En la “euromiseria” crece la izquierda

Las medidas de ajuste impuestas por la Unión Europea a algunos de sus integrantes –Chipre, Portugal, Irlanda, España y Grecia– afectan, como siempre, a quienes menos tienen. En este último país las escenas de miseria se multiplican en sectores antes desahogados, donde la clase media descendió en picada, al parejo de la economía y el empleo. El país heleno tendrá elecciones este domingo 25 y por primera vez en años el tradicional bipartidismo se ve agotado. Syriza, la opción de izquierda, puede ver llegada su hora de gobernar, lo cual aterroriza a otros países, ricos, de Europa.

ATENAS.- Son casi las cinco de la mañana y aún faltan varias horas para que el sol ilumine esta capital. En el barrio clasemediero de Kukaki, a 10 minutos a pie desde la entrada de la famosa Acrópolis, una mujer rebusca en un contenedor de basura. No viste harapos. Al contrario, a juzgar por su ropa nada haría sospechar que se trata de una persona forzada a buscar alimento entre los desechos.

Ella forma parte de una nueva clase de pobres surgida en Grecia por la crisis; esa clase que, al amparo de las horas más oscuras de la noche –para evitar la vergüenza de ser vistos por los vecinos– busca comida en la basura.

No es una imagen inusual. El escritor griego Petros Márkaris, quien vive en otro barrio ateniense antaño pudiente y hoy venido a menos, lo ha dicho varias veces: Cada noche, entre las tres y las cuatro de la mañana, lo despierta el ruido de los inmigrantes rebuscando en los contenedores; dos horas más tarde lo despierta el mismo ruido, pero esta vez los que buscan son griegos, quienes aprovechan el momento en que las calles están más desiertas.

Pese a los sucesivos préstamos –por 240 mil millones de euros– que la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han concedido a Grecia para rescatarla de la quiebra, su programa de ajuste no ha logrado sino profundizar la crisis. Con una tasa de paro de 25.8% –que se eleva por encima de 50% en el caso de los menores de 25 años– el país es, proporcionalmente, el Estado de la UE con más desempleados.

Los griegos han visto reducido 40% su poder adquisitivo y decenas de miles de familias han sido desconectadas de la red eléctrica por no poder pagar sus facturas. Otros queman muebles viejos, bancas callejeras o ramas para poder calentarse en invierno.

La economía, tras seis años de recesión en los cuales su Producto Interno Bruto se ha contraído 26%, volvió a remontar ligeramente el año pasado (0.7% en el tercer trimestre de 2014), hecho presentado por el gobierno del conservador Antonis Samarás como “una historia de éxito”.

“Quizá la situación macroeconómica se está estabilizando, pero a nivel social vemos que la gente aún tiene problemas graves. Los nuevos trabajos son a jornada parcial y con salarios de entre 200 y 300 euros, lo cual en Grecia es insuficiente para comprar lo básico”, explica a Proceso Nikitas Kanakis, secretario general de Médicos del Mundo en Grecia, una ONG establecida en el país mediterráneo para recaudar fondos destinados al Tercer Mundo y que ha terminado por asistir a la población local.

En los seis consultorios que tiene en Grecia, Médicos del Mundo atiende diario a mil personas, pues uno de cada tres griegos ha perdido el derecho a la sanidad pública o no se puede permitir pagar los cinco euros que cuesta cada visita a los hospitales estatales.

Kanakis subraya que 30% de la población griega está bajo el umbral de la pobreza, que en Grecia se establece en unos 6 mil euros anuales para familias de cuatro personas. Además calcula que hasta 1.5 millones de personas dependen de la caridad y de los comedores sociales o la ayuda vecinal para llevarse algo a la boca cada día. “Aunque resulte extraño escuchar esto de un país europeo, en Grecia necesitamos una acción humanitaria”, sostiene.

Ésta es la razón por la cual los griegos, hartos de años de políticas de austeridad impuestas desde Bruselas y Berlín, podrían optar por la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) en las elecciones de este domingo 25, que fueron anticipadas por la incapacidad del actual gobierno de designar al nuevo jefe de Estado, dada la falta de apoyos en el Parlamento.

Adiós al bipartidismo

Otra de las consecuencias de la crisis en Grecia ha sido la implosión del sistema bipartidista que había gobernado el país en alternancia desde 1974, cuando cayó la dictadura. Durante 40 años el partido conservador Nueva Democracia (ND) y el socialdemócrata Movimiento Socialista Panhelénico, el Pasok, se relevaron en el poder hasta que en 2012 muchos electores –cansados de sus políticas y de los escándalos de corrupción– les dieron la espalda y sus votos se vieron reducidos a menos de la mitad, lo cual los obligó a unir fuerzas y, bajo la presión de sus socios europeos, formar un Ejecutivo de coalición.

