpetrados los pasados miércoles 7, jueves 8 y viernes 9 por yihadistas en París: uno en la sede del semanario satírico Charlie Hebdo; otro en la calle, que le costó la vida a una policía y un tercero en Hypercacher, un supermercado de comida judía.
Después fue el estupor ante las imágenes de televisión en vivo del asalto de los comandos de elite de la policía y de la gendarmería a la imprenta donde se habían refugiado dos de los atacantes –los hermanos Said y Chérif Kouachi–, así como al Hypercacher, donde el otro yihadista, Amedy Coulibaly, había ejecutado a cuatro rehenes.
Luego, el domingo 11, fue la emoción colectiva que emanó de las inmensas marchas en las calles de París y otras ciudades francesas y de la fuerza con la cual millones de galos defendieron su apego a la libertad de expresión, así como su voluntad de resistir al terrorismo y a todas las formas de discriminación.
Y conforme pasan los días se multiplican las preguntas.
¿Quiénes eran realmente estos tres franceses que asesinaron a 17 de sus compatriotas, caricaturistas y colaboradores de Charlie Hebdo, policías y clientes de Hypercacher? ¿Por qué los servicios de inteligencia que los vigilaban no percibieron su peligrosidad? ¿Cómo enfrentar las deficiencias del sistema republicano que hicieron posible la conversión de estos jóvenes en implacables yihadistas capaces de ejecutar a sangre fría a sus víctimas en nombre de Alá y su profeta?
Poco a poco se van precisando las biografías de los hermanos Said y Chérif Kouachi, autores del atentado contra Charlie Hebdo –cuyo director, Stéphane Charbonier estaba amenazado de muerte desde 2011 por Al Qaeda–, y la de Coulibaly.
Said y Chérif Kouachi nacieron en un barrio popular de París; el primero en 1980 y el segundo dos años después. Sus padres eran oriundos de Argelia. Después de la muerte del padre, la familia –de cinco hijos– se tambaleó y acabó por desmoronarse en 1994 cuando enfermó la madre. Los servicios sociales enviaron a Said y Chérif al centro Les Monédières, un establecimiento que acoge a menores con problemas familiares en Treignac, una pequeña ciudad del centro de Francia.
En 1995 murió la madre. Los huérfanos se quedaron seis años en Les Monédières. El director y profesores de los adolescentes recuerdan que llegaron abatidos pero poco a poco se recuperaron y nunca crearon problemas. Said se capacitó para trabajar en hotelería; Chérif optó por la electrónica.

