Campañas políticas

Las campañas políticas son campañas mediáticas. La contienda electoral se dará de nuevo en los medios tradicionales y se le agregarán las redes de internet. No habrá quien escape a la propaganda, misma que cada día se asemeja más a la publicidad. Se trata de una manera esquemática, sin fondo, de dirigirse al votante. Las cápsulas sirven mal a las ideas, bien a las imágenes, mejor si se acompañan de sonido pegajoso y estridente. Los estribillos de Movimiento Ciudadano o de Nueva Alianza se graban por repetitivos. Igual que sus coloridas referencias: naranja, turquesa.

Los aplausos del PRI a los trabajadores suenan a burla. Los spots  históricos a desmemoria al querer vestirse con los logros del antiguo régimen, el revolucionario, el que instauró el Seguro Social, el ISSSTE y el Infonavit que el actual gobierno del PRI tiene en la ruina. El coloquial “¿a poco no?” del PAN lleva aliento de niños bien. La peor factura corresponde al Partido Humanista, y la campaña más agresiva, cínica e irrespetuosa de la ley la lleva el Partido Verde. El PRD hace caravana con sombrero ajeno pues la pensión universal para adultos mayores no es una dádiva sino una ley conseguida en el gobierno de López Obrador, quien ahora va por Morena tratando de rescatar lo que resta de izquierda honesta y congruente.

La avalancha de promocionales que se nos viene encima resultará contraproducente. Habrá 11.3 millones de ellos en radio y televisión, 97 mil horas en 2 meses. Parece mucho tiempo, su brevedad de segundos les quitará fuerza. Lo repetitivo aburre. Quien pauta más, el PRI con 30%, el PAN con 18% y el PRD con 13.8%, aburre más (La Jornada).  El INE pone su parte en el alud, puestas en escena de buenos ciudadanos igualmente tediosos, previsibles e inverosímiles.

Las campañas electorales están hechas a la medida de lo que realmente sucede en las elecciones: compra de votos, acarreo, fraude. El llamado a votar no lleva aparejado el interés por formar ciudadanía. No se revela cuál es el alcance de no ejercer el derecho, a quién se beneficia. Tampoco se dan explicaciones sobre cómo defender la opción ni cómo saber si se ha hecho trampa o no. Eso es coto cerrado para las mayorías. Los spots son una simulación. Después de escucharlos, verlos, aprendernos sus slogans, no seremos más sabios, más responsables, ni más comprometidos con el futuro del país.

La verdadera educación cívica tiene que darse todos los días, especialmente con el ejemplo. Si los gobernantes, por muy elegidos que hayan sido, se comportan de manera corrupta, el ciudadano deja de aceptar que ese es un camino pacífico y viable para cambiar. Tal es la situación actual. En ese río revuelto, los candidatos de los partidos honrados naufragarán porque apenas si sus propuestas serán escuchadas.

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