Boleto para la yihad

Dos factores han hecho posible que la organización Estado Islámico reclute masivamente a jóvenes europeos. El primero es internet, herramienta mediante la cual lleva a todos los sectores sociales un mensaje que hace parecer su causa como un juego, una aventura divertida; el segundo es Turquía, cuya posición geográfica lo hace un país medio europeo, medio asiático, al que es fácil entrar y desde donde se puede pasar con igual facilidad a la zona más conflictiva de Medio Oriente. Ankara se hizo de la vista gorda durante muchos años para apoyar a los yihadistas. Ahora no sabe cómo frenarlos…

Estambul/Antioquía, Turquía.- Los investigadores de Scotland Yard llevan varias semanas haciéndose una pregunta: ¿qué lleva a tres menores de edad, integradas en la sociedad, con un expediente académico excelente y un futuro lleno de oportunidades, a unirse al grupo yihadista más violento que ha conocido la historia?

Se trata del caso de Amira Abase, Shamima Begum y Kadiza Sultana, tres adolescentes de entre 15 y 16 años, quienes abandonaron todo cuanto tenían en Londres para enrolarse en el Estado Islámico (EI).

Los expertos coinciden en que la atracción que genera el EI en miles de jóvenes europeos a quienes ha captado funciona de manera diversa. Para algunos –los más radicales– el grupo yihadista representa la lucha del islam contra Occidente; para otros supone una salida a su situación de exclusión.

Y otros –señalan en sus estudios investigadoras como Erin Saltman y Melanie F. Smith– simplemente se dejan llevar por el sentido de “aventura” y por la idea de una supuesta “utopía musulmana”, de manera que sobre todo las chicas más jóvenes se convierten en auténticas fangirls del EI, como si fuera un grupo musical.

Varios factores han hecho que unirse a la yihad (guerra santa) se haya vuelto casi un juego de niños: la penetración en todas las capas sociales de internet, a través de la cual se recluta y se informa a los voluntarios sobre cómo desplazarse; el hecho de que un grupo yihadista, en este caso el EI, controle grandes territorios en Irak y Siria y no sea una nebulosa como anteriormente Al Qaeda; y sobre todo que ese territorio esté a las puertas de Europa, beneficiándose así de la facilidad de transporte.

El viaje

El viaje desde Europa comienza con un simple boleto de avión a Turquía, país que recibe cada año unos 25 millones de turistas. Por ello en los últimos años ha proliferado el número de aerolíneas que ofrecen vuelos de bajo costo a Estambul. Además el gobierno turco ha firmado acuerdos con numerosos países europeos, asiáticos y norafricanos que eximen a sus ciudadanos de la necesidad de una visa.

La esposa de uno de los implicados en los ataques terroristas de París a principios de año, Hayat Boumeddiene, escapó a España una semana antes de que estos se produjesen. Desde Madrid, y con otras cuatro personas, tomó un vuelo a Estambul el 2 de enero. Esta ciudad, con 15 millones de habitantes y situada a caballo entre Europa y Asia, es un buen lugar para esconderse y eso es lo que hizo ella.

Según una fuente próxima a la inteligencia turca consultada por este reportero, los aprendices de yihadista viajan en ocasiones acompañados de mentores o “facilitadores”. En caso contrario disponen de un contacto en línea que les indica cómo seguir el camino. Pero aunque en Estambul y otras ciudades turcas existen simpatizantes del EI que se dedican a captar población local, fundamentalmente en el extrarradio y en barrios deprimidos, en el caso de los extranjeros no funciona así.

Por ejemplo, Boumeddiene se alojó en el Bade, un hotel para comerciantes de paso situado en el muy liberal distrito asiático de Kadikoy. El propietario del hotel, Naim Sonmez, aseguró haberle dado a la policía todos los datos relativos a la estancia de la francesa, pero, ¿cómo podía saber él que entre sus huéspedes se escondía una presunta terrorista?

