“México en la edad de hielo”

Había una vez –hace 10 mil años– que grandes bestias poblaron el territorio del altiplano de México. Huían del extremo frío de los polos, cubiertos de hielo. Pastaban, ramoneaban, o unas especies se comían a otras. Se sabe de su existencia gracias a los restos óseos que investigadores del INAH y del Museo de Geología de la UNAM encontraron.

Al limpiarlos y engarzar unos con otros, se formó el esqueleto. A partir de estos datos, complementados con el estudio de los residuos de materia orgánica en su dentadura, se pudo colegir alimentos que ingerían, forma física, movimientos, manera de cazar. También cómo evolucionaron.

Sobre el escenario, conservado casi igual a como estuvo en esa remota fecha, vemos aparecer a bisontes, mamuts, felinos dientes de sable, mastodontes y jamelgos gigantes. Corren por los pastizales, se persiguen, se atacan; están en la batalla por sobrevivir. Conocemos sus figuras gracias a la animación en 3D hecha por Fabrizio Feducci en la serie México en la edad de hielo, coproducida y puesta al aire por Canal Once.

Los animales se sobreimponen al campo, los lagos, las montañas mexicanas. Por momentos parecen vivos, como si quisieran salirse de la pantalla para embestir al televidente. El clima templado de la capital del país se fue conformando gracias a que el valle, pese a su altitud, está rodeado de montañas protectoras. Los fuertes vientos, el frío y la humedad encontraron una barrera. Ello permitió a su vez que se estabilizara la temperatura, dando lugar a un ecosistema en donde las especies animales subsistieron en una etapa en que la tierra estaba helada en casi todas sus regiones. Aquella etapa se conoce como pleistoceno y ocurrió durante 126 mil años.

La serie de seis capítulos de 24 minutos cada uno tiene formato de documental. El precio de cada uno de los episodios ascendió a 1 millón y medio de pesos debido a los altos costos de una sofisticada animación.

Entreveradas con las imágenes aparecen a cuadro los especialistas caracterizando a las bestias. Platican cómo se pudo descubrir su existencia. El Museo de Geología exhibe los esqueletos de dos especímenes, el mamut y el caballo.

Nos enteramos que este último es originario de América. Cuando la glaciación remitió, éste migró por el estrecho de Bering, llegó hasta África pasando por Asia, de donde se dirigió a Europa. Lo mismo sucedió con los camélidos. De acuerdo con el medio ambiente, sufrieron distintos cambios para producir camellos, llamas, vicuñas. Los caballos mutaron en cebras, percherones, ponis y la especie de caballos más pequeños que son ahora comunes. El proceso duró varios miles de años, a partir de que la glaciación dejó paso a un clima más benigno.

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