Peña Nieto no cumple su palabra

Cuando era candidato, Enrique Peña Nieto se comprometió por escrito a instaurar un nuevo sistema político para promover la participación ciudadana, erradicar la injusticia social y combatir la corrupción, pero no lo ha hecho, asegura Manuel Espino en entrevista con Proceso. “No cumple. No tiene respeto por su palabra”, añade el expanista, autor de Mexicanos al grito de paz, libro en el cual advierte: el mayor riesgo actual para el país es el narcotráfico incrustado en el andamiaje institucional. “Hoy hay narcotraficantes que ya tienen control de algunas instituciones”, aunque, dice, “todavía estamos lejos de que tengan control del Estado”.

El documento enmarcado resalta en un muro de la oficina. Ahí está la firma del candidato Enrique Peña Nieto que promete, de llegar a la Presidencia de la República, concluir la transición a la democracia e instaurar “un nuevo sistema político” para promover la participación ciudadana, erradicar la injusticia social y combatir la corrupción…

De pie frente a ese documento, firmado por ambos en la campaña presidencial de hace casi tres años –el 22 de mayo de 2012–, Manuel Espino evalúa a Peña sobre los compromisos que asumió: “Está reprobado”.

–¿Peña no cumple?

–Así es, Peña no cumple. No tiene respeto por su palabra.

El expresidente del Partido Acción Nacional (PAN) y candidato a diputado federal por Movimiento Ciudadano afirma que por eso Peña “está en el sótano” y “en una espiral de problemas de la que difícilmente va a poder salir” el resto del sexenio.

Pero, además, porque tiene un “gabinete Montessori” en el cual “cada quien hace lo que le da la gana”, con permanentes pugnas entre los presidenciables Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong, “la economía a pique”, la violencia desbordada y el auge de la corrupción.

“El signo más fuerte de este gobierno es ya, sin duda, la corrupción”, afirma el aliado de Peña en la elección presidencial y con quien, en entrevista con Proceso, rompe políticamente por no cumplir sus compromisos firmados.

“Está reprobado en honorabilidad porque, para tenerla, lo primero que se debe hacer es cumplir con la palabra empeñada”, insiste Espino, quien advierte que la corrupción del gobierno ha generado complicidades con el PAN para encubrir también a políticos como Gustavo Madero, Ricardo Anaya, Guillermo Padrés, Miguel Ángel Yunes, Ulises Ramírez…

Por eso, asegura, el Sistema Nacional Anticorrupción, recién aprobado en el Congreso y del que el PAN reclama autoría, es parte de las complicidades y la simulación.

“Es un discurso engañabobos el compromiso contra la corrupción. Es una falacia. Esto no va a funcionar, sólo va a servir de pretexto para que más corruptos sigan viviendo en la impunidad. Ahora resulta que los corruptos diseñan un sistema anticorrupción.”

Pero hay algo más grave, advierte Espino en la entrevista y que expone en su más reciente libro, Mexicanos al grito de paz: la narcopolítica.

“Aunque el gobierno lo niegue y sus incondicionales lo desestimen, estamos en la antesala de la narcopolítica y del populismo, dos amenazas en pleno desarrollo que no son ajenas al fenómeno de la violencia y que suponen el riesgo de un Estado fallido, al que apuestan grupos criminales y populistas para cosechar sus intereses”, escribe en su libro, que presentará este martes 5 en el Polyforum Siqueiros.

–¿La narcopolítica está en la antesala o ya en pleno?

–Creo que ya está en pleno, sin duda –corrige–. El narcotráfico ya logró su objetivo: Está adentro del andamiaje institucional. ¿Qué tan avanzado está? ¿Qué tanto control tiene de la vida institucional? No lo podríamos medir en este momento, pero es evidente que ya está dentro.

Añade: “México está ya en el terreno de la narcopolítica. Hoy hay narcotraficantes políticos, hay narcotraficantes que ya tienen control de algunas instituciones. Aunque todavía estamos lejos de que tengan control del Estado mexicano, si esto no se revierte podríamos llegar a tener un Estado al servicio del narcotráfico”.

Los más altos funcionarios del gobierno de Peña, asegura, tienen conocimiento del fenómeno de la narcopolítica, pero no actúan –dice– “quizá porque son beneficiarios de ello”.

–¿Cómplices, dice usted?

–Sí, beneficiarios.

