Manuel Camacho, el negociador

MÉXICO, D.F. (apro).- “A principios de septiembre de 1992, a casi 15 meses del ‘destape’, con motivo de una entrevista que Manuel Camacho Solís concedió a ‘The New York Times’, elaboré y discutí con él la siguiente nota: “No estamos en el momento de las grandes ideas –comencé— sino en el de los grandes cuidados. Nuestros adversarios nos envuelven y nos distraen y, lo que es peor: cada vez más nos aíslan.

“Debes tener cuidado: que no te cultiven la vanidad, la autocomplacencia. Que Camacho no sea víctima de su propia corte. No debemos presionarnos tanto por la campaña de desprestigio que nuestros enemigos siguen armando en Estados Unidos; debemos hacer algo, sí, para tratar de apaciguar a los espíritus hostiles que tenemos en el aparato.

“No se puede aspirar a la presidencia –insistí— si se carece de voluntad para comenzar a gobernar los humores o los temores de quienes están también en el juego político o quisieran estarlo”.

Enrique Márquez, el ideólogo de cabecera de Manuel Camacho Solís, escribió lo anterior en el libro ‘Por qué perdió Camacho’, editado por Océano en 1995, un año después del fallido intento del exjefe del Departamento del Distrito Federal y excanciller por ganar la candidatura del PRI a la Presidencia y que marcó un antes y un después en su carrera política.

* * * * *

En el libro, Márquez narra con lujo de detalles el momento en que Camacho Solís se enteró de que no iba a ser el candidato a la Presidencia por boca del propio presidente Carlos Salinas de Gortari.

Cuenta:

“El sábado 20 de noviembre de 1993 estaba cómodamente en casa viendo con mis hijos un programa de televisión. Pero cierta intranquilidad me rozaba a tal punto que ni las tribulaciones infantiles del Kevin de ‘Los años felices’ lograban distraer mi creciente inquietud. El ‘destape’ priista estaba a la puerta y yo, como supongo que muchos otros, pretendía mantener los nervios a raya a partir de una normalidad un poco forzada y quebradiza.

“Trataba de evitar a toda costa que las sombras de tan arcaico y esperado evento invadieran el sosiego familiar. De pronto, casi a las diez de la noche, sonó el teléfono. Era Manuel Camacho.

“Me daba las gracias por unas notas que le había enviado. Después de comentarme dos o tres asuntos secundarios, inesperadamente, me dijo:

–Ojalá que nos podamos ver pronto.

“Me pareció bastante extraño. Camacho se oía raro, un poco apagado; bastante lejano: su voz tenía un inquietante tono melancólico que nunca le había percibido.

“Después de una jornada como la del 20 de noviembre, cuyo ritual se iniciaba con el izamiento de la bandera en el Zócalo, se prolongaba en el acto del monumento a la Revolución, para rematar en el desfile deportivo…”.

“Antes de colgar, Camacho me pidió que fuera a su casa de Cuajimalpa al día siguiente en la mañana. Llegué puntual a las diez treinta, abrumado por el gran presentimiento. La decisión de Salinas se sentía venir (…). Cuando entré al austero, pequeño y cálido estudio de Manuel lo descubrí serio y taciturno, con los brazos cruzados, sentado a su mesa de trabajo.

“Entré y me saludó afectuosamente como siempre:

–¿Cómo estás? Siéntate. ¡Cómo están tus hijos?.

“Tardó en comenzar. Nervioso, decidí callar y esquivar; miré a la ventana, los libros, las fotografías. Me refugié en los árboles, en las casuarinas del jardín, en los chorros de luz que calentaban y diluían la mañana.

“Ya sabía para entonces que ya habíamos perdido: que Manuel Camacho no iba a ser el candidato del PRI. Así me lo había anunciado su gruesa mirada sin brillo y el tosco silencio que me agobiaron desde mi llegada.

“Después de dar un sorbo a su taza de café, por fin, Manuel abrió el fuego. Me dijo:

–Quiero contarte lo que pasó ayer:

“Estábamos el presidente y yo en el balcón central de Palacio, observando el desfile. Desde el principio lo noté un poco elusivo y parco conmigo, como que se sentía molesto, no quería hablar más que de trivialidades. Quería evitarme. Algo pasaba. Decidí no darme por enterado y hacerle algunos comentarios sobre los problemas de la ciudad y sobre el curso de la política nacional. Le hice, como siempre, algunas sugerencias políticas pensando en su futuro.