Soldados de Alá

En 2000 los dos hermanos tenían respectivamente 20 y 18 años cuando regresaron a París. Salieron de estructuras protectoras, sólidas y laicas en las cuales, según sus educadores, estaban bien integrados, para buscar trabajo y aprender a vivir solos. ¿Estaban suficientemente maduros para hacerse cargo de sí mismos? ¿De qué vivieron los Kouachi a su llegada a la capital francesa?
Hay pocas huellas del mayor, mientras el menor se convirtió en un pequeño delincuente –consumo de drogas, robos y tráfico de poca monta de productos ilícitos–, lo que llamó la atención de la policía.
A partir de 2003 ambos empezaron a frecuentar la mezquita integrista Adda’wa del distrito 19 de París y luego formaron parte de un grupo salafista aún más radical encabezado por Farid Benyettou.
Este francés de padres argelinos, educado también en un centro de asistencia pública, era entonces un imán autonombrado de 21 años, adepto a la corriente Takfir, ideología surgida en los setenta en Egipto y fuente de inspiración de los fundadores de los Grupos Islámicos Armados que desafiaron al gobierno argelino en los noventa.
Entre 2004 y 2006 Benyettou tuvo alrededor de 50 discípulos, según confesó durante interrogatorios policiacos, y convenció a diez de ellos de ir a combatir a Irak. El itinerario de los jóvenes pasaba por Siria, donde pretendían perfeccionar su educación coránica o su conocimiento del árabe –algunos lo hacían realmente–, luego entraban clandestinamente a Irak. Sus héroes eran los “combatientes” que habían regresado heridos a Francia o los que habían muerto en la Guerra Santa y a los que veneraban como mártires.
El grupo salafista de Benyettou, conocido como “la red de las Buttes-Chaumont”, por el nombre de un parque público del distrito 19 donde los aprendices a soldados de Alá se ejercitaban como parte de su entrenamiento para su futura vida, está considerado por los servicios de inteligencia francés como el pionero de yihadismo francés.
Además de hacer deporte en el parque, Chérif se inició en el manejo de las armas. En 2005 estaba a punto de salir hacia Irak vía Siria cuando fue detenido por la policía junto con Farid Benyettou. Pasó tres años en la cárcel de Fleury-Mérogis donde se radicalizó aún más bajo la influencia de Djamel Beghal, quien cumplía una pena de diez años por planear un atentado contra la embajada estadunidense en París, en 2001.
Francoargelino nacido en 1965 en Argelia, casado con una francesa y padre de tres hijos, Beghal goza de prestigio en el extremismo islamista francés, entre otras razones por haber sido entrenado en Afganistán entre 2000 y 2001. Liberado en 2009, fue de nuevo detenido en 2010 cuando intentaba ayudar en la fuga de prisión de otra figura histórica del yihadismo francés, Smain Ait Belkacem, uno de los responsables de los atentados que enlutaron a Francia en 1995.
Entre los discípulos de Beghal en la cárcel de Fleury-Mérogis se encontraba también Amedy Coulibaly, francés de padres oriundos de Malí. Chérif Kouachi y Coulibaly tejieron lazos de amistad que perduraron hasta la coordinación de los atentados de los pasados 7, 8 y 9 de enero.
Coulibaly nació en 1982. Fue el séptimo de nueve hijos y el único varón. Vivió en un barrio modesto de la ciudad de Grigny, en los alrededores de París. Sus estudios fueron caóticos y a los 17 años cayó en la delincuencia, especializándose en robo a mano armada. Entre 2001 y 2007 entró y salió de la cárcel por delitos del fuero común. Bajo la influencia de Beghal en Fleury-Mérogis se interesó en la religión.
Psicólogos que lo examinaron y conocidos suyos lo describen como inmaduro y sediento de reconocimiento. En 2007, entre dos estadías en la cárcel, encontró a Hayat Bumedien con quien se casó religiosamente en 2009.
Nacida en París en 1989, Hayat tuvo una adolescencia cargada de perturbaciones. Huérfana de madre a los ocho años, se rebeló contra su padre cuando éste se volvió a casar. A los 12 años los servicios sociales del Estado la sacaron de su ámbito familiar enviándola a distintos centros de atención de menores con problemas de conducta. Contra dichos centros también se rebeló.
