“El barbero de Sevilla”

León, Gto.- Un éxito memorable se anotó el Teatro del Bicentenario de León con la reciente puesta en escena de la célebre ópera El barbero de Sevilla. Gioachino Rossini (1792-1868) la compuso a los 24 años, en febrero 1816, para el Teatro di Torre Argentina de Roma. Almaviva; o sia L’ Inutile Precauzione fue el título original, ya que en un principio no se utilizó el nombre con la que se la conoce hoy día para diferenciarla de Il barbiere di Siviglia (1782) de Giovanni Paisiello (1740-1816), ópera que Rossini admiraba y respetaba.

Rossini compuso su Barbero en un tiempo récord de dos a tres semanas. Frecuentemente los compositores del siglo XIX reutilizaban música propia (y a veces ajena), en especial si no había tenido éxito y no era reconocible, por lo que en esta obra encontramos varias melodías provenientes de óperas anteriores. A mediados del siglo pasado, El barbero de Sevilla era prácticamente la única ópera de Rossini que se presentaba con regularidad; pero poco a poco comenzaron a revalorarse las demás obras del autor y hoy en día se representan prácticamente todas.

El domingo 15 de marzo de 2015 lo que vimos y oímos superó en mucho nuestras expectativas. Iván López Reynoso dirigió la orquesta y tocó al clavecín los recitativos; en muy poco tiempo este joven director ha logrado afianzarse sólidamente como el mejor de su generación. Preparó El barbero de Sevilla con el musicólogo italiano Alberto Zedda, reconocido como la mayor autoridad mundial en música de Rossini; se tocó la edición revisada por Zedda y aquello fue una delicia.

En el papel de Rosina, personaje que poco a poco han ido recuperando las mezzosopranos de las garras de las sopranos, se presentó Guadalupe Paz, oriunda de Tijuana, quien cada vez canta mejor y cuya actuación fue memorable: elegante, fina, graciosa y muy expresiva, se ha convertido por derecho propio en una de las grandes mezzosopranos rossinianas del mundo.

El joven italiano Matteo Macchioni cantó el Conde Almaviva; bello canto y mejor actuación. No se pelea con su voz ni quiere demostrar qué bueno es; simplemente canta la partitura de Rossini y con eso es bastante. Volumen pequeñito; pero en ocasiones sacó el 100% de su voz y demostró que volumen sí hay, de lo que se trata es de no cantar todo fuerte como hacen otros. Le ayudó mucho en su empeño la orquesta mediana, y el cuidado de Iván López.

Josué Cerón debutó en Fígaro, el barbero, actuando muy por lo alto como ya lo ha hecho otras veces y cantando muy bien, sin afectaciones ni divismos, agradable presencia escénica. Rubén Amoretti, de Burgos, España, viene a México seguido a cantar papeles de malo; pero esta vez nos sorprendió con su vis cómica en el complicado personaje de Don Basilio, el maestro de música. Gracioso y buen cantante, encantó con el caudal de su voz y fantásticos graves.

Mención honorífica la dirección escénica de Luis Martín Solís, detallada, alegre, arriesgadísima; pero al final, muy grata y exitosa.

Se trató de una función como pocas, llena de talento y verdad escénica.

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