La importancia de decir “no”

ATENAS.- “Las cosas con este gobierno sólo pueden ir hacia algo mejor”, sostiene Yorgos, un taxista de esta ciudad. Su convencimiento no procede de que sea militante del partido izquierdista Syriza, que el pasado 25 de enero venció en las elecciones griegas. De hecho, Yorgos siempre había votado por la derecha.

Sus razones son otras: “Al menos esta gente sabe decir que no. Los anteriores gobiernos eran como papagayos: sólo repetían lo que les decía Alemania, el país más influyente de la Unión Europea (UE). ‘Sí, sí, sí’, sólo sabían decir que sí a los alemanes. ¡Pero, por el amor de Dios, hay que decir que no alguna vez”.

El “no” tiene una importancia capital en Grecia, probablemente el único país que tiene una festividad dedicada a este adverbio. El “Día del No” se celebra cada 28 de octubre y conmemora la negativa del dictador heleno Ioannis Metaxás a cumplir el ultimátum dado en 1940 por su entonces socio, el también dictador fascista Benito Mussolini, quien exigía que tropas italianas tomasen posiciones estratégicas en Grecia para contribuir a la guerra contra los aliados.

Metaxás desechó esa exigencia, lo que a la postre significó que Grecia fuera invadida por los nazis y los fascistas italianos. El “no” quedó ahí, como un monumento al orgullo heleno y a la soberanía nacional.

De ahí que en enero pasado, y tras años de sumisión a las políticas impuestas desde Berlín y Bruselas, los griegos hayan acogido con gran satisfacción que el nuevo Ejecutivo, dirigido por Alexis Tsipras, se plante ante las exigencias de sus acreedores.

Las encuestas de las últimas semanas muestran que la postura del gobierno en la renegociación con sus socios de la Zona Euro y la UE tiene el apoyo de entre 60% y 80% de la población griega. Pero lo más interesante es que ese apoyo viene no sólo de sus votantes, sino también de los de otros partidos: 43% de los electores de Nueva Democracia –el principal partido conservador griego– están de acuerdo con el Ejecutivo de Tsipras.

Otro sondeo, en este caso del instituto demoscópico Marc, indica que Syriza recibiría hoy 45.4% de los votos, casi 10 puntos más que en las elecciones del mes pasado. Un apoyo del tal calado no se veía en Grecia desde 2009.

Es más: Miles de personas se han manifestado en las últimas semanas en diversas ciudades de Grecia para apoyar a su Ejecutivo en las negociaciones, algo atípico en este país donde, tradicionalmente, se ve al Estado como el enemigo y al gobierno como una pandilla de ladrones.

“La psicología de los griegos cambió con el nuevo gobierno. La gente se siente mejor porque los nuevos ministros son gente joven y nueva en política. No son como los anteriores, que robaban a manos llenas”, argumenta Yorgos.

El taxi que él conduce serpentea por las calles de Pérama –un barrio donde el desempleo alcanza 70%– y el hombre, de unos 40 años, observa con tristeza hacia el mar, donde los astilleros languidecen desde hace décadas: “Antes teníamos mucho trabajo. Había 60 mil familias que comían de los barcos, porque venían muchísimos a ser reparados. Pero ahora, con suerte, llega uno cada cierto tiempo”.

Una de las víctimas del declive de este negocio es Sotiris, quien hace cuatro años perdió su trabajo en los astilleros y ahora sobrevive gracias a la “minúscula pensión” de su madre, con quien vive pese a que él ya peina canas: “La situación es terrible, muchísima gente no tiene ni electricidad en sus hogares. Pero desde que ganó Syriza podemos volver a ir al hospital de forma gratuita. Por eso el pueblo está con el gobierno”, dice.

“Las políticas neoliberales aplicadas desde 2009 fracasaron, sólo han servido para rescatar a los bancos”, afirma Stathis Anesti, dirigente del sindicato GSEE, el mayor de Grecia. “Por eso los sindicatos estamos con el gobierno y es muy positivo que tenga un apoyo tan amplio. Es necesario que todos los ciudadanos de Europa, no sólo los griegos, le enviemos un mensaje a (la canciller alemana Angela) Merkel, que es la nueva Margaret Thatcher”, añade en referencia a la ya fallecida primera ministra británica que impulsó las reformas neoliberales en su país en los ochenta.

Entre el miedo y la esperanza

El soporte al nuevo gobierno no llega también de sectores que históricamente sentían alergia a las tesis de un partido que incluye en sus siglas las palabras “izquierda” y “radical”.

“La economía experimentó un derrumbamiento sin precedente”, explica en entrevista Vassilis Korkidis, presidente de la Confederación Helénica de Comercio y Empresariado.

“La mayoría de las pequeñas tiendas cerraron. El sector del turismo y la hotelería, que son la gran industria de Grecia, experimentan un deterioro tanto en sus ingresos como en el empleo que generan. El ramo de la construcción fue severamente golpeado. Y las políticas de los gobiernos previos de incrementar los impuestos pusieron en peligro miles de empleos. Los ciudadanos no pueden permitirse devolver sus créditos comerciales o hipotecarios, no pueden pagar las contribuciones a la seguridad social.

“Así que, en consecuencia, el comercio cayó, creando un círculo vicioso. Claro que necesitamos cambios estructurales, medidas de desarrollo y planificación a largo plazo, pero lo que no hay que hacer es cumplir estos falsos programas de rescate de la Troika”, afirma, aludiendo a la odiada triada que forman la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional y que el nuevo gobierno desconoció como entidad negociadora.

“Indudablemente, nosotros, los pequeños y medianos empresarios, aprobamos la postura del gobierno griego de que el problema no es sólo griego, sino europeo. Es hora de que Europa cambie. Grecia no se puede permitir más huelgas y manifestaciones, ni más recortes y medidas de austeridad, ni nada más del actual programa de rescate”, sostiene Korkidis.

Kostas Kanaroglou, propietario de una empresa farmacéutica, también se declara optimista respecto del nuevo gobierno… “si cumple con lo que dice. Los gobiernos de años anteriores han sido desastrosos para mi sector. El gasto en salud pública descendió 60% y además nos robaron porque nos pagaban en bonos del Estado, cuyo valor luego redujeron a la mitad”, comenta.

“El nuevo gobierno se comprometió a apoyar el sector de la salud. Además es nacionalista y quiere apoyar a la industria local, lo que espero que me beneficie porque yo produzco aquí.”

Con todo, entre los griegos también hay cierto temor. Temor a que todo se descarrile y Grecia se vea expulsada de la divisa común europea. Un estudio de la empresa Kapa, recién publicado, indica que el primer sentimiento con el que los griegos se enfrentan a la nueva situación es “esperanza”, pero el segundo más citado por los encuestados es “ansiedad”. “Hay mucho miedo a que las negociaciones vayan mal”, reconoce Kanaroglou: “Pero algo había que cambiar. Yo creo que se logrará un acuerdo, mejor o peor”.

Según la empresa demoscópica Marc, la mayoría de los griegos se darían por satisfechos con un pacto “honroso” con los acreedores. Ni siquiera haría falta que se cumpliesen todas las exigencias de Syriza. “Lo que necesitamos es que nos dejen un poco de tiempo para respirar, que dejen de asfixiarnos”, cree Yorgos, y avisa: “No se nos puede seguir menospreciando, este país tiene una larguísima historia”. l

Comentarios