El edificio vergonzante de Los Pinos

Para conocer el costo del enorme edificio de cristal que el presidente Enrique Peña Nieto mandó construir en Los Pinos –hecho del que Proceso dio cuenta en su portada de la edición 1976–  fue necesaria más de una batalla. Tras las negativas oficiales a informar al respecto, este semanario descubrió que la Presidencia puso el terreno, pero la Sedena pagó la construcción y luego la cedió a la primera; así se pretendía  evitar la licitación de la obra y la obligación de rendir cuentas sobre los gastos.

El edificio de 5 mil 270 metros cuadrados de construcción en la residencia oficial de Los Pinos, que la Presidencia intentó esconder aun cuando Proceso, en su edición 1976, documentó los detalles de su sigilosa construcción , le costó al erario 78.37 millones de pesos. Este nuevo dato fue obtenido de la propia Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) a través de la Ley de Transparencia.

Para ocultar ese gasto y evitar la rendición de cuentas, la Presidencia no contrató directamente la obra. La construcción, equipo y mobiliario se pagaron con el presupuesto de la Sedena, que después firmó con la Presidencia un “acuerdo de colaboración” para usar de forma “gratuita” todo el inmueble y hacerse cargo de su administración hasta noviembre de 2018, un mes antes de que termine la administración de Enrique Peña Nieto.

Con sus vidrios polarizados, el edificio desentona con los otros en Los Pinos. Se alza en un terreno de mil 250 metros cuadrados y es equiparable en sus dimensiones a la residencia Miguel Alemán, que tiene 5 mil 700 metros cuadrados de construcción.

En el nuevo edificio despacha el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño Mayer, y es utilizado también por el cuerpo de Guardias Presidenciales, responsables de la seguridad de Enrique Peña Nieto.

Proceso cuenta con documentación probatoria de que la Secretaría Particular del Presidente, encabezada por Erwin Manuel Lino Zarate, violó la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública al negar la existencia del convenio entre la Presidencia y la Sedena que detalla la construcción y uso del nuevo inmueble, a pesar de tener la información.

La presidencia de Enrique Peña Nieto se ha caracterizado desde su inicio por el dispendio y la opacidad, ya sea respecto a su riqueza personal o en cuanto se refiere a la Casa Blanca de su esposa, Angélica Rivera, proporcionada por un importante proveedor de los gobiernos de Peña Nieto. Lo mismo, cuando se trata de las remodelaciones y construcciones en Los Pinos, como las detalladas en el reportaje referido: La opaca remodelación de Los Pinos.

No obstante, a diferencia de las finanzas personales del mandatario, la ley de transparencia no permite al gobierno federal el uso discrecional de recursos públicos y ni del patrimonio nacional.

En noviembre de 2012 esta reportera inicio una investigación en torno a los gastos en remodelaciones y construcciones realizadas en Los Pinos con la llegada de Peña Nieto, su familia y su equipo de trabajo. La información, publicada en Proceso 1976, evidenció la falta de rendición de cuentas sobre el gasto público ejercido por la Presidencia.

En junio de 2014 se solicitó a ésta copia del contrato o convenio en el que se establecieran las condiciones y costos de la construcción del nuevo edificio que ocupa Nuño Mayer. El 11 de agosto de 2014 la Unidad de Transparencia, que depende de la Secretaría Particular del presidente,  afirmó que esta secretaría, la Dirección General de Recursos Materiales, la Dirección General de Finanzas y el Estado Mayor Presidencial no encontraron “evidencia documental de la información solicitada”.

La mole de cemento y vidrios polarizados se ve desde la calle y está en los terrenos de la residencia oficial de Los Pinos, cuya administración controla totalmente la Presidencia.

Ante la negativa, se presentó una nueva solicitud. En ésta se pidieron copias de los recibos de agua, electricidad y gas desde el día que el edificio entró en funcionamiento hasta la fecha de la solicitud: 8 de septiembre de 2014.

Tras la publicación del reportaje en la edición citada, correspondiente al 14 de septiembre de aquel año, el 7 de octubre siguiente la Dirección General de Recursos Materiales reconoció la existencia de un convenio con la Sedena pero no transparentó el costo del inmueble. Argumentó que fue construido con presupuesto de la Defensa Nacional.

Los trabajos no fueron sometidos a un proceso de licitación pública, invocando causas de “seguridad nacional”, sino por administración directa de la Sedena.

Esquema de simulación

Carlos Alberto Ramírez Velasco, coordinador general de Administración de la Oficina de la Presidencia, firmó un “convenio de colaboración” con la Sedena en diciembre de 2013, y el edificio se inauguró en enero de 2014. Meses antes la Presidencia le asignó a esa secretaría los mil 250 metros cuadrados para el inmueble, pero el documento correspondiente también ha sido ocultado por Los Pinos.

