El talento en TV Azteca

La programación de Canal 13 ocupa horas en desplegar concursos, la mayor parte de ellos animados por gente común que llega al estudio a participar en juegos de destreza manual o corporal para obtener así un equipo electrónico y “hasta un automóvil”.

Se van acumulando puntos y los que tienen un score más alto pasan a la segunda, tercera, cuarta ronda, así hasta la ansiada final. También pretendientes a volverse cantantes, bailarines famosos u hombres o mujeres-espectáculo son reclutados para luego pelear el lugar número uno que les asegura el lanzamiento a la posteridad de pantalla.

Algunos andan en busca de despertar “la pasión por la quebradita”, mostrando de paso su amor por las chalupas de Xochimilco, muy mexican curious. Otros, ganarse un dinero para salir de la condición de calle en que lo sumió su huída de casa a los ¡cinco años! Ayer fue tránsfuga del Metro, en donde atormentaba los oídos de pacientes pasajeros. Hoy gracias a su talento descubierto, tiene en su cuarto un cartón que lo nombra propietario de un millón de pesos, aunque todavía no vea uno solo en su mano.

Varias chicas buscan pasar de su estado de niñas bien a niñas bien con aptitud para hacer el show apantallando a más de uno. Con todo el apoyo de la mansión de espectros, es muy posible que lo logren, al menos en el set bien iluminado de Azteca Corp. e igualmente en las sucursales del negocio en Estados Unidos y América Latina.

Títulos como El tarro, que pasa de lunes a viernes en Canal 13; Todo o nada, con un epígrafe genial: “Sabes quién sabe, ve tú a saber”, mismo canal y días a las siete de la noche. Se produce Venga la alegría, Juego sin palabras, están dos equipos disputándose la capacidad de adivinar o mejor recordar frases, nombres de películas sólo con la mímica desplegada sin miedo al ridículo. Ellas con ropa minúscula, ellos sport. Cada grupo con su amuleto: un muchacho pintada la cara de payaso, al grupo contrario lo cuida una botarga. Celebran cada triunfo como si fuera ganarse el gordo de la lotería.

Sí, cambian los títulos, también se entregan premios diversos, hay un rimero de pruebas, a cual más sencilla, tonta, exhibidora de las ganas y la alegría de estar proyectándose a unos buenos millones de telespectadores.  Para todos hay cabida: abuelitas, amas de casa, jóvenes casi analfabetos o alumnos de la Universidad ICEL. Se les mira uniformemente ansiosos de salir de la precariedad. De estrenar una tableta, un teléfono inteligente o una pantalla plana que les hable al corazón de noche o, ¿por qué no?, refleje su imagen ideal cuando el sol brilla.

En los programas de concurso Canal 13 pone el señuelo, los anuncios son la carnada. No deben olvidar en donde se venden esos televisores que no pudieron ganar, los dan a plazos “chiquitos” para que se puedan adquirir en Elektra; igual los dispositivos para internet. Además ahí está el Banco Azteca presto a otorgar créditos. O la Universidad ICEL para terminar una licenciatura en tres años, “sin descuidar lo que más quieres”.  

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