Licitación de dos cadenas de TV abierta

En 2014 se publicaron las bases para licitar dos cadenas de televisión digital terrestre. Iban destinadas a los empresarios. En apariencia había muchos grupos interesados, con suficiente capital. Varios experimentados en el área.

A la hora del cierre de la convocatoria, únicamente hubo tres postores:  Francisco Ibarra, de Radio Centro; Olegario Vázquez Raña, de Cadena Tres, y Mario Vázquez Raña, propietario de 70 periódicos, la cadena de los soles en la República: el Esto, Ovaciones y La Prensa; también de 24 estaciones radiofónicas, una agencia informativa, una fábrica de papel. Sólo le faltaba la televisión para cerrar el círculo multimedia. Creó entonces el Centro de Información Nacional de Estudios Tepeyac y se postuló para obtener una de las cadenas.

Desde ese momento surgió una pregunta: ¿No estarían ya dadas las concesiones de antemano, una a cada uno de los hermanos? Se supo que, por lo que hace a Olegario Vázquez Raña, tan seguro está de obtenerla que el grupo Imagen construye un edificio para albergar los estudios de televisión. Producirá ahí material para su canal de cable Excélsior, para Canal 28 y la nueva cadena.

De Mario Vázquez Raña se dijo que, gracias a sus acuerdos con el poder, obtendría las opciones televisivas tal como consiguió la cadena de García Valseca en el sexenio de Luis Echeverría. Igual que su hermano, su poderío se extendía más allá de los medios; controló el deporte nacional por cuarenta años. Igual que Olegario iba en busca del negocio donde estuviera, sin importar su lejanía del periodismo o los contenidos mediáticos.

Sin embargo, el 30 de enero se anunció que Mario Vázquez Raña se retiraba de la licitación “por así convenir a sus intereses”. Tan lacónica explicación despertó dudas, mismas que se despejaron el 8 de febrero, fecha en que Mario Vázquez Raña falleció. La noticia provocó nuevas preguntas: ¿Tendría legitimidad suficiente ofrecer las concesiones con tan pocos solicitantes? ¿Dicha situación restringe la posibilidad de la subasta? Se presupone que ninguno ofrecerá monto por encima de la cantidad base, ¿es esto un revés para el Estado?

Después del retiro y la muerte de Mario Vázquez Raña surgen nuevas preguntas: ¿No sería mejor reabrir la licitación para ver si hay otros postulantes? ¿Puede declararse desierta la subasta, aunque los postores cumplan con los requisitos de la convocatoria? ¿No sería más conveniente para la sociedad que se otorgara sólo una cadena a algún grupo privado y la segunda fuese cedida a otro sector de la sociedad, a un gremio, a las universidades públicas, al INE para que por este medio los partidos tuvieran acceso a la televisión, no sólo para emitir spots de campaña sino para desplegar ampliamente sus proyectos, para crear ciudadanía?

Es poco probable que el gobierno cambie de opinión respecto a la TDT; con todo resulta válido inconformarse con un proceso marcado por dudas, por la sombra de las componendas entre empresarios y gobernantes. La incógnita se despejará en marzo de este año.

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