“Salinas, seco y cortante, sólo me respondió:

–Manuel, eso ya le tocará decidirlo al candidato.

“No necesitaba que me dijera más”.

La renuncia

La decisión de Salinas de designar a Luis Donaldo Colosio como candidato del PRI a la Presidencia empujó a Manuel Camacho a dejar el DDF y refugiarse en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), cargo al que renunciaría poco tiempo después para irse como negociador en Chiapas, tras el levantamiento zapatista.

El papel activo que tuvo Camacho en la negociación con el EZLN volvió a encumbrarlo al punto de opacar la campaña de Colosio. Inmediatamente se empezó a especular de un posible relevo en la candidatura presidencial del PRI, pero los rumores fueron apagados por el propio Camacho en una reunión privada con Colosio.

Ambos personajes se reunieron a cenar, en casa de un amigo común, el miércoles 16 de marzo de 1994. Ahí, solos, sin testigos, decidieron poner fin a sus diferencias.

El comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas confió a Colosio su propósito de anunciar que no buscaría ya la Presidencia de la República.

Colosio recibió así la primera señal de esa nueva disposición de quien había opacado su campaña electoral y estaba más metido en actividades políticas que en sus tareas como comisionado. Camacho le cumplió.

El martes 22, en conferencia de prensa convocada a última hora, Camacho acabó con las conjeturas sobre su inmediato futuro político:

“Entre buscar una candidatura a la Presidencia de la República y la contribución que pueda hacer al proceso de paz en Chiapas, escojo la paz.”

Pero volvió a sus advertencias: “Seguiré impulsando la construcción de posiciones de un centro democrático; de una convergencia democrática que trabaje por la paz, la justicia, las libertades públicas y la justicia; que facilite reformas democráticas; que reduzca polarizaciones; que prepare mejores respuestas a las necesidades populares sin perder la responsabilidad de la conducción de la economía, y que reafirme los valores de nuestra identidad nacional”.

Y en respuesta implícita a la observación de Colosio (Proceso 907) en el sentido de que debió ajustarse a las reglas del sistema, Camacho enfatizó que seguiría actuando de acuerdo con las reglas de la convicción, de la verdadera política y del compromiso público. “No lo haré con las reglas de la sumisión ni las del silencio”.

Finalmente, dijo que al día siguiente, en San Cristóbal de las Casas, haría otro anuncio importante.

El atentado contra Colosio, del cual se enteró cuando se encontraba en las oficinas de la diócesis de San Cristóbal, impidió conocer ese anuncio. En cuanto supo lo sucedido en Tijuana, se reunió con los periodistas y les dijo que posponía la información.

Serio, pálido, agregó: “Con todo el país, me uno a la indignación por el atentado contra la vida del licenciado Colosio. Lo ocurrido es un atentado en contra de la paz y de la democracia en el país. El valor principal es la vida y la dignidad de las personas. Lo ocurrido es una gran ofensa a su familia, es una gran ofensa a la familia de todos nosotros. Es una gran ofensa a la nación”.

Regresó a las oficinas de la diócesis, para reunirse con el vicario Gonzalo Ituarte, en ausencia del obispo Samuel Ruiz. Allí, momentos después, recibió una llamada a través de la cual le comunicaron que Colosio había muerto.

Casi al mismo tiempo, llegó el general Othón Calderón, acompañado por policías militares y agentes judiciales federales, quienes escoltaron a Camacho Solís hasta el hotel Ropa Vieja. Alrededor del hotel se montó un dispositivo de seguridad.

Al día siguiente, muy temprano, Camacho, en un vehículo blindado, escoltado por trece automóviles, se trasladó a las instalaciones militares de Rancho Nuevo; de ahí fue llevado en helicóptero al aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez. Un avión lo trajo a la capital del país.

* * * * *

El miércoles 16, Colosio y Camacho se encontraron por primera vez desde el destape de Luis Donaldo, ocurrido el 28 de noviembre. Un día después, el entonces regente de la Ciudad de México renunció molesto porque la decisión del presidente Salinas de Gortari no lo favoreció.

–¡Hola Manuel!

–¡Hola Donaldo!