–¿Puede hablar de eso con nombres y apellidos?

–En el libro menciono a los que son evidentes: funcionarios, alcaldes, legisladores, pero sí llama la atención que un día se conoce que hay hermanos, familiares o propiedades del secretario de Gobernación y se ventila la información que solamente tendría acceso a ella el secretario de Hacienda, quien es el que tiene manera de rastrear cuentas en el extranjero, pero también otro día se saben cosas del secretario de Hacienda que solamente podría saber el secretario de Gobernación.

Con reputación de astuto, Espino desliza: “Es evidente que hay ese golpeteo, y a veces para golpear al adversario interno se recurre a aliados que pueden ser hasta criminales”.

Se frena y sentencia: “Sí está mal el gobierno de Peña Nieto. El presidente Peña Nieto, sin que sea su propósito, está construyendo una nueva alternancia en el 2018”.

Osorio tampoco cumple

Expulsado del PAN por su pleito con Felipe Calderón, y luego con Madero, Espino creó el movimiento Volver a Empezar, con disidentes de aquel partido, y luego Concertación Mexicana, una iniciativa a la que se sumaron, transitoriamente, algunos personajes de izquierda, como René Arce y Ramón Sosamontes.

Tras el discutido triunfo de Peña y luego de reunirse con él como presidente electo, en octubre de 2012, quisieron formar un partido que, al fracasar, generó una diáspora. Los seguidores de Espino participan ahora en Movimiento Ciudadano.

Fue en la campaña de 2012 cuando Espino pactó con Peña Nieto un conjunto de compromisos que, aclara, eran también para los otros candidatos presidenciales. Todavía en mayo de 2013 se hizo una evaluación del acuerdo con Roberto Campa Cifrián, subsecretario de Gobernación, como representante del presidente.

Y la más reciente ocasión que Espino se reunió con un funcionario del gobierno de Peña –quien no lo ha recibido como presidente en funciones– fue el 3 de noviembre de 2014, horas antes de la captura del exalcalde de Iguala José Luis Abarca y su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa, procesados como los autores intelectuales de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

“Hoy me queda claro que para Peña fue sólo un acto de campaña, más que por una voluntad expresa de llegar a ser presidente y cumplir”, reconoce Espino.

“Esta es la primea vez que lo puedo decir abiertamente: El señor no cumple, porque hasta en eso no cumple. Quedamos de vernos periódicamente para ir monitoreando el desarrollo de los temas en los que hay un compromiso compartido. Ni en eso ha sido posible.”

Espino niega que ignorara los antecedentes de Peña como gobernador del Estado de México. “Yo no lo hubiera hecho candidato presidencial, ni a Josefina Vázquez Mota ni a Andrés Manuel López Obrador. Pero ya siendo candidatos y que uno de ellos iba a llegar a la Presidencia es que propusimos un acuerdo”.

Explica: “El mensaje a Peña y a todos los candidatos era: ‘Si en el pasado fueron corruptos, comprométanse a que al llegar a la Presidencia van a combatir la corrupción’. No puedo enmendarle el pasado a nadie ni puedo definir quién puede ser candidato presidencial”.

Lo cierto es que sólo Peña firmó el acuerdo, pero no lo cumplió en nada, menos aún en seguridad, corrupción, combate a la pobreza y participación a la sociedad en la toma de decisiones.

“Ha generado una gran decepción. Lamentablemente no sólo le pega a él y a su partido, le pega a la política, al sistema de partidos, por la tendencia de la gente a generalizar: todos son iguales.”

Y no es así: “Yo soy muy distinto a Peña Nieto. Por lo menos yo sí cumplo mi palabra, sigo dando la pelea en contra de la corrupción, sigo promoviendo una dignificación de la dinámica política nacional”.

Osorio Chong, secretario de Gobernación, actúa igual que Peña: el 3 de noviembre Espino se entrevistó con él para entregarle una propuesta de combate a la violencia y a la inseguridad, que ha sido “un total fracaso” –afirma–, porque sigue la misma estrategia militarista de Calderón.

“Se la entregué en sus manos al secretario de Gobernación. Tiene que ver con el recrudecimiento de la violencia, esta tendencia a la saña, al sadismo, que evoca prácticas que se dan en otras latitudes del mundo, y que esa propuesta sugiere que se amplíe la investigación a otras posibles fuentes de la violencia”, explica.

