Telenovelas, versiones arcaicas

La televisión abierta presenta signos evidentes de agotamiento, sus propuestas de contenido no se renuevan, la abundancia de comerciales en todas las versiones conocidas se perpetúa, su dependencia económica del gobierno aumenta gracias a los spots federales y a la creciente catarata de promociones de gobernadores, diputados, funcionarios que buscan escalar o mantenerse en la política.

Las empresas están utilizando esta versión como forma de presión frente al Estado, no así como núcleo de sus negocios. Poco a poco se desplazan hacia la oferta de contenidos en cable asociadas a servicios de telefonía e internet.
El ejemplo más claro de lo antes dicho es Televisa. Hace un par de meses inició una campaña para asegurarse clientes en su paquete de contenidos televisivos y telecomunicaciones. Rebautizó a Cablevisión como IZZI y, en clara alusión a Slim, puso al aire una carta en que reclama el abuso, termina diciendo “adiós Carlos”.
Las señales de agotamiento de la pantalla chica se observan claramente en sus telenovelas, tanto en las que produce Televisa como en las de TV Azteca. La televisora de Azcárraga programa sólo cinco melodramas en la semana, entre los cuales Muchacha italiana viene a casarse no es novedad, salió de su archivo de los años 80, se emite lunes, miércoles y viernes. Las otros títulos son Yo no creo en los hombres, La sombra del pasado, Mi corazón es tuyo y Hasta el fin del mundo te amaré.
Ninguna de las obras contiene un drama innovador, actuaciones memorables, argumentos que se salgan de la línea convencional del triángulo amoroso, de los hijos que descubren que su madre no es su madre, de las traiciones. Aparecen hombres y mujeres malvados como caricaturas o bobos de tan ingenuos, sus ambiciones son estrechas, no caben los ideales; las referencias a la realidad del país están ausentes. Eso sí la violencia verbal y física abunda, golpes, asesinatos y maltrato psicológico.
La producción de cada una difiere poco, en La sombra del pasado priman los exteriores ya que la trama se sitúa en una hacienda. A más de la casa grande, hay llanos enormes en donde pasean caballos, arroyos, arboledas.  A las figuras jóvenes, guapas que solo repiten lo que escuchan en el apuntador, lloran, gritan y manotean, los apoyan los actores consagrados como Héctor Bonilla, quien aparece en varias telenovelas no sólo de Televisa.  Bonilla hace lo que sabe para darle verosimilitud a los argumentos, a los diálogos que suelen ser increíbles.
El caso de TV Azteca es peor. Con menor capacidad productiva que Televisa, tiene programadas, además de las suyas, telenovelas importadas, una de las cuales es Avenida Brasil. En las propias sus aportaciones recientes se resumen en formatos de farsa o  esperpénticos. Podría decirse también que se aporta al kitsch televisivo.
Destaca en Canal Trece La pobre diabla. A más de discriminadora en su título, resulta sexista y abusa de infantes. Con el fin de mostrar la locura de una protagonista, se utiliza a dos bebés. La mujer los sustrae de sus cunas, los mete a la alberca con intención de ahogarlos. La escena dura suficientes minutos para que uno de los niños se desespere y llore desconsolado. ¿Es posible que no exista legislación para frenar el abuso a los menores de edad en la televisión?  Este es un caso entre muchos.

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