La mano derecha del candidato del PRI a la Presidencia de la República se encontró con la del comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas.

El encuentro, pospuesto en varias ocasiones, fue en Gelatti 99, colonia San Miguel Chapultepec, casa del delegado político en Azcapotzalco y amigo personal de ambos, Luis Martínez Fernández del Campo.

Vestido informalmente, pues regresaba de una gira por el Estado de México, Colosio llegó a las 21:00 horas. Iba solo, en su camioneta Blazer.

Menos de cinco minutos después llegó Camacho Solís. También vestía de manera informal, pues horas antes había estado en Chiapas.

Un tibio apretón de manos marcó el reencuentro entre los dos hombres que en los últimos 105 días habían ventilado públicamente sus diferencias.

Compañero de Colosio en el Senado y colaborador de Camacho en el DDF, el anfitrión los invitó a pasar a la sala comedor. Sonrientes, Colosio y Camacho ocuparon dos sillones. Martínez Fernández del Campo les ofreció jugo de frutas y bocadillos. Ninguno de los dos aceptó.

Pocos minutos después, Martínez del Campo ordenó que sirvieran la cena y los dejó solos. Comieron pescado estilo costeño, con ensalada, y bebieron jugo de naranja.

Luego, volvieron a la sala y ocuparon los mismos sillones. Ahí hablaron, durante dos horas, de política y del conflicto en Chiapas.

Alrededor de las 11:10 de la noche terminó el diálogo. Flanqueado por el anfitrión y Camacho, Colosio se encaminó hacia la salida. En el trayecto, hizo algunas reflexiones sobre Juárez y el estado de Oaxaca. Ya en la puerta, Colosio y Camacho se dieron un abrazo.

“Nos volveremos a ver muy pronto”, dijo con voz pausada Colosio.

Y Camacho Solís respondió: “Sí, nos veremos pronto”.

Camacho permaneció unos minutos más en casa de su exmaestro en la Universidad. Platicó con Martínez Fernández del Campo y a eso de las 11:30 se retiró. Salió tranquilo, serio, igual que como llegó.

* * * * *

“¡Colosio sí, Camacho no!, ¡Colosio sí, Camacho no!”, gritó un grupo de priistas cuando advirtió la presencia de Manuel Camacho Solís en la funeraria Gayosso, el jueves 24. El comisionado para la Paz y la Reconciliación acababa de llegar de Chiapas.

Los aplausos, porras y gritos de aliento que había escuchado hasta antes de ese día, se convirtieron en marcadas expresiones de repudio después del asesinato del candidato del PRI a la Presidencia de la República: “¡Que se vaya!, ¡Eres un Judas!, ¡Fuera!, ¡No tienes nada que hacer aquí!”.

Sin inmutarse, Camacho Solís siguió su camino. No más de 20 minutos permaneció cerca de la familia Colosio.

Escoltado por su jefe de seguridad, el exjefe del DDF salió a la calle. Y apenas cruzó la puerta, se reanudó el coro de reproches de un contingente de jóvenes priistas. Hubo, incluso, quien lanzó objetos a su paso, ninguno de los cuales lo alcanzó.

Camacho Solís apresuró el paso, seguido de una docena de reporteros que trataban de arrancarle algunas palabras.

Por fin, luego de colocarse bajo la sombra de un árbol, accedió a hablar: en tono duro reiteró que no aspiraba a la Presidencia de la República.

El retiro temporal

Concluida abruptamente su misión en Chiapas, el 16 de junio, y retirado de toda actividad pública por voluntad propia, Manuel Camacho Solís retomó una idea que tenía fija desde hacía varios meses, a partir de no haber sido el candidato del PRI a la Presidencia: Escribir un libro.

Con base en sus últimas experiencias –la lucha por la sucesión, el destape de Luis Donaldo Colosio, su breve paso por la Secretaría de Relaciones Exteriores, su sorpresiva designación como Comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas– y su preocupación por el inmediato futuro político del país, comenzó a trabajar auxiliado por dos de sus colaboradores más cercanos: Marcelo Ebrard Casaubón y Alejandra Moreno Toscano.