“En Estambul no hay células yihadistas para la coordinación (de extranjeros)”, sostiene en entrevista Mehmet Ozkan, director del Centro de Estudios sobre Terrorismo de la Academia de Policía de Turquía. “Más bien tienen conexión con gente dentro del EI o van directamente a la frontera sur”, señala.

Es el caso de las tres adolescentes británicas, quienes desde el aeropuerto de Estambul –al cual llegaron a mediados de febrero– se dirigieron a la estación de autobuses. Una de las últimas imágenes captadas por una cámara de seguridad es la de estas chicas frente a un autobús con destino a Urfa, una de las provincias del sureste del país.

“Turquía tiene una frontera de 911 kilómetros con Siria y esta zona es un ir y venir de gente –se justifica una fuente del Ministerio de Exteriores turco–; no sólo hay supuestos yihadistas, también refugiados (Turquía acoge a 2 millones de sirios) que entran y salen del país, un elevado número de periodistas y centenares de miembros de organizaciones de ayuda humanitaria que intentan acceder a Siria.”

La provincia de Hatay ha sido durante mucho tiempo el principal lugar de paso de los yihadistas. “Ves a barbudos tomándose fotos, y la siguiente noticia que tienes es que están pegando tiros dentro de Siria”, dice a este semanario un residente de la capital provincial, Antioquía, quejándose de que este movimiento crea “temor” en la población local.

Sin embargo, los yihadistas que cruzan por esta parte son en su mayoría militantes de grupos como Al-Nusra (filial de Al-Qaeda en Siria) o Ahrar al-Sham, ya que son las que controlan el territorio al otro lado de esta parte de la frontera. Se trata de grupos radicales pero que empequeñecen frente a la violencia que ha desplegado el EI.

El siguiente punto, hacia el oeste, es Kilis, donde, explica un transportistas que acaba de regresar de allí, “la situación está revuelta”. Esta localidad, donde el número de sirios ya supera al de autóctonos, es la elegida para quienes quieren desplazarse hasta el frente de Alepo.

Doble juego

Pero para los voluntarios que desean entrar directamente en territorio del Estado Islámico, el paso principal es a través de la provincia de Urfa, donde hay varios puntos de acceso.

Ismail Kaplan, dirigente político local, dice por teléfono a Proceso que su gente ha sorprendido a personas tratando de cruzar “a través de los campos de cultivo” o “bajando por la orilla del río Éufrates”, una vía que comunica con Jarabulus, uno de los pasos fronterizos controlados por el EI.

La zona es un hervidero de yihadistas, apunta Kaplan: “Hasta en la capital provincial, Urfa, se ve a muchos barbudos hablando lenguas extranjeras”.

Hay fuertes indicios de que el EI tiene pisos francos en la ciudad de Urfa, pues ha habido varios intentos fallidos de secuestro, de periodistas y del comandante rebelde moderado sirio Abu Isa, todos ellos presuntamente cometidos con la intención de llevarlos al otro lado de la frontera.

También en la provincia de Urfa, la ciudad fronteriza de Akcakale es considerada actualmente el principal paso para los voluntarios extranjeros del EI. Allí se registró por última vez la señal del teléfono móvil de Boumeddiene y a través de esa ciudad, según fuentes locales citadas por la BBC, las tres chicas británicas dejaron suelo turco para entrar a Siria.

Kaplan se queja de que pese a sus denuncias a las autoridades, éstas han hecho poco por frenar el tráfico de yihadistas y denuncia que incluso los combatientes sirios siguen llegando a Turquía a curar sus heridas de guerra para luego volver a la zona de combate.

Durante los últimos años el gobierno de Turquía ha practicado un doble juego. Por un lado –confirma a este periodista una fuente que trabaja con la inteligencia europea– Ankara compartía información de espionaje con sus aliados, lo cual ha llevado a la detención de diversos “retornados”, es decir, yihadistas que después de recibir entrenamiento del EI en Siria o Irak, regresan a sus países con la intención de cometer atentados.

