Daniel Leyva se va contento del IPN

El novelista y poeta Daniel Leyva (Ciudad de México, 1949) afirma que se va de la Dirección de Difusión y Fomento a la Cultura del Instituto Politécnico Nacional (IPN) con la certeza de que su sucesora, la arquitecta Silvia Calderón, dará continuidad al programa emprendido hace siete años, cuando llegó a esa institución invitado por su entonces director José Enrique Villa Rivera.

Y, además, con la garantía de que el maestro Enrique Arturo Diemecke se mantendrá en la Orquesta Sinfónica del Politécnico cuya dirección asumió en septiembre pasado, pues así se lo ofreció al compositor el propio ingeniero Enrique Fernández Fassnacht, quien estaba al frente del IPN en noviembre de 2014 en medio del conflicto estudiantil.

Autor de las novelas Una piñata llena de memoria y El espejo equivocado, los libros de poesía Crispal, Talabar, y Al carbón, entre otras obras, y Premio Xavier Villaurrutia 1976, Leyva informó sobre su salida del IPN el lunes 13 de abril, mediante un comunicado en el cual señaló:

“La renuncia me fue solicitada por no ser egresado politécnico, lo cual, por una parte, siempre fue público y, por la otra, no significa ningún impedimento normativo como lo prueban mi designación original y mis ratificaciones hechas por dos ex Directores Generales del IPN.”

La causa fue calificada irónicamente de “terrible acusación” por el periodista Humberto Musacchio en su columna de opinión (Excélsior) del mismo día. En ella auguró “un estrepitoso fracaso” a Fernández Fassnacht si seguía con esa “política endogámica”:

“…pues no cuenta con cuadros calificados para atender la difusión cultural, en primerísimo lugar porque en el Poli no existen carreras del área de humanidades. Para ser consecuente, el director general deberá correr al abogado general y al responsable de Publicaciones, que no se formaron en Santo Tomás ni en Zacatenco. También deberá echar a Enrique Diemecke, el mejor director que ha tenido la Orquesta Sinfónica del IPN, pero que no pasó por las aulas politécnicas. Así de absurdas son las cosas bajo las nuevas autoridades…”

Exdirector del Centro Nacional de Información y Promoción de la Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), y de Difusión Cultural en la Dirección General de Asuntos Culturales de la Cancillería, Leyva afirma que se va en los mejores términos y contento porque lo sustituye una egresada politécnica, colaboradora suya durante los siete años que estuvo al frente del área cultural del Politécnico.

Dice no estar asombrado por este tipo de mecanismos pues, sin ser miembro del Servicio Exterior Mexicano (SEM), ocupó cargos en representaciones mexicanas de México en Bruselas, Bélgica, y en Lisboa, Portugal. Y luego salió justo por no ser parte del SEM.

Al Poli fue invitado por el ingeniero Villa Rivera por dos años. Luego fue ratificado por la directora Yoloxóchitl Bustamante (quien dejó el puesto en el marco de la huelga estudiantil), y ahora se va con Fernández Fassnacht.

El escritor aclara que puso énfasis en el hecho de no ser politécnico, y así distinguir su salida de las destituciones de más de la mitad de los directores de escuelas del IPN –que los estudiantes demandaron como parte del pliego petitorio presentado a finales del año pasado.

Ningún estudiante exigió su retiro, subraya, y por el contrario ha recibido muestras de apoyo. De hecho indica que se iba desde septiembre pasado por causas de salud pero vino entonces el movimiento estudiantil y no quiso abandonar el cargo hasta que el problema estuviera resuelto.

Asegura que ahora lo hace porque el compromiso es fortalecer y dar continuidad al programa cultural en marcha, dirigido fundamentalmente a la comunidad politécnica. En un breve balance destaca algunos de sus logros, entre ellos que Diemecke esté al frente de la Sinfónica del IPN y haber organizado la agrupación:

“El director de la orquesta tenía una plaza administrativa de jefe de división y debía cubrir una serie de normatividades administrativas… No había gerente artístico. Lo primero que se hizo fue dotar a la orquesta de una estructura: una gerencia artística y luego una dirección artística, la del maestro Diemecke.”

Considera que esa es la “cerecita del pastel” y la parte más visible de un proyecto llamado Alivianarte, con el cual se llevan más de 400 actividades al mes a todas las escuelas y unidades del Politécnico, como cine, exposiciones, conferencias. Recuerda también las óperas politécnicas Carmen, La Bohéme o Aída que sorprendieron ser una adaptación en el contexto politécnico.

Se contrataban unos cuatro cantantes del INBA pero el resto del elenco eran miembros del Poli, como el Coro Alpha Nova, y estudiantes de diversas escuelas: la de Arte Textil hacía los vestuarios, la de Química los efectos especiales, y se sumaban los participantes de los talleres de teatro.

El Politécnico, recuerda, fue la primera institución que tradujo al náhuatl una ópera completa, Aída, de Giuseppe Verdi y “hasta Miguel León Portilla nos felicitó, ninguna institución universitaria o académica, bueno, ni cultural –bromea–, no les diga a mis amigos del Conaculta porque se van a enojar conmigo pero nadie lo había hecho antes.”  

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