No menos de 16 horas diarias dedicó a la redacción del libro que saldría a la venta en los primeros días de noviembre y que, según Ebrard Casaubón, nada tiene que ver con las “supuestas memorias publicadas en El Economista”, ni la versión parcial que dio a conocer, antes, Edmundo Domínguez Aragonés, en “El Búho”, suplemento cultural de Excélsior.

“Son versiones apócrifas, con una clara intención de afectar políticamente a Manuel”, aseguró, en entrevista, Ebrard.

El 24 de agosto –tres días después de las elecciones–, el columnista de El Economista, Alejo Garmendia, escribió lo siguiente:

“Ahora resulta que Manuel Camacho va a publicar sus memorias para dar a conocer lo que piensa sobre las elecciones del pasado domingo y de la situación política de México en general… Chisme sabroso (y de todos) es lo que esperamos de la publicación del exregente y excanciller. Ojalá no vaya a tratar de hacerle al teórico o al mesiánico, ya que cuando Camacho se mete en ese rollo es más aburrido que un discurso de cinco horas del cubano Fidel Castro… Si Camacho se lanza a escribir autocríticamente y le suena parejo y plural a todos los males… nosotros nos comprometemos a publicitar sus memorias, en buenísima onda… No le vaya usted a fallar a la afición, señor excomisionado, como ya lo hizo en Chiapas…”. Poco más tarde, escribió que Camacho estaba en vías de formar un nuevo partido político, el Partido Liberal Mexicano, con el cual pretendería poner obstáculos a Ernesto Zedillo.
Dos meses después, en ese mismo diario comenzaron a publicarse las presuntas memorias de Manuel Camacho, quien volvió a ser motivo de controversias.

Según Ebrard, en lo publicado por ‘El Economista’ “hay una mezcla de materiales diversos, que no coincide con lo que el licenciado Camacho va a publicar.

“¿Cómo se integró esta versión? Es muy difícil saberlo en este momento. El Economista dice que se hizo una investigación. Habría, pues, que ver si esa investigación se hizo apegada a ciertas normas de derecho. O, bien, si es producto de espionaje telefónico o se grabaron los dictados que hizo el licenciado Camacho.

“Manuel siempre tomaba notas. Es una costumbre de él hacer notas sobre diversos aspectos del momento. Entonces, no sé si hayan tomado parte de esas notas.

“Lo que sí me queda claro indubitablemente es que no coincide con la versión que yo conozco del texto que va a publicar Manuel. Nada de lo que aparece en esa versión aparece en el libro.”

Y adelantaba que, una vez que Camacho regrese de su viaje por Líbano, el Medio Oriente y África, examinarán la posibilidad de llevar el caso a los tribunales.

Luis Enrique Mercado, entonces director de ‘El Economista’, y bajo cuya firma aparecieron los resúmenes de las memorias que, confiesa, obtuvo de un excolaborador de Camacho Solís, cuyo nombre se reserva, argumenta:

“Si éstas no son las memorias de Camacho, el que las hizo es un genio. De veras, es un genio al que deberían darle el Premio Nobel.

“Ciertamente, esta versión no es la más reciente. Tiene fecha de julio y, probablemente, le haya hecho algunos cambios. Pero lo que nadie puede negar, ni siquiera los camachistas, es que esta versión, de 306 páginas, tiene la filosofía de Manuel Camacho. Es el pensamiento de Camacho. No hay nada ajeno a él.”

Un día después de las elecciones federales, el 22 de agosto, Manuel Camacho tuvo un encuentro casual en la calle con dos reporteros del diario Reforma a quienes confió que próximamente publicaría un libro de memorias, en el que fijaría su posición política, abordaría pasajes de su vida como funcionario público y hablaría del futuro del país.

Sin entrar en más detalles sobre el contenido del libro, comentó que ya había entregado el texto original a la casa editora y que, si todo marchaba bien, en unos 40 días a lo mucho la obra estaría en circulación.

“Ahí diré mi verdad sobre lo que he vivido y sobre lo que yo creo que es conveniente para nuestro país”, adelantó, según lo publicado en ese diario.

La idea de escribir el libro la tuvo Camacho en los días posteriores al destape de Colosio; las nuevas comisiones que aceptó en el servicio público, la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Comisión de Paz en Chiapas no lo dejaron madurar bien el proyecto.

Todo quedó en el aire.