Según el convenio, la Sedena pidió ese espacio para edificar un inmueble destinado a las oficinas de los Guardias Presidenciales, pero en el mismo documento la dependencia entregó la totalidad del edificio a la Presidencia “con fines estratégicos de seguridad y de carácter administrativo”.

Sin embargo, la Presidencia se obliga a utilizar el inmueble únicamente para oficinas administrativas, quedando prohibido utilizarlo para cualquier otro fin. La dependencia también es responsable del mantenimiento del edificio  y pagará el costo de los servicios que sean requeridos para su funcionamiento. Asimismo será la responsable si el edificio se destruye.

Este esquema administrativo le permitió a la Presidencia el uso discrecional de recursos públicos, ya que los trianguló a través de la Sedena, generando opacidad en torno de la obra.

Un experto en materia de la Ley de Transparencia en México consultado sobre este esquema señala que cada vez es más frecuente que la Sedena realice obra pública federal de manera que no haya procesos de licitación, lo que genera una gran opacidad y posible corrupción.

“Es absurdo que los ciudadanos pagamos impuestos para que la Sedena brinde seguridad y ahora se dediquen a obra pública”, sintetiza, y añade que también “es un ejemplo claro de opacidad” la forma en que la secretaría respondió a las solicitudes de información.

En 2013, cuando el edificio fue construido, la Presidencia de la República ejerció 55.5% más del presupuesto aprobado por el Congreso, su sobregiro más amplio de los últimos 14 años: se le autorizó gastar 2 mil 104 millones de pesos y erogó 3 mil 273 millones.

A la Sedena se le aprobó un presupuesto de 60 mil 810 millones de pesos y gastó 63 mil 46 millones, es decir el 3.6% más.Esta secretaría afirma que el dinero para la construcción, equipamiento y mobiliario del nuevo inmueble salió de los capítulos de gasto 1000 (servicios personales), 2000 (materiales y suministros) y 3000 (servicios generales).

Al revisar el presupuesto para 2013 publicado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, se comprobó que en el desglose de programas y proyectos de inversión no estaba contemplada la construcción del edificio en Los Pinos, sino sólo la construcción de “puestos de control estratégicos” y “modernización de la base aérea militar No.1”.

Dispendio, el sello de Peña Nieto

La Auditoría Superior de la Federación analizó la construcción del edificio sólo para verificar la calidad de los trabajos y que los recursos públicos se hayan usado adecuadamente en la compra de materiales. En dicha auditoría se menciona que en el inmueble hay oficinas de las diferentes secciones del Cuerpo de Guardias Presidenciales, pero en realidad fue entregado gratuitamente por la Sedena a la Oficina de la Presidencia para esas y otras oficinas.

Antes de publicar este reportaje se solicitó al despacho de Nuño Mayer y a la Dirección de Comunicación Social de Los Pinos indicar cuántos metros cuadrados del edificio usan los Guardias Presidenciales y cuántos las oficinas de Los Pinos. También se preguntó para qué necesita esas oficinas la Presidencia. No hubo respuesta.

De acuerdo con la ASF, el edificio se tuvo que construir “derivado de la reorganización de las instalaciones de la Presidencia de la República y del uso de los inmuebles ubicados en el interior de la residencia oficial de Los Pinos”.

Durante los sexenios de Vicente Fox y de Felipe Calderón, el jefe de la Oficina de la Presidencia despachaba en la residencia Miguel Alemán, pues Fox dispuso que se transformara de casa habitación a oficinas, con un gasto de 30.08 millones, más 14.6 millones en “obras exteriores” y 8.6 millones destinados a la remodelación de la casa anexa, donde despachó Marta Sahagún.

Cuando Peña Nieto asumió la presidencia, él y su equipo decidieron reconvertir la residencia Miguel Alemán en casa habitación, además de seguir usando como vivienda las dos cabañas que usaron Fox y Felipe Calderón.

Para dar una idea del gasto que implicó el nuevo inmueble, tan sólo en julio de 2014 la Presidencia pagó por energía eléctrica 1.61 millones de pesos,  por concepto de agua 559 mil y por gas 114 mil pesos, según las facturas obtenidas a través de la Ley de Transparencia.

El costo del edificio, 78.3 millones de pesos, equivale a más del 300% del presupuesto asignado a la Unidad de Programas de Atención a la Pobreza Urbana de la Secretaría de Desarrollo Social en 2013, que fue de 20.7 millones de pesos (al principio se le aprobaron  65.5 millones de pesos pero se le aplicó un recorte de 44.7 millones).

El monto del edificio también es el doble del presupuesto asignado a la Unidad Especializada en Investigación de Delitos contra la Salud de la Procuraduría General de la República (39 millones de pesos) tras el recorte de más de 10 millones de pesos. Y cuatro veces más que lo asignado a la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, encargada de atender los asuntos relacionados con desapariciones forzadas, protección a periodistas y defensores de derechos humanos, así como los abusos de autoridad. A esa oficina se le otorgaron 19 millones de pesos en 2013.   

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