Interrogada por la policía en 2010, confesó haber encontrado su equilibrio en el Islam. Perdió su trabajo de cajera cuando empezó a tapar su cabello con un pañuelo islámico. Poco después optó por usar hiyab, el velo que tapa cuerpo y rostro. Hayat huyó de Francia el viernes 2, cinco días antes de los atentados. Viajó primero a Madrid, luego tomó un avión para Turquía y logró llegar a Siria, según las autoridades turcas.

Encuentro en Yemen

Al salir de la cárcel en 2008 Coulibaly parecía haber renunciado a su vida de delincuente. Consiguió un trabajo temporal en la Coca-Cola de Grigny aprovechando un programa de reinserción de exprisioneros. Fue incluso recibido en el Palacio del Eliseo el 15 de julio de 2009 junto con otros 500 jóvenes y un grupo de empresarios que se habían comprometido a luchar contra el desempleo.
En 2010 Djamel Beghal fue liberado, pero mantenido en detención domiciliaria en Murat, una minúscula ciudad del centro-sur de Francia. Chérif Kouachi y Amedy Coulibaly lo visitaron con frecuencia. Bajo su dirección y junto con otros cómplices planearon la fuga de Smain Ait Belkacem. Beghal fue condenado a 12 años de prisión por ese delito y sigue detenido en un módulo de aislamiento. Coulibaly fue condenado a cinco años. Salió el 4 de marzo de 2014. Tuvo que llevar una pulsera electrónica durante dos meses. Y luego vivió su vida.
En el video que circuló brevemente en internet, el pasado domingo 11, dos días después de la muerte de Coulibaly, éste se vanaglorió del proselitismo que desplegó después de su puesta en libertad. Dijo: “Visité mezquitas en Francia y sobre todo en los alrededores de París. Están llenas de hombres vigorosos, deportivos. ¿Con todas estas miles, millones de personas (sic) cómo no hay tantas (sic) para defender el Islam?” Insistió también en su coordinación con los hermanos Kouachi y reivindicó el atentado que cometió.
Encarcelado seis meses en 2010, al mismo tiempo que Beghal y Coulibaly, Chérif Kouachi fue puesto en libertad condicional con la obligación de presentarse cada semana a la delegación policiaca de su barrio. Las autoridades le confiscaron sus documentos de identidad.
En estas condiciones, ¿cómo pudo llegar a Yemen el 25 julio de 2011 para reunirse con su hermano Said, quien llevaba más de un año en ese país? ¿Por qué los responsables de su vigilancia no señalaron su ausencia de tres semanas? Habrá que esperar los resultados de las investigaciones judiciales en curso para entender ese misterio.
Mientras su hermano menor consolidaba su compromiso con la Guerra Santa al lado de Djamel Beghal, Said afianzó el suyo en Yemen, entre 2009 y 2011. Durante el primer semestre de ese mismo año de 2009 tomó cursos de árabe en la Saana Language School. Fuentes consultadas por el diario Libération señalan también que estudio ciencias religiosas en la Universidad Al Imane de Saana. En el segundo semestre se esfumó con su condiscípulo Umar Faruk Abdulmutalab.
Ese último se dio a conocer mundialmente el 25 de diciembre de 2009 como kamikaze fracasado al no lograr prender su carga explosiva en el avión que lo llevaba de Ámsterdam a Detroit. Está condenado a cadena perpetua en Estados Unidos.
Kouachi y Abdulmutalab estuvieron en campos de la organización Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA). Kouachi para entrenarse y Abdulmutalab para preparar su atentado.
Según altos responsables yemenitas citados por la agencia Reuters, Kouachi se quedó en Yemen hasta mediados de 2010. Volvió a finales de ese mismo año y se quedó otra vez en el país hasta mediados de 2011 para acoger a su hermano. Lo fue a buscar al sultanato de Omán y, siempre según Reuters, ambos entraron clandestinamente a Yemen, estuvieron en un campo de entrenamiento de AQPA en el desierto de Marib, feudo de los islamistas. Pero sobre todo se reunieron con Anwar al Awlaki, considerado el mayor ideólogo de la organización, antes de regresar a Francia el 15 de agosto.
Uno de los principales objetivos de Al Awlaki, carismático imán estadunidense de origen yemenita, era reclutar yihadistas occidentales para asestar golpes en Europa y Estados Unidos. El predicador era uno de los blancos prioritarios de la CIA en la región. El 30 de septiembre de 2011, un dron estadunidense destruyó el vehículo en el cual viajaba por el desierto de Marib.
Entre su regreso a Francia en agosto de 2011 y el pasado miércoles 7, los hermanos Kouachi optaron por un perfil bajo.