El 16 de junio, después de que su actuación como comisionado fue severamente criticada por Ernesto Zedillo, ya candidato del PRI a la Presidencia, Camacho anunció su decisión de no participar más en política hasta después del 1 de diciembre. “Me dedicaré estrictamente a mi vida familiar”, dijo.

En su aislamiento voluntario, Camacho Solís echó a andar su viejo proyecto. Con la asesoría de Moreno Toscano y Ebrard Casaubón, analizó la conveniencia de hacer un libro anecdótico, como el del expresidente López Portillo, o de ir más lejos: Presentar un libro con un diagnóstico de la vida política nacional y hacer algunas propuestas encaminadas a sortear los momentos difíciles por los que atraviesa el país.

Cuenta Ebrard:

“Se discutieron ambas posibilidades y se llegó a la conclusión de que la mejor opción era la segunda. ¿Por qué? El primer enfoque no hubiera pasado de ser algo fugaz, algo anecdótico que no aporta nada. En cambio, la segunda opción era más congruente con nuestra manera de actuar y de pensar. El político tiene la obligación de aportar, y eso es lo que hacemos, guste o no.”

El jueves 25 de agosto, Camacho apareció en la Secretaría de Gobernación, pero ya no habló más sobre el particular.

Después de comer con Jorge Carpizo y Diego Valadez, fue abordado por la prensa que, expectante, esperaba su salida para conocer su opinión sobre el reciente proceso electoral y sus memorias.

–¿Cómo se siente? ¿A qué vino? ¿Qué anda haciendo por acá? ¿Qué opina de…?

Siempre dispuesto a hablar, Camacho esta vez reprimió sus palabras, en apego al compromiso contraído de no hacer ningún comentario sobre política:

–Me siento bien, pero no les voy a declarar nada –y soltó una carcajada.

Finalmente explicó el motivo de su visita:

–Asistí a una comida de amigos donde el platillo fuerte fueron… ¡las ensaladas!

Y se despidió con un “me siento muy bien”.

Sobre el polémico libro, ya no volvió a mencionar nada hasta el 29 de septiembre, después de asistir a los funerales de José Francisco Ruiz Massieu. A la salida de la agencia funeraria de Gayosso Félix Cuevas –el mismo lugar donde meses atrás había sido insultado por priístas que lo culpaban de la muerte de Colosio–, Camacho, consternado y todo, volvió a hablar:

“José Francisco y yo nos la jugamos juntos. He venido como particular. Cuando regrese a los asuntos públicos haré comentarios de carácter general.”

Consultado sobre la necesidad de hacer justicia en este caso, ofreció un esbozo de lo que vendría una vez que se reintegrara a la vida pública:

“Sobre estos asuntos hablaremos en su momento. El país lo va a necesitar.”

En ese entonces, Manuel Camacho había terminado de escribir el libro. La versión final estaba ya en poder de los editores.

Y, de pronto, comenzaron a circular supuestas versiones del mismo. El primero en ofrecer una versión fue Edmundo Domínguez Aragonés.

Con la advertencia de que se trataba de “fragmentos” de las memorias de Manuel Camacho Solís obtenidos de manos de un colaborador infiel y de que algunos párrafos están tachados y ostentan las indicaciones “¿repensarlos?” y “¿suprimirlos?”, Domínguez Aragonés, en la edición del 2 de octubre de Excélsior, dio a conocer estas supuestas reflexiones de Camacho:

“Yo me había preparado para el alto mayor designio al que un mexicano puede aspirar. Tenía la certidumbre: Soy yo. No iba yo a contener el inmenso bostezo que el ser designado le produjo a López Portillo. Controlaría mi descontrol sonriendo.

“Ni FGB (Fernando Gutiérrez Barrios) ni PGG (Patrocinio González Garrido) ni luego, JCMcG (Jorge Carpizo McGregor) me estimaban. Mi idea de las tareas de la SG (Secretaría de Gobernación) era distinta y jamás hubiera ocurrido Chiapas.”

De la sucesión enunció que ninguno de los candidatos mencionados entonces advirtió “el peligro que representaba” para todos JMC (José María Córdoba), de quien refirió que era “sobrado de una instrucción que le impusiera barreras y hacía cumplir lo que S (Salinas) le ordenara. Subalterno por naturaleza, trataba a sus inferiores como si lo estuviera haciendo con vacas y bueyes; era realmente un patán”.