La perspectiva de una victoria de Syriza, una amalgama de excomunistas, ecologistas y socialistas que hasta hace tres años apenas superaba 5% de los votos y que ha mostrado su simpatía por los gobiernos de Ecuador, Venezuela y Argentina, asusta en las capitales europeas y en las principales plazas económicas del mundo. El presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, advirtió a los griegos del riesgo de tener “un resultado electoral equivocado”. “Prefiero (un gobierno) de caras conocidas”, afirmó.

Aun de forma más radical se expresó el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble, quien llegó a decir que “no hay alternativa” para Grecia: “Las nuevas elecciones no cambiarán los acuerdos que hemos cerrado con el gobierno griego. Cualquier nuevo gobierno deberá ceñirse a los acuerdos firmados por sus predecesores”, es decir, al programa de ajuste y recortes de gasto social, salarios públicos y pensiones para reducir el déficit y pagar la enorme deuda acumulada. “Si Grecia toma otro camino, será difícil seguir ayudando”, amenazó.

Estas palabras tan duras y las filtraciones de “fuentes del gobierno” al semanario alemán Der Spiegel la primera semana de este año, hicieron temer a Europa que Berlín esté dispuesto a dejar caer a Grecia y dejarla fuera del euro, algo que ya fue desmentido por el portavoz de la jefa del Ejecutivo alemán, Angela Merkel.

Pero el daño estaba hecho. La inestabilidad puso el bono griego a 10 años –que se utiliza sólo a modo de referencia, pues el país hace mucho no puede vender títulos de deuda a tan largo plazo– superó cotizaciones de 11%, algo que no ocurría desde hace dos años, y la Bolsa de Atenas experimentó pérdidas no vistas desde hace un cuarto de siglo.

Unos 7 mil millones de euros han sido retirados de los depósitos bancarios –es decir, más de 4% de todo el dinero que poseen las instituciones financieras griegas– desde el inicio del pasado diciembre y aunque el Banco Central de Grecia asegura que “la situación está bajo control”, también está siguiendo el desarrollo de los acontecimientos el Banco Central Europeo (BCE) “con mucha atención” y dispuesto a “intervenir cuando sea necesario”.

Pánico a la izquierda

Esta situación ha sido utilizada por Samarás para advertir a los griegos lo que ocurrirá si Syriza llega al poder:

“Syriza quiere convertir Grecia en Corea del Norte”, “llevará al país a la quiebra” o impondrá “una economía al estilo soviético”, son algunas de las frases del mandatario conservador, quien incluso ha llegado a utilizar el reciente atentado islamista contra la revista francesa Charlie Hebdo para ejemplificar lo que ocurrirá en Grecia si vence la izquierda, en lo que parece un intento desesperado de evitar la derrota electoral.

Esta estrategia de amedrentar a los electores le funcionó a Samarás en las elecciones de 2012, las cuales elevaron a Syriza a principal partido de la oposición pero dieron la victoria a los conservadores de ND. Ahora, en cambio, los griegos parecen vacunados contra ese tipo de discursos y todas las encuestas dan por segura la victoria de Syriza, a la que le pronostican entre 30 y 35% de los votos, muy cerca de la mayoría absoluta.

Tras las elecciones de 2012, un cuadro medio de Syriza reconocía ante este reportero que había sido un alivio no ganar puesto que, dada la falta de experiencia de los cuadros del partido y la situación en la cual se encontraba Grecia, hubiese sido muy difícil gobernar.

Sin embargo, en estos dos años y medio el líder de Syriza, Alexis Tsipras, ingeniero de 40 años y activo en las luchas políticas desde la adolescencia, ha moderado mucho sus propuestas.

“Los contribuyentes alemanes no tienen nada que temer de un gobierno de Syriza”, escribió recientemente Tsipras en el diario alemán Handelsblatt para calmar a quienes creen que Grecia dejará de pagar los préstamos, financiados con los impuestos recaudados en los estados europeos: “Nuestro objetivo no es enfrentarnos a nuestros socios, recibir más créditos o tomarnos licencia para incurrir en mayores déficit, sino estabilizar el país y poner fin a esta sangría para los contribuyentes griegos y alemanes”.

El programa de gobierno de Syriza prevé una serie de medidas sociales como el incremento del salario mínimo y las pensiones, así como recuperar la asistencia sanitaria gratuita y dar electricidad y calefacción a quienes no pueden pagarlas.

