“Don Giovanni” en karaoke

Coproducción de la Ópera de Bellas Artes (OBA) y del Festival internacional Esto es Mozart, se estrenó el jueves 19 de marzo de 2015 una breve temporada el Don Giovanni (1787) de Mozart (1756-1791). Se trata de la segunda oportunidad a la fallida producción de hace seis años, y esta vez estuvo un poco mejor, empezando por el teatro que aquella vez fue el Esperanza Iris.

En la ópera, si el canto y la música están interpretadas de maravilla, ya vamos de gane, y puede tolerarse una puesta en escena absurda, pues de no ser así todo el andamiaje estético se derrumba. Hubo momentos muy buenos musicalmente, y otros regulares. La Orquesta del Teatro de Bellas Artes, muy bien dirigida por Srbra Dinic, tuvo algunos momentos muy rápidos, pero parece que esa es la moda en la actualidad.

El protagónico Christopher Maltman es un Don Giovanni por todo lo alto: bien actuado y cantado muy Mozartiano, pero carente de hispanidad; no hay que olvidar que además de que se canta en italiano, el Don Juan es un sevillano.

Armando Gama es sin discusión el barítono mexicano más completo de la época actual y nos obsequió un Leporello (el criado de Don Giovanni) inolvidable por su actuación y canto.

Donna Anna fue Erika Grimaldi, joven italiana que también canta como las grandes, se agradece que la hayan traído. Por estos tres cantantes, la función valió la pena.

Donna Elvira fue Olivia Gorra, a quien no sentimos cómoda en este demandante personaje; sin embargo lo resolvió con gallardía y con clase.

La Zerlina es un gran papel, tiene un dúo archi famoso (“La ci darem la mano”) y dos hermosas arias, además de otras escenas, y a la joven debutante Angélica Alejandre le quedó grande el encargo. Cumplió pero con el tiempo irá mejorando mucho este rol. El barítono Juan Carlos Heredia interpretó a Masetto bastante bien, pero algo equivocado pues se supone que es un campesino algo bobo, no un aguerrido pica pleitos.

Como hace seis años, no podemos celebrar ni la escenografía ni la puesta en escena; un único mamotreto al centro del escenario que da vueltas ad nauseam durante más de tres horas y un gran espejo oblicuo que sobre la tarima central sube y baja una y otra vez. Escenas muy buenas y luego todo se viene abajo. Lo muy lamentable es que decidieran no poner en escena a los pequeños grupos musicales que Mozart dispuso para el final del primer acto y que deben tocar en vivo, como ocurre en otras óperas; prefirieron emplear una grabación, sí, una especie de karaoke que tocara esas danzas, lo cual es la más grave falta de respeto que se le haya hecho a Mozart en Bellas Artes. El chiste de la ópera, la sinfónica, la llamada música clásica es que es en vivo, sin micrófonos y en muchos casos con la afinación e instrumentos de época.

Y aquí nos ponen grabaciones, utilizan micrófonos y para mala suerte se retroalimentan (se vician) produciendo un horrible zumbido. ¿Micrófonos en Bellas Artes, en Mozart, en Don Giovanni, grabaciones? De no creerse. Un vergonzoso crimen.

El coro: Alguien decidió que participaran todos, casi cien (cuando Mozart pide no más de ocho coristas) y que cantaran durísimo; el resultado, muy desagradable, un estruendo injustificable.

Hubieran hecho un Don Giovanni tradicional, con un elenco redondo y sin grabaciones. Habría sido además más barato.

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