Alejandra Moreno mostró su inconformidad por el contenido del artículo publicado en “El Búho”. En una carta publicada en Foro de Excélsior, expresó:

“Un escritor puede tomarse libertades, pero si en el escrito que publica dice: Fragmentos de las memorias de Manuel Camacho, debería mostrar sus fuentes; si no lo hace su intención es suplantar. He visto los borradores del documento que, en su momento, dará a conocer al público el Lic. Manuel Camacho. Nada de lo que inventa (Domínguez Aragonés) corresponde a ese texto.”

El 9 de octubre, Manuel Aguilera Gómez declaró a Reforma que Manuel Camacho había decidido no publicar sus memorias: “Desconozco el porqué de su decisión. Eso pregúnteselo a él. Camacho y yo seguimos siendo grandes amigos. En ocasiones nos reunimos en algunos restaurantes a tomar café y a platicar”.

Sorpresivamente, la revista Siempre!, en su edición del 19 de octubre, atacó duramente a Camacho en su editorial:

“Contrariamente a lo que se piensa, el exregente de la Ciudad de México, Manuel Camacho, no se va a quedar quieto. La suspensión de sus `memorias’ no se debe a que pretenda evitarle más problemas y escándalos a la turbulenta administración del presidente Salinas sino a que el candidato frustrado a la Presidencia de la República prepara la consumación de un proyecto político de carácter partidista que, con toda seguridad, nacerá como oposición en el próximo sexenio.”

Y calificó la conducta asumida por Camacho como “chantajista”, “amenazante” y “crítica”, con lo que creó una atmósfera propicia para que ocurriera el asesinato de Luis Donaldo Colosio, y concluye:

“Camacho puede estar destinado a ser el próximo Cuauhtémoc Cárdenas del siguiente sexenio. Será el que critique y socave al partido oficial, el que se enfrente públicamente a Ernesto Zedillo, el que cuestione día tras día las decisiones gubernamentales. El que hable de democracia y corrupción. Nada nuevo, excepto que su conducta es permitida y solapada por el gobierno.”

Camacho en la oposición

Después de su autoexilio, Camacho Solís retomó sus actividades políticas y dio vida al Partido del Centro Democrático (PCD), con la ayuda de sus colaboradores de siempre, Ebrard, Alejandra Moreno Toscano y Enrique Márquez.

De hecho, el exregente capitalino se postuló como candidato a la presidencia, pero terminó declinando en favor de Andrés Manuel López Obrador.

López Obrador y Manuel Camacho fueron adversarios políticos, pero en ese momento compartieron y defendieron el mismo proyecto.

A pesar del sello salinista que no pocos perredistas le reprocharon, el exregente capitalino se convirtió en una pieza estratégica del equipo del tabasqueño gracias a sus amplios conocimientos sobre el funcionamiento del Estado mexicano y a las relaciones políticas que mantenía tanto dentro como fuera del país.

Camacho también le abrió a AMLO puertas a las que, de otro modo, habría tenido un difícil acceso: con los sectores empresarial e intelectual.

El primer contacto entre ambos surgió en agosto de 1993, cuando López Obrador llegó a la Ciudad de México al frente de un grupo de campesinos y pescadores tabasqueños, para plantarse en el Zócalo.

Debido a la cercanía del quinto informe presidencial de Carlos Salinas y del desfile del 16 de septiembre, Camacho, entonces jefe del Departamento del Distrito Federal, tuvo que mediar. Invitó a López Obrador a que dialogaran en sus oficinas alternas, ubicadas por el rumbo de Observatorio.

En entrevista realizada en abril de 2005, el propio Camacho recordó que a él le tocó encabezar la última negociación: “Ese día cité a todos los funcionarios federales involucrados, incluido el gobernador de Tabasco, Manuel Gurría, y pude desactivar el conflicto. Y confirmé que (López Obrador) era un dirigente honesto, valiente y con liderazgo natural”.

Desmintió, asimismo, versiones que circularon desde entonces sobre la supuesta entrega de dinero al movimiento encabezado por el tabasqueño. “No le di absolutamente nada, no hubo ninguna ayuda. Sólo se les retribuyó lo que les correspondía conforme a la ley y la decisión no la tomé yo, la tomaron el director de Pemex, Francisco Rojas, y el secretario del Trabajo, Arsenio Farell”.