Pero, al mismo tiempo y más interesado en la caída del régimen de Bashar al-Asad, hacía la vista gorda al flujo de combatientes hacia Siria, ayudando a diversas facciones –incluso las islamistas más radicales– con armas y apoyo logístico.

Durante los primeros años de guerra civil en Siria esto no supuso mayores problemas, pues también los países miembros de la OTAN estaban interesados en la caída del dictador sirio; pero la aparición en escena del Estado Islámico terminó por cambiar la ecuación y las capitales occidentales empezaron a presionar a Turquía –socio de la Alianza Atlántica desde 1952– para intentar modificar su política.

En entrevista, Etyen Mahcupyan, asesor en jefe del primer ministro turco, reconoce que en los últimos meses ha habido un cambio de paradigma:

“Ankara ha comenzado a cooperar con los kurdos de Siria (que se han mostrado como el grupo más efectivo en la lucha contra los extremistas musulmanes) y ellos, a cambio, han colaborado con en el tema de Suleyman Shah”, una reciente operación militar de Turquía que incluyó una incursión en territorio sirio para rescatar a 38 de sus soldados, asediados desde hacía ocho meses por el EI.

Así Turquía comenzó a tomarse en serio la vigilancia de la frontera y en las últimas semanas se hubo decenas de detenciones de personas que intentaban infiltrarse en Siria. Algo que al mismo tiempo ha elevado la alerta de la policía, que teme que el EI se vengue en suelo turco.

Pero la frontera es muy porosa. Y pobre. Durante años se ha dedicado al comercio, legal e ilegal. “Té, azúcar, ropa. Pero ahora, con la guerra, todo está parado”, se queja Edip, quien vive a pocos kilómetros de la frontera.

Según Joshua Landis, experto en temas de Siria, el problema es que en ambos lados de la frontera hay lazos familiares que durante décadas han sido utilizados por los contrabandistas. Ahora muchos de esos traficantes se dedican a indicar a los combatientes cómo cruzar la frontera, a cambio de unos dólares.

Pero persiste la incógnita: ¿cómo puede ser que, en un mundo en el cual la vigilancia de las telecomunicaciones es tan patente, no se detectase a Boumeddiene, quien viajaba junto a dos personas anteriormente investigadas por actividades yihadistas? ¿O a Amira, Shamima y Kadiza, cuando ya otro compañero de su escuela había abandonado Inglaterra para unirse al EI?

“No se puede responsabilizar a Turquía por lo que hace alguien que viene aquí como turista. No tenemos los mecanismos para cuestionar la intención de los turistas o leer sus mentes. Primero se les debería impedir en sus países de origen que viajaran”, afirmó recientemente el viceprimer ministro turco Bulent Arinc.

Por el momento, Turquía estableció “mesas de análisis de riesgo” en los aeropuertos y la región fronteriza para interrogar a los sospechosos. De este modo, apunta la fuente del Ministerio de Exteriores, se ha negado la entrada a unas 500 personas desde el pasado abril y se ha deportado a otros “mil 112 extranjeros con supuestos lazos con los grupos de Siria e Irak”. Además se han introducido muchos más nombres a la lista de personas que tienen prohibida la entrada al país por sus actividades extremistas: si en 2011 sólo incluía 300, ahora supera las 10 mil.

“El hecho de que la lista incluya nombres de alrededor de 90 países indica la diversidad de perfiles con los que se enfrentan nuestras fuerzas de seguridad cada día”, agrega.

“Identificar a potenciales terroristas es un tema complejo. No se les puede identificar a menos que tengas información de inteligencia de antemano o alguna otra prueba”, lamenta Ozkan. “Comparado con antes, la inteligencia que recibimos (de los socios occidentales) es mejor. Pero en cuestiones de seguridad, la información de inteligencia nunca es suficiente. Debe ser afilada y actualizada cada día”.

De otra forma, encontrar a los posibles terroristas es buscar una aguja en un pajar. No

Comentarios

Load More