Respecto a la deuda, que muchos economistas –incluso dentro del FMI– ven imposible de saldar, pues el programa de ajuste no ha logrado reducirla y ya equivale a 175% del PIB griego, Syriza pide convocar a una conferencia internacional similar a la que en 1953 condonó parte del adeudo de Alemania y permitió que la parte restante se devolviese sólo cuando se alcanzaran ciertas cotas de crecimiento.

Syriza ha dejado ya de hablar de una salida unilateral del programa de austeridad y pide una “negociación” con los socios europeos. “Somos europeos convencidos y jamás pondremos en peligro nuestra permanencia en el euro, lo que buscamos es un acuerdo que haga sostenible tanto a la Eurozona como a Grecia”, asegura Yanis Varufakis, candidato en las listas de Syriza y asesor de su programa económico: “Cuando una deuda es insostenible, se reestructura; es algo que va en el interés de los deudores y de los acreedores”.

Pero los líderes de la UE, por el momento, descartan una reestructuración pues eso podría generar malos ejemplos para otros países sometidos al programa de austeridad, como Portugal, Irlanda, Chipre y España.

Eso sí, a medida que se va dando por hecho que la victoria de Syriza es inevitable, cada vez más voces apuestan por negociar con Tsipras, quien en los últimos años ha emprendido numerosas giras por Europa y Estados Unidos para explicar sus propuestas en círculos políticos, académicos y económicos.

Andreas Andreadis, presidente de la asociación de empresas turísticas SETE (una de las patronales más poderosas del país), reconoce ante Proceso que ya no teme una victoria de los izquierdistas: “La situación no se puede equiparar a la de 2012. Entonces había rabia, frustración y grandes manifestaciones. Ahora los griegos actúan de un modo más maduro y creo que también todos los partidos, no sólo Syriza, han cambiado”.

Para Andreadis lo mejor sería ver un “gobierno de unidad nacional”, porque “todos juntos podrían negociar mejor con los socios europeos el problema de la deuda y la crisis griega”, pero tampoco le hace ascos a un Ejecutivo formado por izquierdistas.

El problema será el tiempo de las negociaciones con la UE y el FMI, que debe ser muy rápido, según Philip Ammerman. De acuerdo con este consultor financiero británico radicado en Atenas, el Estado griego dispone de fondos, como mucho, hasta mediados de marzo, mientras una negociación para un nuevo acuerdo con la Unión Europea y el Fondo Monetario se alargaría como mínimo hasta el verano, pues debe ser ratificada por los parlamentos europeos.

“No estoy preocupado por el supuesto extremismo de Syriza”, dice Ammerman a este semanario, elogiando algunas partes del programa izquierdista como el aumento del salario mínimo, la lucha contra los oligarcas y la evasión fiscal o revisar las privatizaciones sospechosas de haber sido amañadas: “Lo que me preocupa es que las negociaciones se basan en la confianza, que es algo muy delicado”.

Para este experto, los cuadros de Syriza carecen de la experiencia y la profesionalidad necesaria, además de que “asustan a los inversores” y a los socios europeos cuando plantean cuestiones como “requisar” el dinero destinado a la recapitalización bancaria, sin tener en cuenta que se trata de fondos bajo control del BCE.

Dirigentes de este banco ya amenazaron con suspender los pagos del fondo de Asistencia de Liquidez de Emergencia (ELA), mediante el cual se mantienen vivos los bancos griegos. Esta amenaza ya fue utilizada en los casos de Irlanda y Chipre para forzar a sus gobiernos a aceptar las condiciones exigidas por la UE a cambio del rescate financiero, pero podría suponer la asfixia económica de Grecia.

“La última vez que consulté, Europa era un continente democrático”, ironiza Varufakis. “Hace falta tener una visión muy cínica para confrontar a un gobierno elegido democráticamente con el ‘arma nuclear’ que supone la interrupción de la ELA. Si el BCE actúa así, habrá abandonado la democracia y habrá creado las circunstancia para destruir a la Unión Europea en un corto tiempo, porque hacer eso pondrá a los ciudadanos en contra de las instituciones europeas y será todo un regalo para los antieuropeos, ultranacionalistas y racistas que quieren dividir a la UE”.

Las cartas están sobre la mesa, pero no cabe duda de que el resultado de los comicios griegos tendrá consecuencias en una Europa que este año se enfrenta a numerosos procesos electorales y donde aumenta a pasos agigantados la desafección por las instituciones comunitarias.

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