Camacho Solís no volvió a encontrarse con López Obrador hasta la campaña presidencial de 1994. Para entonces Camacho había desertado del PRI y había creado su propia fuerza política, el Partido del Centro Democrático (PCD).

“Fue cuando Santiago Creel, Andrés Manuel y yo comenzamos a trabajar, en mi casa, en la construcción de una alianza opositora. Desde entonces, López Obrador mantenía principios firmes. Cuando todo mundo tardaba semanas en resolver, él decidía de inmediato y nunca cambiaba de opinión. Esa actitud me hizo respetarlo”, refirió.

En el año 2000, Camacho y López Obrador fueron juntos. “Marcelo Ebrard me comentó la conveniencia de declinar a favor de López Obrador y yo estuve de acuerdo en sumarnos abiertamente”.

Desde esa fecha, comenzó a tratar de manera frecuente al ganador de la elección para la Jefatura de Gobierno: “Mantuve una relación personal con él; lo veía cada dos meses, desayunaba con él y hablábamos de asuntos políticos, siempre en forma constructiva, pensando en las cosas que había que hacer para resolver los grandes problemas del país”.

Gracias a esa relación, reconoció, logró que el PRD aceptara su candidatura a la diputación federal en 2003.

Camacho contó luego cómo surgió la idea de crear las redes ciudadanas: “Él me lo propuso. Surgió de una conversación que tuvimos. Incluso teníamos planeado empezar su construcción antes de los videoescándalos. Vimos que había necesidad de abrir nuevos espacios de participación ciudadana con sectores sociales no partidistas”.

Afirmó que este grupo podía marcar la diferencia en las elecciones presidenciales de 2006, porque mucha gente que en 2000 se inclinó por el voto útil mostraba cierta simpatía por López Obrador. “En tres meses logramos levantar un movimiento nacional sin precedentes”, refirió.

En los comicios del 2012, el PRD postuló a Camacho como senador, cargo que ostentaba hasta la fecha.

El pasado 29 de enero, el PRD rindió un homenaje al maestro en el arte de la negociación en reconocimiento a su larga trayectoria política de más de tres décadas.

Acompañado por su familia, Camacho, quien ya se encontraba delicado de salud, recibió elogios de todo tipo.

La vicecoordinadora de los senadores, Dolores Padierna Luna, aseveró que Camacho Solís “ha sido un personaje clave relevante en la vida política de México, ejemplo de honestidad e inteligencia”.

Sostuvo que ha sido un firme impulsor de la transición democrática en México, ejemplo de paciencia, de buen oficio político en la construcción de acuerdos y consensos, “un estratega conciliador que renunció, pudo romper con un sistema y sus privilegios para bregar por la senda de la difícil oposición democrática y progresista de nuestro país”.

Miguel Barbosa Huerta externó el cariño de familiares, amigos “y tus compañeros, quienes estamos seguros que pronto te reintegrarás plenamente a tus actividades”.

Estos meses, añadió, hemos extrañado al estratega, al poseedor de una visión amplia y generosa de la política, al hombre comprometido con nuestro país y con las mejores causas de la sociedad, al compañero, al hombre de sólidos valores y compromisos “esta ausencia ha terminado. Manuel, este es un reconocimiento que te queremos hacer como compañero y como amigos”.

Asimismo, el dirigente nacional, Carlos Navarrete reconoció la vocación de Manuel Camacho para los acuerdos y los encuentros, así como el esfuerzo que hizo en el 2000 para acercar a Cárdenas y a Fox en una candidatura común que no se dio y en el 2006 para unificar a la izquierda en el Frente Amplio, en esa coalición que se construyó en ese año. Y después en 2012.

En el evento, se proyectó un video con la trayectoria de Camacho Solís dentro de la política nacional, así como su influencia en decisiones tan importantes como las labores de ayuda a la población afectada luego de los sismos de 1985 que azotaron a la ciudad de México, su labor al frente de la Comisión para la Concordia y Pacificación en Chiapas (Cocopa), cuando surgió el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y diversos cargos más, incluso fragmentos de entrevistas con diversas personalidades, entre ellos, Marcelo Ebrard Casaubon, el jefe del gobierno del Distrito Federal, quien se retiró de la plenaria antes de que esta terminara.

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