Un desastre, la herencia del virrey Castillo

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Alfredo Castillo Cervantes se enteró de su salida como comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán días después del martes 13, cuando compareció ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión.

Ahí los legisladores de oposición cuestionaron los resultados que obtuvo el funcionario en ese estado, donde la violencia no cesa y el crimen organizado sigue haciendo gala de su poder.

Pero pesó más en su remoción que los principales precandidatos a gobernador del PAN, el PRD y el PRI le pidieron al presidente Enrique Peña Nieto que lo sacara del escenario electoral, pues su fracaso en la encomienda de pacificar Michoacán se había convertido ya en un obstáculo político.

“La decisión de la Presidencia de la República de remover a Castillo Cervantes obedece a no entorpecer el proceso electoral que ya inició”, dijo el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, el jueves 22 en el patio del Palacio de Gobierno de Michoacán.

Al día siguiente el exfuncionario declaró en entrevistas radiofónicas: “Desde octubre yo platicaba con el secretario de Gobernación. Se consideraba cuál era la postura de los partidos políticos, de los candidatos, cuando existieran. Llegó diciembre, con lo de La Ruana (la escaramuza entre las fuerzas de El Americano y de Hipólito Mora, que dejó 11 muertos) y posteriormente se cumplió un año: era un momento ideal, ya había candidatos”.

Este es un adelanto del número 1995 de Proceso, ya en circulación.

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