Hernán Lara Zavala, ensayista narrador

La prisión del amor y otros ensayos narrativos. Taurus, Santillana, 2014.

Los mejores ensayistas sobre la literatura son los propios narradores. Una larga tradición, que va de Nabokov a Coetzee, pasando nada menos que por Borges, así lo prueban.

Los críticos de oficio guardan una visión privilegiada desde afuera (the vantage point),  ya sea desde un punto de vista estético, académico o racional, o desde cierta forma de concebir la literatura. Mi razonamiento es que los narradores asumen los problemas y las dichas de otros escritores de ficción como si fueran propios. Las penas y logros ajenos son los del ensayista y narrador que se debate in mente entre lo que el narrador quiso decir y lo que el lector trata de descifrar, y lo encarnan y lo sufre.

El ensayista-lector interpreta y tergiversa una obra paralela. El narrador-ensayista, posee la ventaja de utilizar simultáneamente los recursos del narrador y los del ensayista. José Emilio Pacheco, Juan García Ponce, Salvador Elizondo, Hugo Hiriart, Juan Villoro, José María Pérez Gay y Federico Campbell pertenecen a este mismo grupo ciertamente venturoso y arriesgado. Dicen lo que piensan sin temor a equivocarse. Mario Vargas Llosa y Enrique Vila Matas han explorado casi desaforadamente estas formas de escritura. No es casual que el narrador-ensayista elija puntualmente a los narradores que le han sido inevitables y, de alguna manera misteriosa o visible, forman parte de su visión del mundo.

Hernán Lara Zavala explora en La prisión del amor a escritores que lo han obsesionado desde su juventud. Este es el tercer libro de ensayos narrativos de Lara Zavala. El primero se titula Las novelas en el Quijote, donde analiza El Quijote a la luz de las novelas intercaladas dentro de la gran novela de Cervantes. El segundo, Contra el ángel, es un disfrutable libro de ensayos personal. El tema central es el de la lucha para abrazar la literatura en general, y la narrativa en particular como forma de vida. El ensayo central, “Contra el ángel”, es el relato metafórico o alegórico del encuentro de todo artista con fuerzas que lo rebasan pero que no logran vencerlo. El artista, no obstante, queda dañado, física y mentalmente, en su lucha contra esas fuerzas que apenas vislumbra en la dudosa oscuridad. Este daño permanente e irreducible es algo que el artista acepta, así como Borges aceptó su ceguera que era la antítesis de la lectura. Este es un hueco existencial o vital que Jacques Lacan ha propuesto que existe en todos los seres humanos y con el que tenemos que vivir. Todos tenemos diferentes carencias o diferentes faltas existenciales o emocionales que permanecerán para siempre con nosotros. Como el Buda, que medita por tres días bajo la higuera sagrada para interpretar el sentido de la muerte y la enfermedad, tenemos que luchar para siempre contra ellas.

La prisión del amor es el libro de un hombre maduro que sigue creyendo en la literatura como única forma de vida y que se asombra todavía como un adolescente de los logros de los escritores que tanto admira. Es necesario aclarar que Hernán es un escritor que no sólo goza la lectura, sino que como otros grandes escritores es un pensador de la literatura. Al final de su vida, Emil Cioran, quien siempre habló mal de las ideas de los demás y de la mayoría de los libros, escribió su admirable Ejercicios de admiración, en los que reconoce la maestría de muchos otros, entre ellos Borges. No así Hernán Lara Zavala, quien admira a cada uno de los escritores sobre quien escribe y trata de descifrar la causa o el sentido de esa admiración.

Quince ensayos nos propone para su lectura Hernán Lara Zavala. El libro abre con un texto, muy meditado, al que ha titulado La prisión del amor, pero que en realidad habla sobre la idea delusoria de la persona que piensa que un hombre o mujer de alcurnia se ha enamorado de ella. El psiquiatra francés Gatian Gaetan de Clérambault describió este síndrome en los años veinte, llamado actualmente erotomanía de Clérambault, otro dedicado a las últimas palabras de Chéjov proferidas con amarga saliva antes de morir. Tiene también un ensayo sobre el tema de “El Doble” y utiliza la novela emblemática sobre este tema, The Strange Case of Dr. Jekyll and Mister Hyde, de Robert Louis Stevenson, quien por cierto soñó esta novela y muestra el componente inconsciente en la creación artística. Tiene también un ensayo muy relevante en la época actual que es la confrontación entre las dos culturas: las ciencias y las humanidades. Cada vez es más evidente que el hombre contemporáneo necesita ambas para sobrevivir. Hernán es un ejemplo de un hombre que ha frecuentado esas dos culturas aparentemente incompatibles. Tiene también un ensayo despiadado y al mismo tiempo admirativo sobre Francis Scott Fitzgerald al que tituló La estética del fracaso y que recuerda el título de Sigmund Freud: Los que fracasan en el éxito. Un artículo inopinadamente dedicado a Nietzsche. Sobresalen, por su número y por su originalidad, tres ensayos sobre James Joyce y los dos ensayos sobre Malcom Lowry, escritos con pasión, y han sido meditados durante largos años y son muy dignos de su lectura y probablemente queden como textos canónicos en español.

Las características generales de este libro son un conocimiento profundo de la literatura y de la cultura inglesa de toda una vida y el conocimiento profundo de los autores. Una confrontación permanente entre el pensamiento y la emoción del autor con el pensamiento y la emoción de los escritores. Una escritura admirativa y al mismo tiempo reflexiva y llena de cuestionamientos.  Una escritura llena de preguntas y una serie de experimentos mentales y morales.   

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