En esa reunión le planteó que el gobierno no sólo debe investigar a los narcotraficantes sino “también a grupos internacionales antisistema, grupos internacionales terroristas que tienen los dos pies plantados en territorio nacional, y que me niego a pensar que no lo sepan. Si yo lo sé, lo saben ellos.”

–¿Qué le respondió?

–Le di un documento y me ofreció que lo revisaríamos pronto. Me dijo: “Ahorita estoy muy atareado con el tema de Ayotzinapa, ya estamos cerca de aprehender al alcalde, déjame hacemos eso y nos dedicamos a esto”. Esa madrugada lo detuvieron. Yo terminé de platicar con él a las nueve de la noche y a las dos o tres de la mañana habían detenido al alcalde. Al día de hoy no he tenido respuesta a esa propuesta por escrito.

Espino lo tiene claro: “No le interesa. Le he enviado mensajes que le han llegado, proponiéndole revisar temas pendientes de seguridad, corrupción, de la injusticia social que se agudiza, porque hay programas en el país que caen dentro de los compromisos firmados, pero hay deficiencias. La Cruzada contra el Hambre, por ejemplo, la han convertido en un instrumento político y clientelar”.

Con AMLO, jamás

La entrevista con Espino tiene lugar en su oficina a las 13:30 horas del 29 de abril, horas antes de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dejara sin efecto la candidatura a diputado federal de Marcelo Ebrard, el polémico exjefe de gobierno capitalino.

Sin conocimiento de esto, el expanista niega tener interés en ser coordinador de la diputación de Movimiento Ciudadano, que ambicionaba Ebrard: “No está en mi ánimo ni me resulta necesario ser coordinador de la bancada para hacer un buen trabajo en la Cámara de Diputados”.

Parecido al expresidente Vicente Fox en sus posiciones, Espino advierte del avance del Movimiento de Regeneración Nacional: “Puede uno no estar de acuerdo con López Obrador, pero mi reconocimiento a su liderazgo, habilidad, astucia, perseverancia, tenacidad. Se está metiendo, desde ahora, a la sucesión presidencial”.

–Usted ha sido siempre crítico de López Obrador, pero en caso de que sea candidato presidencial y Movimiento Ciudadano lo apoye, como lo hizo en 2006 y 2012, ¿usted también lo haría?

–¡No, claro que no! Nosotros como Concertación Mexicana tenemos un acuerdo con Movimiento Ciudadano sólo para esta coyuntura.

En 2012, revela, el partido de Dante Delgado invitó a Espino a sumarse, pero apoyando a López Obrador y lo rechazó. Ahora que no está éste se pudo hacer el pacto, pero es sólo para este año. Si en 2018 Movimiento Ciudadano apoya al tabasqueño, él no se sumaría.

–¿Y si Ebrard fuera el candidato de Movimiento Ciudadano?

–Lo valoraríamos. Jamás iríamos en un proyecto con López Obrador. Sería poner en alto riesgo al país. En caso de Marcelo es distinto, pero tendríamos que valorarlo.

Creel, corrupto

Espino alude, en su libro, a grupos y personajes que tienen fama de honestos, pero “han rentado su honorabilidad para obtener –en beneficio propio, de sus familiares e incondicionales– prebendas de corto plazo. Son literalmente sepulcros blanqueados, pregoneros de valores que traicionan con sus acomodaticias acciones, que los colocan en el sector de la doble moral. Me consta, los he tenido muy cerca”.

–¿A quién se refiere?

–A muchos que tuve a mi lado en el PAN, que fueron gente honesta y que en el ejercicio de un cargo público se colocaron del lado de los corruptos.

“No puede hablar de honorabilidad Ricardo Anaya, cuyas complicidades con Miguen Ángel Yunes son públicas, conocidas, evidentes, comprobadas. No puede hablar de honorabilidad Santiago Creel, quien ha estado avalando todos los nombramientos que ha hecho el PAN de candidatos que son corruptos, uno que otro hasta criminal.

“No puede hablar de honorabilidad Marco Antonio Adame, quien dejó un desastre en el gobierno de Morelos y propició la alternancia, pero aprovechó la fuerza del gobierno para que su hijo sea diputado plurinominal, y que también ha estado en las negociaciones con el gobierno para limpiarle la cara a algunos corruptos servidores públicos del PAN. Que no me vengan con el cuento de que hay razones de Estado que dejan en segundo lugar la congruencia…”  

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