El “mensajero de Dios”

El martes 13 Naser ben Ali al Ansi, alto mando de AQPA, revindicó en un video difundido por internet –y autentificado por los servicios de inteligencia estadunidenses– el atentado contra Charlie Hebdo “como venganza en el nombre del mensajero de Dios”.
Recalcó: “Quienes eligieron el objetivo, elaboraron el plan y financiaron el operativo fueron los dirigentes de la organización”. Precisó que Ayman al Zawahiri, sucesor de Bin Laden y líder mundial de Al Qaeda, había ordenado atacar a Charlie Hebdo y que los yihadistas se habían coordinado con el imán Anwar al Awlaki.
El viernes 9 Chérif Kouachi ya se había reivindicado como integrante de AQPA en entrevista con la televisora BFMTV, la cual habló con él por teléfono mientras estaba refugiado en una imprenta en los alrededores de París.
Los contactos de los hermanos Kouachi con Yemen confirman la importancia creciente de AQPA en el reclutamiento, adoctrinamiento y capacitación militar de aspirantes yihadistas de países occidentales, de Asia y África.
AQPA aparece ahora como la organización más peligrosa del terrorismo islámico global, justo después del Estado Islámico (EI), que proclamó el pasado 29 de julio el “restablecimiento del califato” en las zonas que controla en Siria e Irak.
Única república en medio de monarquías, Yemen es uno de los países más poblados de la península arábiga y el más pobre. Fue contagiado por la Primavera Árabe en 2011, lo que provocó la caída de Ali Abdullah Saleh, quien dirigía el país con mano de hierro desde 1978.
Hoy prevalece el caos: el norte del país está sacudido por la rebelión de los Houthis, una secta chiita levantada contra el gobierno central; tribus del sur amenazan con independizarse; piratas buscan imponerse en el Golfo de Adén por donde transitan buques petroleros y de comercio, mientras AQPA aprovecha la anarquía para ampliar su feudo en el sur y el sureste del país.
En la mira del Pentágono, al igual que las zonas tribales de Paquistán en las que se encontraría la dirección de Al Qaeda, las regiones bajo control de AQPA sufren frecuentes bombardeos y un número cada vez mayor de “víctimas colaterales”.
AQPA nació en enero de 2009 cuando se juntaron las ramas saudita y yemení de Al Qaeda. La primera fue sumamente debilitada por la represión sangrienta que se abatió en su contra sobre todo entre 2003 y 2005. Sus sobrevivientes se mudaron a Yemen y dispondrían aun de importantes recursos financieros.
La rama yemenita cuenta con los múltiples centros de enseñanza islámica, entre los cuales destaca la Universidad al Imane. Varios fueron concebidos para atender a estudiantes extranjeros y sirven como centros de reclutamiento para AQPA.
La organización tiene también campos clandestinos de entrenamiento dirigidos por instructores militares altamente capacitados. Los servicios de inteligencia occidentales señalan, entre otros, al saudita Ibrahim Hasan al Asiri, quien participó en la planeación de un audaz atentado contra el príncipe de Arabia Saudita, Mohamed Bin Nayef, responsable de la lucha antiterrorista de la monarquía. En 2009 el propio hermano de Hasan al Asiri se acercó a Nayef con una carga explosiva escondida en el ano. Murió el yihadista y sobrevivió de milagro el príncipe. Naser all-Wahayshi, quien encabeza AQPA, también comparte con los reclutas su larga experiencia de combate adquirida en Afganistán.
Durante los últimos años Yemen cobijó a centenares de combatientes paquistaníes, malayos y sudaneses que huyeron de Afganistán. También acogió –y lo sigue haciendo– a otros centenares de estadunidenses, británicos, nigerianos, franceses, magrebíes…
A diferencia de los Kouachi, Amedy Coulibaly aseguró en su video póstumo que había perpetrado sus atentados a nombre del EI, pero hasta ahora no existe reivindicación oficial de esa organización.
Servicios de inteligencia y expertos en el yihadismo se pierden en conjeturas. No entienden cuáles fueron los lazos reales de Coulibaly con el EI. Sospechan que se trata de una fanfarronada. De ser cierta esa relación sería desconcertante ya que las dos organizaciones se enfrentan militarmente en Siria e Irak.
Según explicó en julio pasado Romain Caillet, experto francés en cuestiones islamistas, en la página web Llaves de Medio Oriente, si bien las dos organizaciones comparten referencias ideológicas, difieren en tres puntos esenciales de orden generacional, político y doctrinal.
“Los dos movimientos tienen estrategias militares y agendas políticas diferentes”, recalcó Caillet. “La experiencia de referencia para Al Qaeda sigue siendo la yihad afgana contra los soviéticos en los ochenta y la lucha contra Occidente. En cambio, para los partidarios del Estado Islámico, la referencia más reciente es la yihad que llevaron a cabo en Irak contra la invasión estadunidense en 2003. Existe una diferencia entre la generación de Bin Laden y la de Abu Musad al Zarqawi, precursor del EI. Este último se mostró más virulento y eficiente en su comunicación”.
El especialista enfatizó que, a diferencia de Al Qaeda, EI considera que se debe combatir a los enemigos de hoy –Irán y sus veleidades expansionistas y a los chiitas en general– en lugar del de ayer: Estados Unidos.
En el campo político, Caillet aseguró: “Las divergencias conciernen el modo de administración y de gobernanza. Los partidarios de EI están a favor de la administración inmediata del territorio conquistado y la aplicación de la sharia (ley islámica) antes de que termine el conflicto. Al Qaeda por el contrario privilegia una yihad no limitada a un territorio nacional y su blanco sigue siendo Occidente”.
Finalmente, según el experto, “contrasta la coherencia ideológica de EI con la heterogeneidad característica de las múltiples ramas de Al Qaeda, entre las que destaca la especificidad de Jabhat al-Nusra, su rama en Irak”.
Haya estado conectado o no con el EI, los casos de Coulibaly y de los Kouachi ponen otra vez en evidencia la extrema complejidad de las redes internacionales de la esfera islamista, su infiltración en países occidentales, el desarrollo creciente de su organización y la atracción que ejercen sobre hijos de inmigrantes, muchos de los cuales están en busca de identidad y reconocimiento y con antecedentes familiares difíciles, sin olvidar el fenómeno de la conversión al Islam radical por parte de jóvenes franceses de “pura cepa”.
Actualmente el Ministerio del Interior de Francia estima que 930 jóvenes galos están involucrados de alguna forma en las guerras en Siria e Irak. No se sabe cuántos se entrenan en Yemen y en otras partes. De hecho, era de esa franja de yihadistas recién regresados de zonas de guerra que los servicios de inteligencia temían ataques –y los siguen temiendo– y no de la célula durmiente de los Buttes-Chaumont.
¿Cómo enfrentar esta situación sin caer en medidas de seguridad y de control excesivas? ¿Cómo desactivar la radicalización islamista en las cárceles? ¿Cómo inculcar tolerancia y valores republicanos en los centros docentes? ¿Cómo evitar que en la opinión pública francesa se piense que todo musulmán es un yihadista teniendo en cuenta que en la semana que siguió al atentado contra Charlie Hebdo se multiplicaron incidentes contra mezquitas y símbolos musulmanes? ¿Cómo poner en marcha verdaderos procesos de integración de franceses nacidos en familias de inmigrantes?
A pesar de todos los gritos de alarma lanzados por los actores sociales que están en el terreno, hace por lo menos cuatro décadas que estas preguntas no reciben respuestas por parte de los partidos que –sin importar su posición en el espectro político– han gobernado al país.
El domingo 11 millones de franceses le demostraron a la clase política que ahora sí esperan respuestas.

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